13 de noviembre: crónica de una descolonización

Antes de comenzar a escribir este artículo ya había enfilado las baterías hacia la reedición de aquello que se llamaba la Guerra Fría, y que ahora vemos reflotar en los medios y discursos políticos; una guerra que nos generó muchas guerras y muchas muertes y que, sin embargo, se apellidaba “Fría”, dizque porque era diplomática y propagandística. Pero a pesar de que Sartre y su pieza Nekrassov ya estaban al bate para este fin, se atravesaron La Casona Cultural Aquiles Nazoa y el día viernes 13, que nada tiene que ver con alguna película o superstición gringa, sino que en ese lugar y en esa fecha se celebró el Día Nacional del Teatro. ¿Pero cómo? ¿El día Nacional del Teatro no es el 28 de junio? Era…

Gracias a un investigador de la historia llamado Carlos Edsel González, además de la insistencia del investigador teatral Oscar Acosta, se fue consolidando la idea de contar con un día nacional, cuya efeméride no se refiriera a la Venezuela bajo el dominio español. Y otro 13, esta vez de diciembre de 2019, el presidente Maduro lanzó el decreto y ahora celebramos una fecha republicana.

Por cierto, en el marco de la prolongación o reavivamiento de la Guerra Fría hay un buen grupo de teatreros venezolanos que se inclinan por conservar la fecha anterior, es decir, la fecha colonial…

Pero cuando La Casona Cultural Aquiles Nazoa se le atravesó a Jean-Paul Sartre, no se trataba de una escaramuza descolonizadora dentro de mi cerebro, sino que fue un golpe de memoria, ya que tuve el privilegio de asistir al evento.

Después de un largo confinamiento fue muy grato tropezar con los colegas, con los amigos y con los no tan amigos, siempre imprescindibles en la geografía de afectos y oficios del quehacer teatral de este lado del muro caraqueño. Fue entrañable ver a tanta gente feliz por el encuentro y por sentirse tomada en cuenta. Tal vez por eso no me gustó mucho el discurso de cierre del ministro Villegas. Aunque coincido plenamente con él en que el esfuerzo que significa la Filven, el evento mismo, el Día del Teatro en su nueva fecha, en el marco del bloqueo asesino y de la pandemia, es para sentirse orgulloso. Eso da cuenta de que —de verdad, verdad, y más allá de la consigna— la lucha sigue y sigue. Pero las diferencias sobre quienes son los reconocidos y qué reconocimiento reciben son asuntos para dirimirlos en privado, además de hacer sentir que algunos reconocimientos son más reconocimientos que otros.

Ahora, lo verdaderamente significativo fue mirar, escuchar, sentir a tanta gente cuya vida es el teatro; que lo abordan en su cotidianidad, en los momentos de ritual, en la sonrisa, en el enojo, en el énfasis, en el amor al oficio; a quienes son sus colegas y lo hacen posible.

POR RODOLFO PORRAS
ILUSTRACIÓN ERASMO SÁNCHEZ