POR MALU RENGIFO/@malurengifo

pelabola 157¡Compañeros pelabola, un saludo y un abrazo! Quizá no se dieron cuenta, quizá sí, pero tuve que ausentarme unas semanas para cumplir con otras muchas obligaciones importantisisisísimas como, por ejemplo, ir a pintar caritas en el cumpleaños de una niñita amiga mía. Porque, claro, pelabola que se respeta arma los cumpleaños de los niñitos usando a los invitados como mano de obra barata, y mis amigos y amigas saben que cuentan conmigo para eso.

Páreme bola: si usted tiene muchachos y quiere celebrarles un cumpleaños bien cartelúo, la cosa funciona así, como hizo mi amiga Iraima (capaz exagero un poquito la situación, pero el sentido es el mismo): usted va a hacer una lista de invitados infantiles en un papelito, esos niños que su muchacho o muchacha quiere que vayan a pegar gritos y a enloquecerse de azúcar celebrando el día de su nacimiento; luego de eso anotará los nombres de los papás o mamás y sus posibles habilidades a aprovechar.

Una vez hecha esa lista, se hará una nueva con los nombres de todos los panas adultos sin carajitos a los que usted o su hijx le tienen cariño, sin olvidar, por supuesto, sus habilidades a aprovechar. Después la cosa es tan fácil como hacer la correspondiente convocatoria y aclararles a los invitados cuál será su aporte para el cumpleaños de la criatura. La técnica es infalible: nadie se va a negar porque le tienen cariño a usted, a su chamín y al pedazote de torta que se van a jartar como recompensa material. Además, le aseguro que la pasarán muy bien y ¡nadie sentirá que está trabajando!

EL FANTABULOSO TRUCO PARA SUSTITUIR EL REFRESCO

Pero no se crean que mi muy inteligente amiga Iraima la única proeza que logró fue reunir a sus amigos para armarle tremenda fiestota de cumpleaños a Iruaní; no, no, no. Con la autoridad que me confiere ser la gurú del pelabolismo caraqueño, aquel sábado le entregué el galardón a la creatividad a mi amiga por una cosa más valiosa todavía: en ese cumpleaños, donde había un montón de comida deliciosa, sana, dulce, salada, venezolanísima y alimenticia, había algo desconcertante. Faltaba un nosequé difícil de identificar. Tardé más o menos 20 minutos en darme cuenta de que el vaso que agitaba en mi mano de pintacarita sedienta no era un vaso lleno de refresco caro y venenoso, sino de papelón con limón bien rico, friíto, saludable y muchísimo más barato que cualquier porquería gaseosa.

Iraima lo que hizo fue llenar par de botellones de agua con papelón y limón, y asegurar suficientes provisiones de hielo. Si sacamos las cuentas, 40 litros de refresco equivalen, como poco, a 4.000 bolívares fuertes. Dado que un kilo de limón —que aún se consigue cerca de los 100 bolívares— alcanza para hacer unos cuatro litros de jugo, estamos hablando de que Iraima logró reducir el presupuesto de hidratación en, al menos, un tercio de lo que habría gastado enriqueciendo a la Coca Cola. Así que ya saben: cuando cumplan años sus chamitos, ¡me invitan y yo exprimo los limones!

ÉPALE 157

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