60 años de la zurda más prodigiosa

Por Gerardo Blanco @GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

La zurda más prodigiosa y rebelde del fútbol mundial cumplió 60 años el pasado viernes. El Pibe de Oro —nacido un 30 de octubre de 1960 en el barrio de Villa Fiorito del extrarradio de Buenos Aires— llegó a la tercera edad, pero su imagen eterna, la que permanece en la memoria colectiva de los amantes del fútbol no es la de ahora, la de un entrenador entrado en carnes, renqueante y adolorido por el centenar de patadas que intentaron anular en vano su inventiva barriobajera. El Maradona que perdurará eternamente en la memoria es aquel barrilete cósmico que hizo justicia poética en el Mundial de México 1986, contra la selección de Inglaterra. Primero con el puño izquierdo en alto para batir al arquero Peter Shilton, utilizando la irrefutable Mano de Dios; y más tarde con la jugada más descomunal en la historia de los mundiales.

Tac, tac, tac… Maradona que arranca desde la mitad de la cancha con el balón atado a los cordones del botín… Maradona que va superando uno a uno a los defensas ingleses, regados por el césped como inocentes soldaditos de plomo, hasta que con un toque magistral de su pierna zurda vuelve a superar a Shilton para el inolvidable Argentina 2 Inglaterra 1 en el Estadio Azteca de Ciudad de México. Fue la venganza deportiva de un país bombardeado impunemente por reclamar su soberanía sobre las islas Malvinas, que la Inglaterra antiobrera, neocolonial y con aires imperialistas, surgida junto a la “dama de hierro” Margaret Thatcher, se negó a reconocer a punta de cañonazos.

Desde entonces, Maradona también se hizo indefendible por los poderes establecidos. Se fue a Italia y logró otro milagro: que el Nápoli del humilde Sur de campesinos y obreros saliera, por primera vez en la historia, campeón de la Serie A, derrotando a los poderosos clubes del Norte: el Milán de Berlusconi y la Juventus de Agnelli. Más tarde, llevó al Nápoli hasta la cumbre de Europa al conquistar la Copa UEFA, un trofeo vedado para los clubes humildes del Viejo Continente.

Durante años, también se enfrentó, dentro y fuera del terreno, a los mafiosos dirigentes de la FIFA y la Conmebol, quienes hicieron todo lo posible para hundirlo. Hasta que la justicia le dio la razón a Diego, cuando el escándalo del FIFA-Gate reveló los oscuros secretos de lavado de dinero, sobornos y tracalerías milmillonarias en paraísos fiscales de los amos del balón.

Cuando Maradona cayó en desgracia fue la zurda de la Cuba solidaria de Fidel Castro la que extendió su mano para sacarlo de los excesos infernales. En Venezuela lo vimos en la Copa América de 2007, al lado de Chávez y Fidel, apoyando la lucha de los pueblos para gambetear imperios, tal como lo hizo ante Inglaterra, con ese gol irrepetible que lo consagró como la zurda más memorable del planeta fútbol. ¡Dios salve a Maradona!

ÉPALE 388