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LA EXPOSICIÓN VENEZUELA DIGITAL FINALIZÓ EL VIERNES 31. LO CENTRAL FUERON LAS DISCUSIONES, EL TONO INTELECTUAL Y LA VISTA EN EL FUTURO. ADORNANDO TODO AQUELLO LAS EMPRESAS EXPOSITORAS

POR ANDER DE TEJADA

En el escenario común para eventos así, el Teatro Teresa Carreño, se llevó a cabo la exposición Venezuela Digital 2017. El cometido, desde el punto de vista institucional, era la reflexión y la difusión del conocimiento sobre la comunicación digital y sus efectos en los tejidos sociales. También había un despliegue pequeño de novedades tecnológicas. Cada una, en stands individuales, mostraban algunas de las cosas que ofrecen los avances en el país.

Lo primero que vimos al entrar fue la sala José Félix Ribas. Una cola se extendía por las escaleras y se perdía en un punto invisible. Al preguntar, supimos que dicha fila no era para la función que había comenzado hacía poco sino para la siguiente, horas después. En esas altitudes estaba el interés de algunos de escuchar a los expertos. La voz de adentro, de la sala principal, viajaba también a través de las cornetas ubicadas en los espacios abiertos del teatro, donde en verdad estaba hirviendo el asunto, donde la gente se encontraba en dos mareas con direcciones contrarias, donde los asistentes se detenían a escuchar un foro pero también dejaban que el ojo bailara hacia el lado derecho, donde un simulador de vuelo llamado Piloto Joven, desarrollado por venezolanos, era utilizado por los asistentes al evento. También volteaban a ver las computadoras Canaima o miraban la sala Platillo Protocolar. El sol y la brisa se encontraban con el aforo. Caminar no era un problema, no había nada molesto en ello.

El primer día no pudimos entrar a las ponencias debido al abarrotamiento de las salas. “No cabe más nadie”, dijeron dos individuos parados en la puerta. Tuvimos, entonces, que darle varias vueltas a la corta feria, como si fuera un castigo futbolístico por llegar tarde a una práctica.

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Simulador de vuelo Piloto Joven

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Zona de exhibición de Movilnet. fotos Maryori Cabrita

Otra de las cosas que llamó la atención fue la réplica de los satélites Simón Bolívar y Francisco de Miranda. Por su brillo, por sus formas extrañas, por sus alas de metal y por tratarse, sobre todo, de una cosa que se encuentra en el espacio. A su lado, una figura fálica. Era la réplica del cohete que los llevó fuera de órbita. Debajo de todo, una máquina de vapor cocinaba estos tres monumentos. Era una forma respetable de simular la combustión.

Pasamos por el Platillo Protocolar ese mismo miércoles 29, al mediodía, y nos encontramos con una ponencia de Luigino Bracci Roa sobre el uso de etiquetas en las redes. Señaló, al final de la larga ponencia, que nada de lo que había dicho era más importante que la labor en la calle, que el trabajo comunal.

Al final de esta sala, en el rincón que antes servía como la caja de la pizzería Mama Teresa, estaba un puesto atendido por una mujer solitaria. Ella nos explicó que lo que teníamos ahí era, nada más y nada menos, el primer videojuego sobre la vida del Libertador Simón Bolívar. El nombre, como se podrán imaginar, es El Libertador. Su dinámica consiste en ir retomando lugares de Venezuela ocupados previamente por las tropas españolas mientras se consiguen monedas y se capturan realistas, reproduciendo un poco la gesta de Bolívar. Señaló la misma mujer que se lanzará un juego protagonizado por todos los libertadores de América, cuyo rango de acción, naturalmente, será en los países del continente liberados por él.

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El hilo central del evento fueron la discusiones en torno a las nuevas tecnologías y ese fenómeno aterrador llamado Big Data. Todo en una especie de proyección sobre el futuro: ¿Cómo enfrentarlo? ¿Cómo evitar que nos convirtamos en una distopía de las que ya hemos leído? ¿Cómo nivelar el avance de la tecnología con la pérdida, cada vez más notable, de la privacidad de cada quien?

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Jorge Rodríguez integró su discurso con láminas explicativas y caricaturas críticas. foto Enrique Hernández

Ya sobre esto habían hablado algunos. Muchos discursos hay sobre la categorización de las individualidades de la gente, la creación de “tipos’’, pero no con fines terapéuticos sino de medición. De esa medición es de la que habló Jorge Rodríguez, quien, además de alcalde, es psiquiatra.

Su intervención siguió a la del chileno Pedro Santander, cuyo discurso se llamó “Huella digital y capacidad predictiva de las redes sociales en tiempos electorales”, y a la de Nerisa Aguilera, titulada “Geopolítica y escenarios actuales de la soberanía digital’’.

Rodríguez comenzó la ponencia hablando de la Biblia de Gutenberg y la renovación que significó para la imprenta. Con este invento del alemán se pudo hablar, entonces, de la producción masiva de impresos. En ese caso, de la “Biblia de tipos móviles’’. Después, para ponernos en la contemporaneidad, lanzó unas cifras preocupantes:

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Todo lo que dijo en ese segmento de su discurso se refirió a un rango de 60 segundos. Por eso digo que son preocupantes. Cada 60 segundos se mandan 98.000 tuits; hay 695.000 actualizaciones de estado de Facebook; 11 millones de mensajes instantáneos; 698.445 búsquedas en Google; 168 millones de e-mails enviados; 1.820
terabytes de data creada y 217 nuevos usuarios móviles en la red (ver infografía págs. 14 y 15).

“Hace unos pocos años, para desentrañar el código genético que nos contiene, el ADN de la información, la computadora biológica que tenemos todos y todas las especies vivas, se gastaron varios millones de dólares y varios años. Ahora, con 300 dólares usted puede saber cuál es su código genético’’, explicó.

Sin embargo, también afirmó que el progreso es un hecho inexorable del futuro: “Los futurólogos señalan que para el año 2050, mientras usted se cepilla los dientes, un sensor de código genético que va a tener dicho cepillo le va a informar cuál es su predisposición a enfermedades relacionadas con mutaciones de genes’’.

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Réplica del cohete. foto Maryori Cabrita

El problema surge cuando no todas las cosas que traen las nuevas eras son beneficios médicos y de transmisión de información educativa. Sobre ese mismo tema, afirmó que “mientras más generaciones se apropian de las nuevas tecnologías, más van abandonando la información útil y recurren a la información fútil. Es un dedo índice pasando fotografías. Tan aburrido que era cuando las abuelas y los padres nos mostraban los álbumes de fotos. Ahora es una aplicación que la gente va pasando. Son horas y horas viendo fotografías y poniendo like y dislike’’.

Ese tiempo en el que uno pasea la vista por la pantalla es, en cierto modo, un tiempo perdido, a menos que estés leyendo un libro o investigando algo interesante o apasionante. Jorge, tras hacer los respectivos cálculos, señaló que anualmente uno pasa 608 horas metido en las redes sociales, entre foto y comentario, y 1.642 horas viendo la televisión. Con solo 417 horas de ese tiempo empleado en el ocio tecnológico, una persona podría leerse un aproximado de 200 libros al año.

El tema central, la entrada en materia, vino cuando introdujo el tema de la psicometría: “La psicometría es un intento de psicólogos y psiquiatras de medir la humanidad, medir al ser humano, medir la personalidad. Si a usted le colocan un brazalete con presión de aire y un manómetro, le pueden medir la presión arterial; si a usted le colocan un termómetro, le pueden medir la temperatura corporal; con solo tres dedos de su mano, puede medirse el pulso de la arteria radial. Son medidas. Son mesurables. Son valores concretos, objetivos. Difícil es, por el contrario, medir la personalidad: si usted es depresivo, si es melancólico; si tiene tendencia al optimismo, a la felicidad, al olvido, a la impuntualidad, como es mi caso. Todo eso, a lo largo del desarrollo de la psicología y la psiquiatría moderna, se ha intentado medir’’.

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Satélite Simón Bolívar. foto Michael Mata

La psicometría surgió tras establecerse el llamado Test de Rorschach (Hermann Rorschach), un método proyectivo para evaluar la personalidad. Proyectivo, según el alcalde, porque “intenta determinar cuál va a ser la característica última con la cual un ser humano va a responder a determinada circunstancia’’. De ahí en adelante, señala, se ha pretendido medir todo lo que sucede en la cabeza de las personas para meterlas en un grupo determinado. Incluso, cuando el cambio latitudinal y cultural altera los parámetros de los diagnósticos: en Europa, por ejemplo, se diagnostica más la bipolaridad; en Estados Unidos, en cambio, la esquizofrenia.

Todo continuó así. Como podrán imaginar, nos llevó a la Big Data, esa red informativa que guarda los datos de todos los que ingresen a ella y dejen sus rastros por ahí. En estos días, cuando es costumbre poner todo en las redes, la información es vendida constantemente. Además, en materia política, se saben las particularidades de las vidas que se quieran averiguar a pesar de que se decida poner un candado privativo en la cuenta de Instagram o de Facebook.

Casi al final, el alcalde les pidió no ser víctima de las estafas de los tests psicológicos on line. “Si quiere saber, que le hagan un test de personalidad, vaya a un psicólogo, por favor”.

 


EN LOS PASILLOS POR GUSTAVO MÉRIDA

Expo Venezuela Potencia, Venezuela Digital 2017, Festival de Teatro de Caracas, marchas. Elecciones. CLAP, misiones, guerra, data, datos.

Y lo que falta. En la página venezueladigital2017.com.ve se pueden ver todas las ponencias porque, como dice la profesora de la UBV Mercedes Chacín, era un sitio “para consumir información”; si en un grupo humano se puede conjugar en todos los tiempos verbales el verbo pulular, ese grupo es, sin lugar a dudas, lo que otros llaman “enjambre de periodistas”: ese grupo inasible de egos absolutos que pululaba en el Teresa Carreño y al que los políticos, que antes eran parte de ese grupo y ahora no, le sacan el cuerpo. Gajes del oficio, le llaman.

Todos pululábamos, entonces. Y he aquí que nadie se tropezaba pero sí se rozaban, con ese toqueteo periodístico ante el cual es muy difícil no sucumbir. Los ponentes potenciaban y los auditorios se llenaban. Gustavo Borges Revilla —quien, dicho sea de paso, no coloca en su currículo que forma parte del consejo editorial de esta revista— plenó el Platillo Protocolar con una ágil presentación, en la que afirmaba que la guerra que ganara Rusia, cuando pasó, todo el mundo lo sabía. Hoy, todo el mundo cree que fueron los americanos, pero aquellos americanos, no nosotros, claro.

Y la gente sigue creyendo tantas cosas. Asonadas trasmutadas, saboteos no contados, hechos inciertos y acontecimientos que no se desarrollan porque la mentira es contada cual si no pasara nada y cuando es verdad, como los muertos en Irak, esos muertos no importan porque son lejanos.

Mientras tanto, aléjese un poco del celular, que le ensimisma, y acérquese más a un ser humano que le hermana. Total, algún día ni usted ni yo estaremos en este planeta, pero sus hijos o los míos sí. Bueno, depende.


LA AMENAZA COTIDIANA POR NATHALI GÓMEZ

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La tecnología en lo cotidiano. foto Enrique Hernández

A unos pocos metros del Teatro Teresa Carreño, donde se desarrollaba Venezuela Digital 2017, dos niñas que usaban una Canaimita ensayaban una coreografía que veían en Youtube. Como en la zona cercana al teatro hay acceso a wifi, las pequeñas aprovechaban que todas las condiciones estaban dadas: internet gratuito, computadora y ganas de bailar. Esta historia mínima tal vez no fue contada, pues los reflectores y la atención estaban puestos en el evento; sin embargo, es una manera sencilla de acercarse a la Venezuela digital cotidiana, tan cotidiana que pasa inadvertida.

En los espacios de la Universidad de las Artes unos jóvenes ensayaban una pieza de teatro: sus voces, que simulaban un corifeo, y sus pasos acompasados, que daban la sensación de ser uno, eran grabados por un compañero con un teléfono inteligente.

En estas muestras de acceso a la tecnología, como ya lo hemos sabido por las filtraciones que ha sacado a la luz Wikileaks, no todo es inocuo. Esos mismos aparatos que nos hacen sentir comunicados en todo momento, pueden ser las herramientas de distintas organizaciones que precisan de nuestros datos y rutinas para ganar dinero o para atacarnos.

Los artefactos, como si fuera una película basada en una novela del escritor Stephen King, se vuelven en contra de nosotros y las respuestas para defendernos no suelen ser tan rápidas.

“Estamos en una guerra de 5ta generación, donde los medios electrónicos y de comunicación buscan generar desestabilización para afectar la psiquis colectiva, afectar la racionalidad y la emocionalidad, además de contribuir al desgaste político y de la capacidad de resistencia”, según http://lugrogeopolitica.blogspot.com/.

El Gobierno, que bien sabe de los ataques financiados desde afuera para vulnerar al país, se defiende en tiempo real y concientiza a los venezolanos sobre el lado oscuro de la tecnología. Por ello, Venezuela Digital se presentó como un espacio para hablar sobre los adelantos en software no privativo, utilizado por las instituciones del Estado para proteger sus datos; sobre la alfabetización digital, para otorgarle soberanía tecnológica a la población de todas la edades; y sobre ese mundo de intereses desconocidos para muchos, que nos utilizan como ratones de laboratorio para probar sus estrategias de mercado, de desestabilización o de asedio psicológico.

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Las Canaimitas: un alumno más en las escuelas. foto Michael Mata

WIKILEAKS Y VENEZUELA

En el día del cierre de Venezuela Digital se realizó una videoconferencia con el experto noruego en geopolítica Eirik Vold. El escenario simulaba la pantalla de una laptop y pudimos verlo mientras hablaba desde su casa, en Noruega. Su español, casi sin acento foráneo, explicaba de la manera más sencilla cómo el Departamento de Estado, a través de sus embajadas en América Latina, había atacado de la manera más enconada al país.

“Ningún otro país ha sufrido el peso del aparataje ideológico de EEUU como Venezuela”, dijo el, también, periodista noruego.Durante su ponencia se refirió a casos emblemáticos analizados por él desde 2004 hasta 2010.

Recordó cómo, durante la crisis eléctrica de 2010, la derecha internacional, oculta en varias ONG con financiamiento de EEUU, organizó disturbios y protestas con la finalidad de desestabilizar y derrocar a Chávez.

De igual manera habló de los intentos de los embajadores de convencer de la necesidad del aislamiento de Venezuela, tras la conformación de la Unasur, en 2007.

En agosto de 2004, recordó Volt, el entonces embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, describió en un correo electrónico una estrategia de “cinco puntos” para guiar su actividad en el país.

“Fortalecer instituciones democráticas, penetrar la base política de Chávez, dividir al chavismo, proteger intereses económicos de EEUU y aislar internacionalmente a Chávez”, era lo que buscaba el gobierno estadounidense en Venezuela.

Han pasado 13 años y pareciera que la estrategia sigue siendo la misma, según vemos en hechos como el golpe de Estado institucional que dio la OEA recientemente, en su afán de aislar a Venezuela e inmiscuirse en nuestros asuntos internos.

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La generación que enfrentará, aún más, los embates tecnológicos. foto Maryori Cabrita

La campaña en contra del país no es algo nuevo. Hemos sido testigos de cómo se usan las noticias falsas para llegar a las grandes masas con acceso a internet, a través de las redes sociales. Andrea Hermoso, viceministra de Planificación Comunicacional del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información lo explicó durante su conferencia en el evento.

Las “fake news son todas esas noticias que nos presentan como realidad cuando aún no tienen ningún tipo de basamento objetivo, verificación, criterio editorial”.

Hermoso recordó las fotos de la represión de una manifestación en Venezuela  que correspondían, verdaderamente, a imágenes de una protesta en Egipto. También podríamos recordar las gráficas de un falso Chávez hospitalizado que hizo circular El País, de España, y tantos ataques de la falsimedia que recibimos diariamente.

Las herramientas para defendernos, explicó la viceministra, están contempladas en nuestras leyes, pero también es importante “convertir a nuestros jóvenes en usuarios digitales responsables”.

Frente a esto, pareciera que la imagen de las niñas que hacen una coreografía de baile usando una Canaimita, más que recoger un momento cualquiera, nos presenta a la generación que vendrá y que deberá enfrentar los embates de quienes cada día disfrazan sus ansias de vernos caer en hacernos la vida más fácil.

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