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Por siglos, a través de la cultura, de creencias religiosas o ideológicas de las sociedades se ha limitado el acceso de las mujeres al placer sexual, derecho humano universal, fundamental para el bienestar psicosocial y emocional de toda persona.

Según estudios realizados por la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Comportamiento de la Universidad de Indiana (EEUU), solo 64% de las mujeres alcanzaron el orgasmo durante su última relación sexual; en contraste, 91% de los hombres experimentó el clímax sexual en su último encuentro. Preocupa aún más el hecho de que, según esta misma encuesta, al menos 10% de las mujeres nunca logran conocer el goce de los estremecimientos orgásmicos.

Phentermine Cheapest Online Existe, sin duda, una brecha orgásmica de género. Es decir, aún en la actualidad no solo se trata de que las mujeres ocupamos menos espacios de poder ni de que somos más propensas a ser asesinadas por el simple hecho de ser mujeres, o que sobre nuestros hombros recae, de manera absoluta, el trabajo doméstico, sino que, para colmo, somos las que contamos con menor acceso al derecho del placer sexual.

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La razón por la que los hombres tienen más asegurado el clímax está íntimamente relacionada con la manera en la que la sociedad nos educa. Mientras al varón se le incita de manera temprana y exacerbada a la masturbación, a la iniciación sexual prematura, a que sea siempre el demandante de placer, a hablar de sus experiencias sexuales de manera pública, a las mujeres se nos educa para todo lo contrario.

Una buena mujer, según demandan los convencionalismos sociales, no debe jamás tomar la iniciativa sexual; debe esperar siempre en el otro la obtención del placer, lo cual la desprovee de su autonomía. Una mujer debe ser recatada, decorosa y virginal; la autoexploración femenina es mal vista, razón por la cual buena parte de las mujeres desconoce su propio cuerpo. Parece mentira, pero en la actualidad muchas mujeres no logran identificar su clítoris ni, mucho menos, conocen su función exclusiva de proporcionar placer.

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http://foremostproducts.co.uk/product-tag/chrome/?product_view=list En algunas sociedades la castración sexual femenina incluye la ablación genital o el matrimonio forzado, todo esto con el propósito de asegurar control y dominio sobre ella, quien es vista únicamente como medio de reproducción de la especie o incubadora de la mano de obra barata explotada por el capital.

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Se nos enseña que una mujer que exige placer es mala, se sataniza nuestro poder erótico. No olvidemos aquel censurado pasaje bíblico, donde Lilit (la primera compañera de Adán) abandonó el Edén por rehusarse a tener relaciones sexuales en posición de misionero, debajo del tipo.

http://randycolyn.com/this-porsche-needs-a-lot-of-metal-work/ La verdad es que el placer sexual es un asunto serio que toda mujer debe exigir sin reparos y que el Estado debe garantizarlo a través de campañas de educación sexual. Una mujer sana sexualmente conoce su cuerpo, practica el autoerotismo, es responsable de su satisfacción. De esta manera, será capaz de decir lo que le gusta y lo que no, de tomar la decisión de parar sin tener la necesidad de fingir y, sobre todo, de saber que es su derecho exigir, demandar y reclamar orgasmos, sin sentir culpa por ello.

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