ÉPALE332-CRÓNICA

POR PEDRO DELGADO / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

Ese estribillo, integrado a la canción de un disco, Eliminación de feos de El Gran Combo de Puerto Rico, salido al mercado en 1973, plantea con jocosidad rumbosa acabar con los feos del mundo musical. El “arrase definitivo”, pudiera decirse, de los horribles de la farándula. Por supuesto que todo fue llevado a la broma y a la interpretación de la música caribeña de tan cadencioso ritmo y sabor.

Pero, en la Caracas de 1938, un grupo de jóvenes universitarios sí se planteó en serio la idea de eliminar cuanto feo se encontrara en el camino. Fue el llamado “Movimiento Perfeccionista”, que se reunía en algún lugar de la capital a predicar una curiosa doctrina: el perfeccionismo. Una idea o principios venidos de fuera con un máximo jefe, un tal Laurencio Luciferal, pseudónimo que escondía una personalidad poco conocida y quien estuvo preso por esa causa cuando mandaba Eleazar López Contreras.

Primero: amar la belleza física, la perfección corporal y el placer en todas sus formas; segundo: restablecer algunas costumbres paganas, principalmente de la antigua Grecia; tercero: sacrificar a los niños que nacen deformes o contrahechos. Tales eran algunas de las condiciones fundamentales para ser perfeccionista, asumidas por cierto grupo donde destacaba un segmento de la intelectualidad caraqueña, la que, de a poco, fue permeando el ambiente que le rodeaba. Su reaparición ocurrió para la época de principios de los 50, con manifiesto y todo, contando con la anuencia de cierto sector literario. Narradores como Andrés Mariño Palacio o poetas como Osorio Calatrava aportaron lo suyo con Los alegres desahuciados y Poema pan-vitalista, respectivamente. Claro está, esa suerte de excentricidad no caló en el grueso de la población, que interpretó todo aquello como salido de un sector de lechuguinos, petimetres y mariposones como diría el hombre aquel y el mentado grupo se escurrió como el agua entre los dedos.

Actualmente, siete décadas después, en una ciudad como esta, de gran ensanche territorial y alto calibre demográfico, sí se daría banquete aquel exclusivo movimiento de hombres perfectos. Para su sorpresa, también se encontrarían con el intelectual feo que juega garrote. Darían con ellos en el gremio de escritores, pintores, científicos, etcétera; pero, sobre todo, en el de los poetas.

¡Dígalo ahí, Luis Lovera!

Cuanto más feos, más cariñosos...

Cuanto más feos, más cariñosos…

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