ÉPALE332-TRAMA COTIDIANA

POR RODOLFO PORRAS / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

Los venezolanos hemos hecho de la belleza femenina autóctona no solo un lugar común, sino toda una mitología… “las mujeres más bellas del mundo”, “no sé cuántas mises del universo, del mundo, no sé cuántas finalistas internacionales”, “si vas a cualquier otra parte del mundo no vas a ver mujeres tan bellas y en tantas cantidades y variabilidades como en Venezuela”, “es el mestizaje quien ha generado tal milagro”, y así, una serie de frases que parecen describir una realidad irrefutable.

Las mujeres venezolanas cuidan su aspecto físico y su atractivo con una intensidad y frecuencia que se han hecho características. Aún en tiempos de crisis, esta manera de abordar la cotidianidad es notable.

Hasta hace unos años la belleza femenina era un atributo de posicionamiento y venta, utilizado profusamente por la publicidad y el mercadeo. Hoy, la belleza física logró su paridad de género en los procesos de seducción mercantil.

De allí que ya no basta con hablar de la explotación y la cosificación de la imagen femenina, más bien habría que denunciar la cosificación del cuerpo humano.

Ahora bien, más allá de que la belleza tenga un carácter relativo, influenciado por las dinámicas históricas, los procesos culturales y el accionar de las maquinarias publicitarias o de entretenimiento, es indudable que la belleza juega un papel significativo en la sociedad y determinante en las relaciones amorosas.

Calisto enloquece de amor con solo ver a Melibea en su jardín; Don Perlimplín se enamora de Belisa al verla por el ojo de la cerradura; la descripción de Romeo de su Julieta no deja dudas; tampoco Don Juan y Doña Inés, quienes mueren por su irresoluto amor platónico.

Más allá de la manipulación publicitaria, la belleza física juega un papel muy significativo en el devenir de las relaciones sociales; de hecho, si la imposición de algunos patrones de belleza no fuese un arma del consumismo, la belleza no tuviera un peso social en sí misma. La belleza es un atributo humano, sería una tontería soslayarla.

Desde las modelos que inspiraron aquellas venus prehistóricas, como la de Willendorf; pasando por Elena de Troya, que provocó tal desbarajuste bélico, o íconos del siglo XX como Marilyn Monroe, Sofía Loren; y llegando a las infinitas modelos y actrices del mundo contemporáneo, que con miradas paralizantes, piernas al aire, tetas modeladas por la silicona o retoques computarizados, todas ellas hacen que la belleza física femenina ocupe un espacio en la cultura, en la psiquis contemporánea y en el devenir diario de manera indiscutible y
determinante.

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