ÉPALE332-VITICO DAVALILLO

POR GERARDO BLANCO @GERARDOBLANCO65 / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

La próxima temporada de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) rendirá un justo homenaje al zuliano eterno y leyenda de la pelota nacional: Víctor Davalilllo, o simplemente Vitico, el cariñoso apócope con el que fue bautizado por los aficionados a la pelota. La generación a la que pertenezco creció con la imagen de Vitico regando de imparables los estadios del país, muy especialmente el coso del Universitario con el uniforme de los Leones de Caracas. Todavía reposa en nuestra memoria la primera vez que lo vimos conectar un hit, cuando el beisbol todavía era para toda la familia y se jugaba los domingos a las 11 de la mañana.

En la temporada de 1972-1973 Vitico era, junto a César Tovar, una de las máximas estrellas de la LVBP. Los Leones enfrentaban a Tiburones de La Guaira, que contaba en el montículo con su estelar lanzador, el cubano-venezolano Aurelio Monteagudo. El primer turno de Vitico fue un acto de magia. Con esa extraña manera de levantar el pie derecho antes de realizar el swing, amagó con desenfundar el bate pero, con un repentino movimiento de prestidigitación, dragó la pelota más bien la acarició dulcemente para rodarla justo entre el pícher y el primera base, consiguiendo un hit a punta de ingenio y velocidad. En esa época vendían en el estadio un rudimentario parley, en el que había que acertar la combinación de jugadas para ganar. En mi caso, el boleto señalaba que el primer bate anotaba la carrera de abrir la pizarra. Y entonces Vitico puso en movimiento los palillos que tenía como piernas para robarse la segunda y anotar desde allí, gracias a un cohete al jardín derecho de Tovar. Los tres bolívares de premio fueron una alegría adicional en aquel domingo fantástico, cortesía de la mejor pareja de bateadores que ha conocido la pelota venezolana en su historia.

En esa misma campaña Vitico consagró al Caracas en la serie final, ante las Águilas del Zulia, con una jugada de feria en el jardín central, que aún sigue intacta en el recuerdo. Bob Darwin, un portentoso paleador, conectó un largo tablazo hacia las gradas del Universitario pero, con un salto descomunal, Vitico se alzó por encima de la cerca para atrapar la pelota y robar el batazo de cuadrangular al estadounidense. Tres años después nos sentimos traicionados cuando la directiva de los Leones vendió a Vitico y Tovar a los Tigres de Aragua, en 1976; y de nuevo reconfortados cuando el zuliano volvió a su casa para retirarse en la temporada 1986-1987 con los melenudos. Aquejado de salud, Vitico esta cerca de cumplir 80 años y el mejor homenaje a su gloriosa carrera es la reciente biografía Vitico al bate, escrita por el periodista Carlos Figueroa Ruiz y el historiador Javier González, disponible de forma gratuita en la biblioteca digital de Banesco. Imperdible para todos los que fuimos tocados por la magia de este inmortal pelotero.

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