Urbanización 23 de Enero

Urbanización 23 de Enero

POR  PEDRO DELGADO / FOTOGRAFÍAS ARCHIVO

“La nueva Caracas que comenzó a edificarse a partir de 1945 es hija no sabemos todavía si amorosa o cruel de las palas mecánicas”, dice Mariano Picón Salas en su libro Comprensión de Venezuela, afianzado en el tiempo de cambios estructurales sufridos por la ciudad de la segunda mitad del siglo XX. La Caracas receptora de inmigrantes, sobre todo venidos de la Europa de postguerra, abriéndose paso por entre la modernidad. Es cuando la ciudad alarga sus pantalones y brotan de ella pequeñas ciudades, en algunos casos de corte europeo como La Carlota o Los Chaguaramos, por ejemplo, mera manufactura italiana; o un San Bernardino con su avenida Vollmer coronada de hoteles, restaurantes, pastelerías y demás comercios circundados de colorido ornamento.

Las conocidas torres de El Silencio en plena construcción

Las conocidas torres de El Silencio en plena construcción

La principal protagonista de tal transformación fue una pesada bola de acero atada a una guaya dirigida desde una grúa, aparecida por 1946 y dispuesta, como el babarazo, a acabar con todo. Así pasó con el pasaje Junín (esquina de Mercaderes hacia abajo) o con el representativo hotel Majestic (frente al  Teatro Municipal), donde los caraqueños iban a gozar un bolón viendo la bola caerle a coñazos a la estructura donde Gardel, entre otros notables, se hospedó en 1935.

Sin olvidar que la construcción del Centro Simón Bolívar, al frente de la moderna urbanización El Silencio, fue producto de aquellos porrazos. Una ciudad modernizada echándole bola, pudiera decirse.

Era que la multitud gozaba una bola y parte de la otra viendo el balanceo del pesado hierro bambolearse por los aires al coro de “¡ahí viene la bola!”, bajo el unánime aplauso en un emocionado y colectivo gesto, y sin un dejo de nostalgia. La secundaban un lote de modernas palas, aplanadoras, taladros y buldóceres (de la familia Caterpillar) acercadas al festín.

Por los años 60 vimos algunas de esas máquinas en el comienzo de la carretera hacia El Junquito (kilómetro cero), espacios del Ministerio de Obras Públicas. Un terreno dispuesto para su reposo luego de la chamba en jornadas por alguna parte de la ciudad. En su rededor ya estaban levantados sendos superbloques en Lomas de Urdaneta, Propatria y 23 de Enero, mandados a construir por el general Pérez Jiménez antes de huir con su bola de billetes (eso dicen) dentro de unas maletas.

Un cementerio de chatarras guardaría un lugar para la bola y sus secuaces años más tarde, luego de cumplir la ciudadana tarea.

Ciudad enmarañada

Ciudad enmarañada

ÉPALE 335