ÉPALE335-LIBREMENTE

POR MIGUEL POSANI@MPOSANI  / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Aferrarse a los sueños, porque si los sueños mueren la vida es un pájaro con alas rotas que no puede volar.

Langston Hughes

Tal vez en su momento no lo notamos, pero desde la llegada de Chávez a la presidencia toda la población venezolana fue incrementando su nivel de vida o su nivel de consumo, depende de cómo queramos verlo. Indudablemente ahora, al explorar las calles, el Metro, los lugares de nuestra cotidianidad, lo que se nota es un alto índice de pobreza y desmotivación, por no hablar de tristeza y depresión en sus más floridos matices y profundidades. Esta es una realidad inocultable que, además, nos obliga a reflexionar mucho sobre qué nos hacía felices antes. ¿Tener capacidad de compra y consumo?, ¿eso era la felicidad? ¿Quizás las ilusiones colectivas e individuales eran lo que nos hacía felices?, ¿la sensación de libertad que nos daba tener un carro, ir de vacaciones o aparentar tener muchas cosas? ¿Qué nos mueve en la vida y nos mantiene entusiasmados, esperanzados y felices?

Tal vez estábamos atrapados por un sistema de ilusiones y mitos anclados a procesos económicos, a la repartición de la riqueza y al consumo.

De aquí esa sensación de irrealidad que muchas personas sienten cuando la cruda realidad les aplasta la cara contra un muro. Claro, todo lo que concebíamos como sólido se va desvaneciendo lentamente en el aire, dejándonos una ecología social llena de dobles mensajes, de afirmaciones negativas y negaciones afirmativas, de medias verdades; una ecología social llena de ritualidades, mitos y palabras dogmáticas que tratan de colmar nuestros procesos de comprensión y entendimiento, en un intento inconsciente de sentirnos seguros y esperanzados. ¡Pobres de todos nosotros! Igualito hacemos con el planeta y la contaminación: mostrándonos sumamente ignorantes e inconscientes y totalmente irresponsables.

Pienso que reflexiones como estas, más que en el circo romano, se dieron en el gueto de Varsovia, o en Stalingrado, o en Sarajevo, donde la vida diaria de millones de personas se reducía a tratar de sobrevivir, donde los deseos iban achicándose y también las esperanzas. Así como los valores, que se vuelven más irreales y donde en un cierto punto hasta te olvidas como vivías antes, y ahora, si tienes un pedazo de chocolate, lo disfrutas por todo un rato.

O en aquellas situaciones en las cuales no sabes cuándo te va a tocar el péndulo de la violencia o de la injusticia, o cuánto puedes involucionar en tu egoísmo.

Y ahora, cuando explotas de rabia ante un mínimo inconveniente o entras en crisis, te sientes mal o arrecho con la vida y lo primero que haces es culparte o avergonzarte porque no piensas en positivo o tienes fe; y, luego, entras en un estado de negación y finges locura por un momento, como para resetearte y seguir en este viaje surrealista en donde solo faltan los personajes de Alicia en el país de las maravillas.

Consejo: ríete ante lo absurdo de las situaciones que vives y no te rindas.

ÉPALE 335