ÉPALE336-MONA 1

A SUS 76 AÑOS, LA CHIMPANCÉ DEL ZOOLÓGICO EL PINAR SIGUE ACTIVA  EN LAS MENUDENCIAS DEL AMOR. CON SU MARIDO, TOTO, MALTRATADOR Y DISTANTE,  CONTINÚA UNA ÉPICA ROMÁNTICA QUE SE TEJE ENTRE COÑAZOS, ARRUMACOS TIERNOS  Y ESCARCEOS SIBILINOS MIENTRAS, DE FONDO, SUENAN LOS PLOMOS DE LA COTA 905

 POR MARLON ZAMBRANO@MARLONZAMBRANO / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

“Prefiero que me llamen Anita”, me recibió. Creo que llegué a ella no solo porque el 13 de agosto cumple 76 años. Supongo que el destino nos tenía reservado este encuentro. Parafraseando a Cortázar, y su cuento Axolotl, hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los monos. Y en El zoológico El Pinar, de El Paraíso.

Lo del parque fue inaudito: por 35 años, por lo menos, tuve un sueño recurrente que, en cierta fase, se convertía en pesadilla. Entraba a un soporífero pasadizo de terrazas escalonadas, bajo la sombra de un follaje selvático, hasta desembocar en un patio con chivos que, primero, se me acercaban amablemente y, luego, me rodeaban y atacaban sin poderme defender. Ese sueño oprimió mi adolescencia, traspasó mi juventud y casi me estruja la adultez (tirando para vejez) hasta que, con 40 años, volví a El Pinar con mis chamos a cuestas. Ahí estaba el horror de mis noches de sudoración alucinada. Los malditos chivos se nos acercaron, prácticamente sonriendo, desesperados por engullir las tiritas de zanahorias que llevábamos embolsadas. Se acabaron las pesadillas.

Lo de los monos es un asunto de fraternidad de especies. He pasado horas observándolos en los documentales de National Geographic, tratando de entender que si tenemos 94% del ADN en común, cómo es que no conversamos. Lo que más nos separa, además de la comunicación, es la inutilidad de los pulgares en ellos, la movilidad, a ratos, a cuatro patas y uno que otro detalle insignificante que termina siendo abismo. Con la sorprendente película El planeta de los simios: la guerra, de Matt Reeves (2017), terminé por convencerme de que lo que nos espera ha de ser un destino simultáneo, en el que los monos terminen por compadecerse ante la inminente extinción humana.

ANA LLEGÓ A EL PINAR EN 1963 JUNTO A SU COMPAÑERO, TOTO, PROVENIENTES DEL CIRCO DE LOS HERMANOS JUÁREZ

_

“Mona no, chimpancé”, me aclaró enseguida, casi agraviada. A una dama no se le contradice, asumí, así que la saludé como mejor pude, aterido por la guerra de los pranes de la Cota 905, a pocos metros de su jaula.

¿Cómo la trata el hampa?

Con una no se meten, ¡pero la plomazón asusta!

¿Qué hacen cuando empieza la balacera?

Nos vamos al cuartico y señala un acceso posterior hacia un largo pasillo de concreto.

¿Y qué otras cosas pasan en el cuartico?

Eso no es asunto suyo.

No se ofenda. Es que me contaron que usted y su esposo son asiduos del mañanero. Además, es un hecho público y notorio

Porque a la gente le encanta un chisme y meterse en la vida ajena.

Sorprendidos —ellos y nosotros— por la lente, los capturamos en pleno cebo

Sorprendidos —ellos y nosotros— por la lente, los capturamos en pleno cebo

Ana llegó a El Pinar en 1963 junto a su compañero, Toto, provenientes del circo de los Hermanos Juárez. Así nos cuenta Grecia Amaricua, coordinadora de Educación Ambiental del zoológico. Parece que arribaron maltratados, coqueteando con sus rutinas de entretenimiento. Incluso, sabían fumar. Desde entonces son escala obligatoria de jóvenes, niños y adultos que se apasionan por su exotismo. Hay que recordar que su especie, gravemente amenazada por el hombre y la “civilización”, habita fundamentalmente en el corazón de África, en zonas de bosque espeso o sabanas secas de países como Zaire, Camerún y Gabón. Él, de 81 años, y ella en sus 76, son una pareja estable que ha mantenido un maridaje a prueba de las piruetas del destino.

Perdone que insista en sus asuntos privados, pero ¿es cierto que usted sufre violencia doméstica?

Bueno, bueno, bueno. O sea…
mirando de reojo a Toto, quien juguetea con la vigilia antes de asumir la siesta obligatoria después del mediodía.

Puede hablar con confianza

Es que ese negro tiene muy mal carácter.

Se le ve.

La otra vez me torteó y me muestra un hematoma ligero debajo de uno de sus pómulos.

¿Y por qué se lo permite?

Ay hijito, después de tantos años ya no nos queda sino resignación.

Toto, distante y machista, Anita, sojuzgada y doméstica, basan su idilio en la costumbre

Toto, distante y machista, Anita, sojuzgada y doméstica, basan su idilio en la costumbre

Nos cuenta Amaricua que Ana se muestra permanentemente sumisa ante Toto, y nunca se adelanta a una acción hasta que su macho da un paso adelante. Si no, recibe reprimenda.

¿Por qué no lo denuncia? le insisto a la mona.

¡No joda!, para que me tengan de aquí para allá en papeleos interminables; para que, al final, ninguna autoridad haga un coño. Y me perdona el lenguaje.

Si pero eso es violencia machista. Debería asesorarse con una feminista.

¿De esas que grita “ni Dios ni patrón ni marido”? ¡Tú eres gafo! Puede que el negro sea un loco, pero es mi loco.

Pero no es justo que sufra.

Bueno mijo, se sufre pero se goza.

¿Ha gozado?

ÉPALE336-MONA 4Chico, te digo una cosa, para que venga un coñoemadre europeo a darme cacería en la selva, matarme y vender mi carne y cortarme las manos para ofrecerlas como ceniceros, prefiero mi jaulita con mi maridito arrechón, mis 15 kilos de frutas y verduras diarias servidas por un cachifo y mira con sonrisita burlona a Moisés Hurtado, su cuidador. Allá no viviría más de 60 años, aquí duro y duro, como las pilas de la propaganda. Al final, en los bosques africanos andaría de salvaje buscando la papa diaria. Aquí soy una dama.

Dama antañona.

¿Vamos a empezar con los chistes de la edad?

No, para nada. Me refiero a que aquí estamos por lo de su cumple.

Son 76 tacos bien cumplidos.

¿Los piensa celebrar en forma?

Bueno papi, el negro disque me tiene una sorpresa, y mis esclavos de nuevo se ríe de Grecia y Moisés parece que van a emperifollar la jaula con ramas, bambúes y arreglos vegetales con cambures y auyamas en forma de fuente.

Señora Anita, ¿cómo ve la cosa?

¿Cuál cosa?

Bueno, el país, la situación

BUENO PAPÁ, ESE VIEJO YA TIENE 81 AÑOS. VIVIÓ LO QUE TENÍA QUE VIVIR Y YA ANDA MASCANDO EL AGUA. PERO IGUAL TENEMOS LA FUERZA DE NUEVE HOMBRES, ASÍ QUE NO TE CONFÍES

Yo la veo igual. Hace 56 años que tengo los edificios de la avenida José Antonio Paéz de El Paraíso al frente y la Cota 905 atrás. Qué te puedo decir. Arriba se caen a trompadas los malandros con la policía, abajo los guarimberos encienden cauchos y nos meten el humo a la jaula. Arriba invaden a mansalva, y desde el frente nos lanzan fosforitos y tumbarrachos en diciembre. Una vez un desgraciado casi me malogra cuando me estalló una vaina de esas en la mano.

El insectario, un poco más allá, abre espacio para el sosiego

El insectario, un poco más allá, abre espacio para el sosiego

¿Y el señor Toto qué piensa?

¿Qué te pasa?

¿Por qué?

Pregúntale a él. ¿Si se me arrecha?

Ya se durmió. Al menos dígame como lo nota.

Bueno papá, ese viejo ya tiene 81 años. Vivió lo que tenía que vivir y ya anda mascando el agua. Pero igual tenemos la fuerza de nueve hombres, así que no te confíes. Lo que pasa es que se estresa, y a veces lo entiendo. El otro día, justamente cuando le hicimos la fiestica de su cumple, se puso a escupir a todo el mundo y hasta que no se secó no paró. ¡Na guará rey!, es que son 56 años calándonos carajitos inoportunos, gente que nos lanza comida que es veneno, jamaqueo pallá y pa’cá. Uno a veces se desespera. Ni que fuéramos payasos.

Bueno, déjeme despedirme recomendándole a alguien.

Pa ve.

Aquel señor que está allá, Jesús Castillo

¿El fotógrafo? ¡Guácatela!, a mí no me gustan los de tu especie. Además, ese no me sirve ni de aperitivo.

Jajajá, ¿o sea que usted sí está activa?

A puejjjj.

Los capuchinos, vecinos de la jaula de Ana y Toto, malandros incorregibles

Los capuchinos, vecinos de la jaula de Ana y Toto, malandros incorregibles

ÉPALE 336