IMG_7104EL QUE PERSEVERA, VENCE. EN ESTOS DOS ÚLTIMOS AÑOS LOS MOVIMIENTOS DE CICLISTAS SE HAN VUELTO MÁS “BICIBLES”, ASÍ COMO SUS LUCHAS Y SUS CONSIGNAS. GRACIAS A ESTO, Y AL ESFUERZO DE VARIAS INSTITUCIONES, EXISTEN AHORA (Y POR LOS MOMENTOS) CASI SEIS KILÓMETROS DE CICLOVÍA EN EL CENTRO DE CARACAS

POR MARÍA CHACÍN/@EPALECCS/FOTOGRAFÍAS MICHAEL MATA

Un ciclista no puede ser más feliz que cuando maneja por la ciclovía. En ella se anda sin temor, con libertad. Allí se está a salvo de los endemoniados carros en hora pico, de los azarados motorizados que no ven hacia los lados y de los peatones que se posan, intermitentes, en la vía. Un espacio exclusivo para pedalear atrae a más ciclistas; manejar bicicleta es, además de un medio de transporte que no contamina, hacer ejercicio; el que se ejercita libera endorfinas y serotoninas, las hormonas de la “felicidad”, y a alguien feliz solo se le podrían ocurrir buenas ideas, como irse al trabajo en bicicleta.

Con el sol en su plena verticalidad, me puse el casco y empecé a pedalear.
Ruta: C. C. Plaza Las Américas (comienzo de la avenida principal de El Cafetal, municipio Baruta), avenida Río de Janeiro, avenida principal de Bello Monte, Plaza Venezuela, parque Los Caobos, avenida Bolívar, La Hoyada, tramo de la avenida Universidad hasta esquina San Jacinto (frente a la Plaza El Venezolano).

Kilómetros a recorrer: 9,1, aproximadamente.
Kilómetros de ciclovía permanente: 4,8, aproximadamente.
Tiempo estimado en bicicleta: entre 30 y 45 minutos.
Tiempo estimado a pie: 1 hora 59 minutos.
Tiempo estimado en vehículo (sin tráfico): 28 minutos.
En la zona sureste de la ciudad no existen las ciclovías. Quien quisiera, por ejemplo, irse desde el municipio El Hatillo hasta el centro de Caracas, tendría que atravesar la autopista Prados del Este hasta Las Mercedes, hazaña que supone, sin vacilar, la muerte. En caso de querer vivir un poco más, la ruta a tomar sería subir desde La Trinidad, una cuesta sumamente inclinada, hacia Los Samanes y bajar por El Cafetal, donde, al menos, se puede pedalear por las amplias aceras del bulevar. Como yo no quería morir ni pedalear hasta quedar sin aliento —algo parecido a morir— pedí una bicicleta prestada en El Cafetal.

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El día estaba especialmente soleado, sin una nube. Los destellos de luz dejaban ver las facciones del Guaraira, pero también le imprimían drama a los desafortunados caminantes que no tenían sombra. Para los ciclistas no era diferente. Al salir de El Cafetal, empezó la batalla. La temperatura y el hambre —de almuerzo— eran directamente proporcionales a las ondas de calor que emanaba el asfalto, circunstancia en la que parecían andar muchas personas a esa hora. En la avenida Río de Janeiro hay que imponerse: agarrar arbitrariamente un canal (a la derecha) e ir a un ritmo prudente con los vehículos. No se puede andar por la acera, la pobre acera para tantos peatones. En la principal de Bello Monte ocurre exactamente lo mismo.

Al llegar al comienzo de La Calle de los Hoteles se siente un alivio. No sé si es porque es una bajadita o porque empieza una incorporación a la mejor parte de la ciclovía de la ciudad: los altos brocales que separan los 2,4 metros de ancho del resto de la carretera y la acera, a diferencia del resto, donde atraviesa los pasos peatonales. Esa bajada sirve para recuperar el aliento y seguir batallando. Al llegar al cruce con la avenida Casanova, la felicidad se derrumba. Motos, buhoneros y peatones esperando el autobús se atraviesan. Normal. Es un proceso de adaptación. Será mejor usar la corneta. De aquí en adelante, la vida es bella.

El 31 de julio del presente año se inauguró el tercer tramo (hasta los momentos), que abarca 2,7 kilómetros y comienza desde el bulevar de Sabana Grande (frente a las residencias estudiantiles Livia Gouverneur), recorre la Gran Avenida, avanza por Plaza Venezuela, atraviesa el puente del distribuidor de la Resistencia Indígena (antiguo Paseo Colón), entra al parque Los Caobos y se conecta con el segundo tramo, que va desde Bellas Artes, recorre la avenida Bolívar y termina en la Diego Ibarra. Sumando el recorrido desde la UBV, da un total de 5,8 kilómetros de ciclovía. A eso habría que sumarle el tramo que se construye desde el Paseo Anauco hasta la avenida Panteón. Hay que mencionar, también, que todos los domingos se pone en marcha el Plan Caracas Rueda Libre, en sus ya 19 kilómetros de extensión, que van desde la plaza Las Tres Gracias hasta la plaza O’leary.

LAS ATÓMICAS

IMG_6799A la par de la inauguración del último tramo, que incluye el primer puente para bicicletas hecho en Venezuela, se activó el préstamo permanente y, léase bien, gratuito, de 300 bicicletas Atómicas. Según información oficial —del mismo alcalde del municipio—, las ciclas podrán ser solicitadas de lunes a sábado desde las 7 am hasta las 6 pm pero, hasta los momentos, los sábados solo se prestan hasta el mediodía y ya van dos lunes que el muchacho de la estación Bellas Artes no aparece (para tragedia de muchos). Son cuatro estaciones: bulevar de Sabana Grande, Plaza Venezuela, Bellas Artes y plaza Diego Ibarra. Ahora se podrá ir pedaleando a hacer sus diligencias al centro. Solo debe registrarse y dejar el vehículo tracción a sangre en la estación más cercana hacia donde se dirija. No se la lleve. Está protegida por un sistema de ubicación satelital.

La primera vez que me monté en una Atómica, me estrellé, literalmente. No tienen frenos ni cambios, cosa que dificulta las subidas. Por esto, el puente de Plaza Venezuela es uno de los puntos más difíciles. Para recorrer los valles de Caracas es necesario tener una bici con cambios (y frenos).

EN EL MAPA MUNDIAL

Los argentinos la llaman “bicisenda” o “ciclocarril”; los hermanos bogotanos la llaman “bicicorredores”. En Brasil, igual que acá. Pero cada ciclovía tiene su particularidad. Mientras el amsterdamés —el rey de la bicicleta— la tiene fácil por vivir en una ciudad plana, donde el punto más alto es un puente mucho más pequeño que el de Plaza Venezuela, a los caraqueños les toca pedalear cuesta arriba sus valles, por lo que una ciclovía no debe ser, necesariamente, construida en las zonas planas, sino adaptarse a la geografía de la capital venezolana.

Gracias a la culminación de este proyecto, Venezuela se incorporó al mapa mundial de las ciudades con este tipo de rutas y alquiler de bicicletas, según el sitio web bikessharingmap.com. En el estado Vargas también se construyó la Ciclovía del Mar, desde Playa Pantaleta hasta Los Caracas: más de 15 kilómetros de azul turquesa

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