Abril / Pascualina Curcio | Una flor sobre el asfalto

Sobria, modesta, como la maestra inflexible del quinto grado de la escuela Ciudad Cuatricentenaria de la UD-7 de Caricuao, que una vez le atestó un reglazo sobre la cabeza a un alumno díscolo. Pasqualina dice lo que tiene que decir, pero con una seguridad irrebatible, de esas que te infunden, a la vez, estabilidad y turbación. Sus verdades, así las discuta Jesús Farías, parecen llevar el peso específico de las catedrales. No le bastan sus postgrados en economía, sus largas horas de vuelo como docente, sus pasantías de funcionaria de gobierno, sus polémicas televisadas frente a la ortodoxia de la economía revolucionaria. Sobrelleva, para completar, unos lentes de pasta maciza que agudizan su mirada adusta, una sonrisa autoimpuesta que jamás se convierte en carcajada, y un cabello lacio y medianero que no desborda jamás sus hombros. Además, ondea con igual potencia el verbo y las estadísticas sobre cualquier escenario, dentro y fuera de las fronteras de la Patria, para señalar con animosidad las injusticias del capitalismo mundial, las perversiones del rentismo petrolero, las desviaciones del burocratismo criollo, siempre con el tono sutil de una pedagoga aferrada -como una bella flor- al asfalto. Ella es de las que saluda “¿Y, cómo está usted?”.

María Zambrano

ÉPALE 395