Abuso sexual infantil en cuarentena

Por Ketsy Medina / Ilustración Justo Blanco

El confinamiento voluntario al que ha sido sometida parte importante de la población mundial, durante la pandemia del COVID-19, ha constituido uno de los escenarios favorables para que agresores y agresoras se les facilite ejercer sobre el cuerpo de sus víctimas, mayor violencia, control y dominación.

En el caso específico de las violencias experimentadas por niñas, niños y adolescentes, los números, aún cuando no se cuenta con cifras oficiales suministradas por los órganos competentes del Estado venezolano, son alarmantes; en un día pueden ser reportados en medios de prensa digital alrededor de cinco denuncias por violencia física o agresión sexual y hasta dos casos de asesinatos a infantes por las mismas razones. Información que ha sido ratificada en declaraciones del Fiscal General de la Nación Tarek William Saab.

Aunque no necesariamente una violencia física está concatenada a una agresión sexual, la detección de señales físicas y de comportamiento en infantes, pueden servir como indicador de que una niña, niño o adolescente de nuestro entorno más cercano esté posiblemente siendo víctima de abuso sexual.

Es importante tener en cuenta que las estadísticas siguen arrojando como responsables a personas muy cercanas al círculo de afectos y cuidados de las víctimas, siendo los abuelos, padres biológicos, y padrastros los que ocupan los más altos porcentajes.

Si en los casos de las violencias contra mujeres adultas, la familia y la comunidad en su mayoría guarda silencio, basándose en el precepto que “en problemas de pareja es mejor no meterse”, cuando ocurren violencias contra los más pequeños y las más pequeñas de la casa, el silencio se acrecienta y la subyugación se disfraza de disciplina y obediencia.

La realidad ha superado a instituciones como el Consejo de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, institución que durante la cuarentena ha mostrado dificultades estructurales en cuanto a atención y respuesta de las demandas de quienes recurren a dicho espacio para formular denuncias se refiere.

Así como los números de contagio y muertes por COVID-19 nos alarman y nos invitan a tomar medidas colectivas de emergencia, comunas, consejos comunales, asociaciones de vecinos, juntas de condominios y otras organizaciones comunitarias deben organizarse para enfrentar esta realidad que pone en riesgo la salud mental, física y espiritual de lo que se ha llamado “el semillero de la patria”.

Acá compartimos algunos tips que pueden significar la diferencia, y que nos afinan los sentidos para atender y acompañar a las víctimas de violencia sexual, recordemos la prevención es lo primero:

  • Confía en un niño, niña o adolescente si te confiesa que alguien le ha tocado o ha tenido un comportamiento inapropiado con él o ella.
  • Ten en cuenta que el consentimiento de un niño, niña o adolescente puede producirse por desconocimiento, por lo que en muchos casos las víctimas no entienden las implicaciones sexuales que conlleva aceptar estas conductas.
  • Considera que el niño, niña o adolescente puede estar siendo coaccionado por un familiar cercano o un conocido, que pueda ejercer una relación de autoridad o confianza, o incluso pueda establecer la agresión o el acto lascivo por una compensación económica.
  • Es importante que sepas que el abuso sexual puede conllevar violencia física y emocional, pudiendo haber sido un acto puntual o haber ocurrido en varios momentos.
  • El delito de agresión sexual no caduca ni vence, así que si una adolescente te confiesa que ha sido abusada, ocurriendo el hecho en su infancia, es importante atenderla con la misma urgencia que si hubiera ocurrido el mismo día de la confesión.
  • El abuso sexual infantil no deja testigos y en ocasiones tampoco pruebas del delito, lo que hace difícil detectarlo, sin embargo infecciones, marcas, cortes, quemaduras, fracturas, lesiones, sangre o dolor genital, son algunas pistas que pueden llamarnos a centrar nuestros ojos en esta personita, recuerda, en ocasiones, las marcas no tienen que ver con que el agresor le realice esas heridas, sino que el propio niño, niña o adolescente puede llegar a autolesionarse como una manera de manifestar el dolor que siente.

ÉPALE 370