ÉPALE255-MITOS

POR ANDER DE TEJADA • @EPALECCS / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

El disco Amor y control fue lanzado al público en el año 1992 por el cantante Rubén Blades. A pesar de las polémicas que giran en torno a las posiciones del autor con respecto a las luchas latinoamericanas, no se debería dudar de la contribución que su música tuvo para las ansias revolucionarias de entonces. Hay que recordar, por ello, lo convulso del siglo pasado en materia política, en donde todo el continente latinoamericano estuvo plagado de dictaduras y de sangre. Todo, mientras el pueblo trabajador sucumbía ante las condiciones desiguales. Por ahí es reivindicable la función de acompañamiento de la música de entonces, cuando ya no era la trova la que hacía el trabajo sino la salsa, con su estética urbana, con su lenguaje accesible para el pueblo y con sus narrativas sobre la cotidianidad.

El grito de Adán García fue un grito común del pueblo pobre de las ciudades latinoamericanas. Dentro de sí estaba la necesidad de vivir tranquilamente enfrentado con un elemento simbólico: el honor de no pedir plata prestada, de ser capaz de surtir a la familia; que es lo que termina de llevar a Adán al despeñadero del crimen. No se habla aquí de un malandro cualquiera, viviendo bajo un entorno de extrema violencia sino de un proletario del montón que ni siquiera es capaz de empuñar un arma de metal. Por esa razón le roba la pistola de agua al hijo y se lanza en la travesía trágica, pero heroica, de robar un banco.

Ya preguntaba Bertolt Brecht: “¿Qué delito es el robo de un banco comparado con el hecho de fundar uno?”.

Adán es el estereotipo de un sujeto que agotó todas sus instancias para garantizar la supervivencia de los suyos. Dentro de él está visible la presión que le surge, al mismo tiempo, por la construcción de lo que significa ser hombre. Cuando se da cuenta de que no hay solución para su situación económica surge un quiebre dentro de sí, su identidad se ve hundida en el peor de los lodazales. Entonces deviene una transformación: la moral de pronto vale poco y aquella cosa que vibra dentro de los pechos, pero que no se sabe de dónde viene, y que llaman “orgullo’’, comienza a bullir. En ese momento es cuando emprende un grito trágico y hermoso, cuando por fin admite que no hay solución buena, noble, decente ante todos los embates de la realidad. Dentro de la derrota, dentro del fango más espeso, no hay reparo en hundirse más sino en patalear como un demente, en medio del desespero, para encontrar una pronta salida. Todos sabemos el funcionamiento de la arena movediza: mientras más te mueves, más te hundes. Fue así:

Esto se acabó, vida; / la ilusión se fue, vieja; / el tiempo es mi enemigo. /

Y yo, pa vivir con miedo, / prefiero morir sonriendo / con el recuerdo vivo.

Adán se da cuenta que lo intangible vale más, pero se da cuenta de ello al tratar de obtener lo tangible, lo material. La salida es una doble victoria: si vence, le lleva el dinero a los niños, recupera el honor; si pierde, lo hace sonriendo, en calzonzillos, en medio de una victoria inentendible y con ese mismo honor intacto.

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