“Adiós, muchachos” (I)

Por Humberto Márquez / Ilustración Julietnys Rodríguez

“Adiós, muchachos”, de Julio César Vedani, con la letra y música de Julio César Sanders, es de los tangos más versionados del mundo. Es un tango de despedida, que se refiere a alguien a punto de morir y que pasea su canto por manojos de recuerdos. Sin embargo, todo parece indicar que todo fue mucho más sencillo, que comenzó con una despedida de alguien que dejaba a sus amigos después de una parranda de tragos, y que aquel pequeño detalle se convirtió, por su música pegajosa, en el tango más grabado en el mundo… y más distorsionado también. Unos para bien, como la versión de Louis Armstrong, con el título “I get ideas”, que lo grabó el 24 de julio de 1951 y cuya autora de la letra fue Dorcas Cochran. Como dato curioso, es historia que el día antes de su muerte, el 5 de julio de 1971, como un presagio, volvió a cantar “Adiós, muchachos”.

Cuenta Francisco García Jiménez, en Así nacieron los tangos, que “este tango nació accidentalmente en una noche de 1927, en una esquina del barrio de Flores, el barrio de sus autores… ‘Adiós, muchachos’. Estas dos palabras, tan comunes entre nosotros, las dijo esta noche —uno de los ocupantes de un coche de caballos que partió— a sus amigos que quedaban en la reunión juvenil de la vereda. Pero estaba entre ellos un músico intuitivo, Julio César Sanders, que de inmediato repitió las dos palabras, acompañadas de cuatro más que se produjeron en el momento: “Adiós, muchachos, compañeros de mi vida”. Y a la frase, así completada, la envolvió en una espontánea tonada particular. Posteriormente, los dedos pianistas de Sanders desarrollaron el tema. Su camarada César Vedani se encargó de adaptar una letrilla a la afortunada música. La otra versión es de Walter Ercoli, quien dice que Vedani estaba sentado en el café Las Orquídeas, en el barrio de Flores, y desarrolló los versos del tango, y que Julio César Sanders ejecutó la melodía en una pianola del lugar, la cual solía utilizar.

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