Agenda navideña: entre el sol y la luna de Caracas

Como es costumbre, hoy domingo 1° de diciembre baja Pacheco. Lo cual es un decir, como quien dice, que hace referencia a un vendedor de flores galipanero que llegaba a la Caracas de los techos rojos, por aquellos mismos días en que Enrique Bernardo Núñez, icónico cronista de principios del siglo XX, le pusiera ese emblema de texturas y colores a nuestra capital, antes de convertirse en este incontrolable mosaico que es ahora.
Cuando Antonio Pacheco bajaba por el Camino de los Españoles, todos los meses de noviembre, a vender sus flores en La Pastora, su presencia acabó asociándose al descenso de temperatura del solsticio de invierno, cuando comienza el ascenso solar. Sabemos que el horticultor se quedaba en la capital durante los meses de friíto, bien por algún problema de salud, bien porque en la zafra lograba vender muchas flores.

reportaje para la Revista Épale CCS

 

Luego de estos meses recientes, que han pendulado vertiginosamente entre el agua y el calor, recibimos a Pacheco con alivio y alegría, lo cual nos surte la algarabía hasta que descubrimos un nuevo valor.
Así que ahí está esta pareja contemporánea, que planifica su jornada decembrina en el marco de un ajustado presupuesto y una serie de protestas mundiales, cuyos saldos deprimen hasta al desánimo. Ella llegó hasta el sofá de la sala, corriendo desde el cuarto con un ejemplar de Épale CCS en la mano.
—Mira, mi amor, podemos ir al concierto y al acto de la llegada de Pacheco, a las 3 de la tarde en la Plaza Bolívar, hoy mismo. Un domingo diferente, relajado. Cerca de la gente.
—Eso no es hoy —respondió él, automáticamente, concentrado en un documental sobre el origen de la civilización en Occidente.
—Claro que sí. Aquí dice en este artículo. Domingo 1° de diciembre. Baja Pacheco y hay concierto en la Plaza Bolívar. Y luego hay una toma cultural del parque Ezequiel Zamora.
—Me pregunto cuándo carajo le van a poner a algún parque Salvador de la Plaza ¿Dónde queda esa vaina?
—En El Calvario, el parque Ezequiel Zamora es El Calvario, siempre se te olvida, y también siempre escribes en las redes que hay que tomar los espacios públicos.
—Ya te dije mujer que es mejor quedarnos y ver películas, sin gastar plata. Lo que yo decía era antes… Ahora…
Ella interrumpió justo a tiempo.


—Ni el concierto de la Plaza Bolívar ni la escenificación de Pacheco ni la toma cultural cuestan nada. Podemos ir en la mañana a la toma cultural y en la tarde rematamos con el concierto.
—Sí, pero cómo vamos a llegar desde Montalbán sin gastar, o ya conseguiste el repuesto del carro que tiene diez meses parado. Además, estos comerciantes ya subieron todos los precios y, la última vez, tus antojos de dulce me costaron toda la quincena.
—Yo no sabía que esa era toda tu quincena. Pero ahora yo tengo mis utilidades, así que yo invito.
Él intentó responder pero tuvo que pensar un poco. Ella esperó regocijándose de ese tartamudeo. Tantos acontecimientos, tanta información, tantos estímulos saturan más de una alma. Ella había oído hablar sobre los hikikomori en Japón y eso la alarmaba un poco. Claro que en este caso es un temor de otro tipo.
—Mira, el jueves 5 hay una Agenda De Paz Navideña en
El Paraíso. Comienza a las 2 de la tarde y es para todo público. Le puedes decir a Marcia que lleve a Wanadi. Hace tiempo que no vez a tu hijo y ella ya no se molesta. Parece que tiene novio.
—Sí, por fin se empató esa mujer ¿Y qué es eso de Agenda de Paz Navideña?
—Es algo así como parrandas con música y conciertos itinerantes. Lo van a hacer en varios espacios. En cierta forma es un privilegio. En ningún país se da algo así, y menos financiado por el Gobierno. Tú mismo has dicho eso.
—Eso debe ser una mierda. Este Gobierno hace todo mal.
—Tú mismo has dicho que este Gobierno hace bien los actos y los conciertos. Hasta dijiste que parece una agencia de festejos. Pero también has dicho que a través del goce de la gente algo se mantiene vivo, aunque sea ambivalente.
—¿Yo he dicho todo eso mujer? ¿Qué tratas de hacer citándome?
—No puedes reclamarme que te cite. Por algo dices lo que dices.
Ella lo miró esperando el cambio de tono.
—No sé mujer, tengo que pensar. Además, esa agenda se va a repetir en La Vega el viernes 6 a las 2 de la tarde. Pero hay gaitas en Sabana Grande a la misma hora. Una exposición de artesanos en el parque Hugo Chávez, talleres en el teatro Alameda, todo a las 2 de la tarde. ¿Vez lo que te digo? Todo lo hacen mal. ¿Cómo voy a ir al parque Hugo Chávez por allá, por el coño e la madre y volver a La Vega?
—El parque Hugo Chávez queda en Coche, en el Metro llegamos rapidito. Una vez fuimos y te gustó mucho. Te tomaste un litro de cocuy y terminaste bañándote con los chamos del barrio Divino Niño toda la tarde en la fuente. Las madres estaban asustadas. Yo pensé que iba a llegar algún hermano molesto con una pistola en cualquier momento, pero te entendían. A pesar del susto se estaban riendo. Cuando son varios eventos a la vez es para tratar de cubrir más público, no para que te estreses tratando de ir a todos al mismo tiempo.
—En todo caso, el viernes podríamos ir a ver a los viejitos bailando en la plaza San Jacinto. Aunque haya que calarse el armatoste ese que pusieron en todo el medio.
—Claro mi amor, igual esos viejitos se la vacilan, con todo y estorbo. ¿Y a ti te gusta verme bailar con viejitos?
—Sí, se les ve que lo disfrutan. Y no da celos.
—A ti ni los celos te han sacado de aquí últimamente. La última vez te dije que andaba con Arturo y ni bola.
—Llegaste temprano. Igual uno nunca se da cuenta de esa vaina. ¿Por qué quieres sacarme de aquí?
—Porque parece que le tienes miedo al mundo, y tú mismo has dicho que uno siente lo que hace y hace lo que siente, así que debes salir para que sientas otras cosas.
Él se fue por la tangente:
—La fulana agenda esa de paz cierra el sábado 7 en la mañana en Sabana Grande. Después, hay una orquesta sinfónica. No es que me guste mucho esa música, pero la gente tiende a sentir que son cultos. Es como un maquillaje espiritual. A menos que quieras maquillar con rap a las 5 en San Agustín o en Caño Amarillo a las 2, ese mismo sábado.
—Mira, mi amor, ya sabes que no me gusta ni el rap ni el maquillaje, así que podemos ir a una competencia de carruchas desde las 9 de la mañana en la avenida Baralt el domingo 8 de diciembre. ¿Recuerdas cuando tú lo hacías?
—Nunca me salieron bien las carruchas, no duraban ni un día. De hecho lo único que recuerdo es un medio-humano que bajaba por la Baralt en su patineta, rampando entre los carros. Parecía negro, pero del sucio.
—¡Ay, qué horrible! ¿Por qué tenías que recordarlo?
—A ese tipo le faltaba más de la mitad del cuerpo y siempre andaba alegre. La verdad que ahora no nos queda más remedio que disfrutar lo que tenemos, aunque sea el cuerpo completo.
Ella lo miró entera. Había logrado cambiar el tono, pero él siguió concentrado en este mismo artículo, como le sucedía con cualquier contenido cuando se obsesionaba. De manera que todavía no podía cantar victoria. Así que continuó haciendo su recuento:
—En los Altos de Lídice van a hacer una clausura del Eje Comunitario Navideño, el jueves 12. Es un espacio que se puede conocer, o volver a conocer. Y el viernes siguiente es todo el día en la plaza San Jacinto, otra vez. El sábado 14 hay otro concierto de música de orquesta en el teatro Municipal a las 4, y en el Eje del Buen Vivir música urbana a esa misma hora. También siguen los viejitos en la misma plaza.
Ella sabía que no podía bajar el ritmo, no todavía.
—El domingo 15 habrá una rondalla desde las 9, que comenzará en el parque Alí Primera y terminará en la Plaza de los Museos. Nunca he sabido qué es eso de rondalla. Podríamos investigar. También hay un concierto en la sala Rajatabla, ¡donde nos conocimos mi amor! Y siempre que te aburras, puedes terminar en la plaza el…
—Ya sé, ya sé, con los viejitos. Si seguimos así terminaremos en esa plaza todos los fines de semana, hasta que vallan los jóvenes a vernos a nosotros. ¿Cómo has hecho para soportarme?
—Vaya, por fin piensas un poco en mí. Los actos y conciertos han servido mucho para soportarte, pero también lo que escribes.
Más concentrado en el artículo que en lo que ella decía, él se exaltó por un evento y se lo dijo.
—Podemos ir a rapear a la Cota 905 el domingo 8, ¿qué opinas?
—¿¡Qué!?
—Es echando broma. El 21 de diciembre llega el espíritu de la Navidad con los viejitos bailando en…
—La plaza San Jacinto, con el armatoste ese, ya sé. Es a las 2, pero la Agenda de Paz Navideña estará el miércoles siguiente en los parques Los Caobos, Ezequiel Zamora y Hugo Chávez. El 30 de diciembre van a hacer una descarga en el bulevar Ruiz Pineda a las 5 de la tarde. Y el 31 diciembre habrá concierto en la Plaza Bolívar para despedir el año entre todos. Tú necesitas esa energía, sin juzgarla.
—Mira mujer. Vamos mejor a la obra de teatro Monólogos bajo la lluvia, de la Compañía Nacional de Teatro. Cualquier fin de semana a las 4 en el teatro Alberto de Paz y Mateo.
—¿Dónde queda el Alberto de Paz y Mateo?
—No te acuerdas, al final de la venida Andrés Bello. Cerca del parque este, ¿cómo es que se llama?
—¿Arístides Rojas?
—Si te agachas de quedas coja, jajajá.
Ella se le quedó mirando igual que tú en este momento miras el periódico, hasta que su mirada se tornó encantada cuando él agregó.
—Podemos ir a La Pastora el 23 de diciembre, ahí se celebra una parranda con toda la comunidad desde hace años. Tenemos el compromiso de producir un nuevo valor que provenga del goce, o un goce del valor. El temor y la frustración tuvieron su oportunidad, pero ya no funcionan. Así que si es verdad que alguna vez he dicho algo por mi cuenta y no eres tú inventándome en La Pastora esa noche, con bohemios, poetas, parranderos y gente de la comunidad, seguro se nos ocurrirán mejores chistes.
Quizá el bien común implique, en sí, un placer individual cuando lo saquemos del esquema en que permanece atrapado, rebotando entre nuestros deseos y nuestros prejuicios, entre tradiciones y descubrimientos, entre amores y resentimientos. Quizá el origen de toda lucha no está en el pasado, sino en el mismo presente, como diálogo interno que no podemos detener hasta que descubre algo nuevo. El Sol sale para todos, todos los días, y la Luna hace un juego que nos protege de sus radiaciones. Queda de nuestra parte sembrar más profundo que distracciones.

Por Argimiro Serna / Fotografías Michael Mata