POR TATUN GOIS •@LASHADAS1974 / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

ÉPALE286-SOBERANÍASSiempre que puedo escribir para este espacio procuro hacerlo desde el humor y la frescura que me da vivir la vida sin complejos, y no porque no los haya padecido, porque vaya que me atormentaron, sino desde el empoderamiento que deja superarlos.

Pero esta vez quiero hablar de la belleza que apreciamos y que siempre, siempre será algo personalísimo. Hace unos días descubrí que me gustan tres mujeres. Tres seres absolutamente distintos, que me gustan de modo diverso. Una de ellas es exuberante, con las tetas como balones, la boca lasciva, los ojos chiquiticos de las chicas malas y una cascada de pelo negro que turba el pensamiento. Sin embargo, no me gusta por eso sino por la extraña certeza que tengo de que es como yo, y no porque le gusten las mujeres sino porque, a la hora del té, es de esas que no joden, que no preguntan si las quieres y que no exigen nada porque tampoco entregan nada. ¡Que se divierten y ya!… Eso, para mí, es irresistible. Otra me gusta por su apacible carácter, su amplitud mental. Su serenidad me ecualiza, al punto de que el hablar con ella tiene en mí el efecto de un porrito fumado de a poquito, y se me ha hecho necesaria. De veras me encanta. Pero la tercera, la que me tumba la empalizá, es otro beta. Una guerrera del amor, una dura pero con el corazón más noble que puedan imaginar, la sensibilidad más arrecha, la maternidad más a flor de piel que he conocido y una claridad mental y coherencia tan profunda que, sencillamente, me deja sin palabras. El caso es que, al comentar que las tres me encantan, he notado con disgusto que nadie comprende que esa la tercera me guste, y me guste tanto, además. Y yo me pregunto: ¿por qué no?, ¿por qué el estar fuera de los estándares nos hace menos dignas de ser amadas? Eso es un exabrupto.

Todxs somos dignos del amor más profundo, así como somos, con nuestras cicatrices, con nuestras zonas erróneas, trabajadas o cruditas. Esa boludez de ser mejores por los niveles de aceptación que tiene nuestro físico, quizá esté bien creerla cuando tenemos 15 años y el hambre de aprobación nos hace vivir de espaldas a nosotrxs mismxs. Pero seguir anclados a semejante idiotez a los 40 es lamentable. Esa mujer me cautiva, ni fue su intención ni fue la mía; simplemente, un día la vi como no lo había hecho antes y comprendí que, a pesar del asombroso rechazo colectivo a ese flechazo imprevisto, y con todo el fusil de Alejandro Sanz, para mí no hay mejor poesía que la de su mirada / ni mejor melodía que su voz temprana / no hay palabras que puedan describir su cara / no hay garganta que pueda pronunciar su nombre. No espero absolutamente nada de ella, ni su correspondencia ni que valore lo que siento. Ese sentimiento es absolutamente mío. Lo que sí quiero dejar claro es que mi concepto de belleza me pertenece y punto.

ÉPALE 286

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