Aída Nazoa: Piñatas subversivas

En homenaje al fruto de un hogar alegre, de paseos en bicicleta y flores domingueras, que legó a la ciudad de caracas colores, canto y poesía, Aída, hermana de Aquiles, a sus 90 años nos permite conocer más de la familia Nazoa

Por Ketsy Medina Sifontes / Fotografía Ketsy Medina Sifontes

Aída Nazoa pronto cumplirá 90 años de nacida, de los hijos e hijas de Rafael Nazoa y Micaela González, es la última hermana con vida de esta familia caraqueña.

Su mente lúcida conserva frescos los recuerdos que evoca y que refuerza con las fotografías blanco y negro o a color que resguarda como un tesoro en los rincones más inesperados de su hogar.

Cuando hablé con ella por primera vez vía telefónica, me dijo entre muchas cosas, que su mente marchaba a la velocidad de sus 30 años. La voz de Aída timbraba en sus 90 años, y expresaba la preocupación por la tensión política a la que se encuentra sometido el país.

Nuestro segundo encuentro fue en un sueño que tuve, Mercedes Chacín me acompañaba a la entrevista, estábamos en la casa de la hermana de Aquiles Nazoa, para hacer justamente este trabajo y cuando fui a tomar las fotos, mi cámara no servía, no funcionaba, y aquello me generó un sobresalto que de sopetón me hizo despertar.

El día de la entrevista me encargué de tener todo listado y organizado, grabadora, pilas, cámara con batería cargada, ciruelas de huesito, volver a repasar el listado y mucho nervio, aquel sueño me había dejado en alerta, era importante prevenir.

Cuando me encontré con Aída, lo que surgió entre ambas fue mucho cariño, confianza; entramos a su casa tomadas del brazo y una vez dentro comenzó la fiesta.

Una caja de madera color natural, un cajón forrado en una especie de tela gamuza roja, repisas, mesas, a donde veía había fotos. Una de las que más me gustó fue en la que aparecía una chicha hermosa sentada en una mesa, con su guitarra y los pies descalzos, era Aída, hija de Aidé, hermana gemela univitelina de la entrevistada, o morocha como dice el populacho.

Aída y Aidé se sentían como una sola persona, quizás por eso desprenderse del hogar materno, para formar el suyo propio le costó tantas lágrimas y sufrimientos, yo creo que se le juntó el haber tenido que vivir la detención arbitraria de su esposo por parte de la Seguridad Nacional durante la dictadura de Pérez Jiménez, el exilio al que se vio forzada a experimentar, y que le llevó a vivir en varios países de Centroamérica, entre ellos Guatemala, país que nuevamente tuvo que abandonar junto a Pepe su esposo y Nora su primera hija, cuando derrocaron al presidente Jacobo Árbenz.

Los recuerdos nos paseaban por la historia reciente de los pueblos de América, siempre en amenaza colonial, incluso en la actualidad, cuando dos gringos fueran capturados en las costas de Aragua por pescadores del pueblo de Chuao.

Rafael, el padre de los Nazoa, quería que la A fuera la letra con la que iniciaran los nombres de cada uno de sus hijos e hijas, sin embargo un cura al bautizar a Alba, le puso Elba y a la querida Aidé, le colocaron delante una H, por normas gramaticales.

Mi cámara buscaba distintos ángulos para retratar a Aída junto a sus recuerdos, y al preguntar de dónde sacó tanto encanto Aquiles Nazoa, que era de quien debíamos hablar, me respondió que quizás fue el haber nacido en un hogar tan alegre y unido.

Micaela, su madre, era una mujer con una capacidad para canalizar la tensión a través del humor, de todo sacaba un chiste, Rafael su padre, era un inventor, que disfrutaba haciendo feliz a las personas.

La imagen más hermosa que conserva Aída de su padre y Aquiles, se remonta a sus cinco años, Aquiles tendría unos 15, quienes después de un paseo dominguero, llegaban a casa con las manos llenas de flores y los rostros rebosantes de felicidad.

“Mi papá, Aquiles y Elba eran patria o muerte los tres, ellos se iban todos los domingos a pasear, en una bicicleta los tres, llegaban cargados de flores, llegaban contentos, frescos, felices”, así recordó nuestra entrevistada.

Recordando a Aquiles, su hermana menor dijo “Aquiles era una persona sumamente graciosa, muy amigable, una se moría de risa estando con Aquiles, era tan buena gente, que si tu tenías una tristeza, podías jurarlo, te ponías a hablar con él, a los diez minutos ya eras un ramo de felicidad”.

Aída emocionada contó que “todo el mundo quiere a Aquiles, es el ser más querido, aún por quienes no lo conocieron”

Por eso cuando todavía ni pensaba en casarse, Aída decidió que su primera hija nacería el 17 de mayo, el mismo día que su querido hermano, y así pasó, Nora llegó el mismo día que Aquiles a este mundo.

“Cuando me preguntaban por qué, respondía, porque el 17 de mayo es el día que nació Aquiles, el ser más querido del país y yo quiero que a mi hija la quieran así. Eso fue mágico, realmente mágico”.

Pero eso no fue todo, su hermana morocha la cogió también por ahí, dijo Aída “ella quería que su hija también naciera el 17 de mayo”.

El parto de Aidé estaba cuadrado para una fecha distinta, los tiempos no coincidirían, el 17 de mayo fue al cine a ver una película documental sobre la tragedia de Hiroshima y la angustia la embargó, al salir tuvieron que llevarla a la clínica, le dijeron, hay que hacerte una cesárea ya, entonces mi hermana vio nacer a su primera hija a quién le puso mi nombre y quien también nació en la decretada fecha. A modo de pregunta Aidé dijo: “¿No te parece mágico?”

Aquiles, Nora, Aída (hija) celebraban en familia los cumpleaños como uno solo, muchas veces lo hicieron en un jardín de la casa de San Antonio de los Altos en los que hacían tremendo bonche, con piñatas monumentales, en esas fiestas Aquiles recitaba y filmaba los alegres encuentros.

“Cuando nos allanó la Digepol la casa en los Palos Grandes, años después, se llevaron todas las películas porque eran subversivas, nuestras piñatas, fueron robadas”

Las fotos que tomé desaparecieron de la memoria de la cámara, mi sueño se hacía realidad, Bernardo, el Coordinador de Fotografía de Ciudad CCS logró recuperar los archivos, la magia Nazoa, permitió entregar este trabajo, resultado de un encuentro, del que falta por escribir.

Las morochas decidieron que sus hijas nacerían el mismo día que nació Aquiles

ÉPALE 371