ÉPALE283-AÍDA PRESILLA

LLEVA CASI UNA DÉCADA DEDICADA A ESCUDRIÑAREL ARCHIVO DE FRANCISCO DE MIRANDA, COLOMBEIA, UNA DENSA COLECCIÓN DE MÁS DE 60 TOMOS ORGANIZADOS POR EL MISMÍSIMO CARAQUEÑO UNIVERSAL, QUE RECOPILA DE MANERA METICULOSA UNA AMPLÍSIMA COLECCIÓN DE CARTAS, MANUSCRITOS, OBJETOS DE ARTE, ANÉCDOTAS Y OTRAS COSAS

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO ⁄ FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

Vive en Finlandia, aunque regresa varias veces al año a Caracas, su ciudad de origen, a reencontrarse con la tibieza de su sol y de su gente, recorrer las calles del centro de Caracas, donde asegura que encuentra unos ritmos y un bullir emocional que le resulta interesantísimo y cercano, y que contrasta radicalmente con las maneras de ser y de vivir de los finlandeses, a quienes cataloga como personas distantes, frías. Es una entusiasta coleccionista de piezas de arte y artesanía venezolana, una de esas sencillas embajadoras que hacen vida fuera de nuestras fronteras procurando hacer honor a su terruño. Con frecuencia aprovecha sus paseos por el casco histórico para alimentar su repertorio con piezas de creadores como Felipe García y muchos otros. Se autodenomina una seguidora fiel del pensamiento de Hugo Chávez, una amante de Venezuela y la venezolanidad. Aída Presilla Strauss, de 56 años, tesista del doctorado en letras de la Universidad de Helsinki, mira con ojos asombrados y quiere conocer cada detalle de las cosas que ve. Aborda, sin tapujos y con ánimo conversador a los personajes de la plaza Bolívar, ama la historia y asegura que se recrea y emociona imaginando a nuestros próceres caminar por los empedrados de nuestras cuadras fundacionales. Cada vez que visita Caracas recorre varias decenas de veces el Bulevar Panteón, en parte porque es adicta a los cocos fríos que vende cierta frutería más arriba de la esquina Tienda Honda, y muy especialmente porque es adicta también a revisar los manuscritos originales y diarios de viaje del Generalísimo Francisco de Miranda.

“ÉL ESTABA MUY CONSCIENTE DE LA GRAN IMPORTANCIA DE AQUELLOS TOMOS, ÉL SABÍA QUE DEJABA UN LEGADO VALIOSOEN ELLOS”

—¿QUÉ TE LLEVÓ A ESTUDIAR AL GENERALÍSIMO?

Hace años conocí a Jukka, mi esposo, un maravilloso poeta y escritor finlandés que circunstancialmente se encontraba aquí, pero que deseaba regresar a su país. A mí me encanta Venezuela, pero en ese momento pensé “no, Aída, o tú te vas a Finlandia o te quedas solterona”, y bueno, me fui —comenta y ríe simpática—. Algo me decía que el viaje me iba a pegar un poco y decidí llevarme un libro. Casualmente tenía cerca una edición de los diarios de viaje de Miranda, y como vi que él había visitado el territorio que hoy ocupa Finlandia, me pareció de lo más pertinente, además de hermoso también, tomar ese libro como compañero de viaje. Ese fue mi primer encuentro con Miranda y ahí me quedé enganchada. Tiempo más tarde, cuando entré al doctorado y tuve que precisar una línea de estudio, vine de nuevo a Venezuela, mi tutor me había pedido regresar con un tema para la tesis. Visité el lugar en donde se encontraban los tomos del Colombeia, vi que era posible y ahí me decidí a estudiar el archivo de Miranda.

Tomos, todos, de valor inestimable

Tomos, todos, de valor inestimable

—¿QUÉ DATOS INTERESANTES ENCONTRASTE EN LOS DIARIOS?

Esos diarios, vistos simplemente como objetos, ya son interesantísimos. Por la forma como están organizados los folios, por los materiales que encuentras allá adentro, que son muchísimos: diferentes tipos de papel, folletos y publicaciones de muchos países, unos encuadernados hermosísimos con detalles incluso pintados con oro, dibujos, muchas cosas. Como investigadora en filosofía y letras te puedo decir que es muy notable encontrar que Miranda escribía con una grafía hermosa y en muchos idiomas: español, inglés, francés, italiano… muchos idiomas. Claro, en aquella época había muchas cosas que no estaban normadas, entonces tú en su archivo puedes encontrar cosas como la palabra “viages”, así, con ge, y no es que estuviera mal escrito, sino que en ese entonces era permitido escribirlo así, y con jota también. Entonces tú ves que tanto en español como en muchos otros idiomas Miranda escribía, utilizaba muchas formas de escribir una misma palabra, así fuera la forma establecida o no, lo más importante es lo mucho que escribía. Yo por eso, aunque muchos otros investigadores de las letras consideren que no es así, considero que Miranda era un verdadero escritor.

“AL HOMBRE LE FASCINABAN LAS MUJERES, NECESITABA DE ELLAS Y HASTA HACÍA REGISTRO DE CÓMO ERAN”

—¿CÓMO FUERON RECOPILADOS ESOS DIARIOS?

—Miranda mismo se ocupaba de guardar todos esos documentos, y llegado cierto punto de su vida se dedicó, junto a su secretario, o a sus varios secretarios, de darles orden y encuadernarlos. Él estaba muy consciente de la gran importancia de aquellos tomos, él sabía que dejaba un legado valioso en ellos.

Todo el archivo está organizado en la colección Colombeia

Todo el archivo está organizado en la colección Colombeia

—¿HAY DATOS EN EL ARCHIVO SOBRE SU RELACIÓN CON CATALINA LA GRANDE?

Mira, sí, pero no es lo que la gente cree. O bueno, al menos yo no he encontrado nada que haga pensar que tuvo amores con Catalina. Pienso más bien que esa idea puede ser producto del imaginario machista que nos caracteriza un poco a los venezolanos, porque aunque ciertamente sí he podido constatar que tenían una amistad cercana, y que muchas veces se reunieron a conversar, esas conversas ni siquiera eran en privado, siempre había gente de la corte presente, Miranda no escribió nada sobre una relación de intimidad con ella, al menos nada que yo haya podido leer. Eso sí: al hombre le fascinaban las mujeres, necesitaba de ellas y hasta hacía registro de cómo eran. Cosas como “las finlandesas tienen las tetas duras”, se pueden encontrar ahí. Se refería a las mujeres como “el sexo”, era su forma de nombrarlas, y era un hombre muy tremendo. Hay una anécdota sobre una amiga muy íntima que tuvo, una mujer casada, y en una ocasión hicieron un viaje en carruaje y en un carruaje iba el marido y los hijos de la mujer, y en el otro iba Miranda con ella teniendo relaciones sexuales, ahí al lado.

—¿Y ES CIERTO QUE TENÍA UNA COLECCIÓN DE VELLOS PÚBICOS DE MUJERES?

Yo solamente he visto uno, se encuentra en el tomo doce del Colombeia. Fue esa misma amiga, ellos tenían una relación muy hermosa, y ella misma se lo regaló.

Unos minutos después, un amable custodio del archivo nos escucha hablando de la curiosidad de los vellos púbicos y se acalora: “Yo sí he visto la colección, hay bastantes, con nombres y todo, pero eso no se puede decir porque la gente es muy cochambrosa y puede pensar mal del General”. Aída y yo nos miramos. Quizá nunca sepamos la verdad sobre el mito.

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