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POR CÉSAR VÁZQUEZ / FOTOGRAFÍAS JESÚS CASTILLO

ÉPALE269-PICHONES 3¿Conoce usted alguna picantería donde además de la más variada oferta cultural, se mezclan los sabores de una cocina orgánica, con productos naturales y de alta temperatura, bajo un concepto gastronómico que no deja ni el más mínimo detalle por fuera?

Nadie puede negar que los venezolanos somos un público bastante picante destinado a hacer de lo que comemos —si es posible— una experiencia sensorial a pesar de la situación que atravesamos. Una de las razones es que siempre buscamos algo que nos aderece lo que vayamos a comer, antes de llevarnos el primer bocado y así recordar que la humedad extrema es a la boca, lo que el sabor es al caribe o la sabrosura.

Si te acercas un viernes o un sábado después de las 6 pm, por los espacios abiertos del Teatro Teresa Carreño —que mantiene las tarifas del estacionamiento más baratas de todo el país— no es nada extraño que te consigas un trabuco musical, como por ejemplo el que se viene cocinandoÉPALE269-PICHONES 1 a fuego lento llamado “La terapia” para amenizar el encuentro, con músicos de la talla de Nené Quintero entre otros —y no les puedo adelantar más— por que en Ajíes, la picantería de esta ciudad, no hay promesas rotas. Hasta el más elaborado coctel, que no pasa de los Bs. 100, hará que los paladares más experimentados se estremezcan virginales o evangélicos. El rocoto (ají andino) hace de la mermelada, las salsas y la mayonesa un postre o una entrada triunfal para untarlo con todo. El Jobito o el Caribe pulverizado se ven como astillas que purpurean para las papilas (o pupilas, porque la oferta  también es visual) no apta para hinduista de libidos cardiacos.

El popular ají dulce, el más dulce de la familia, se destaca en este elenco mientras se mantienen a la orilla del vaso y nuestros anfitriones insisten en seguir deleitándonos con lo que falta, “ahora siéntese y goce que viene la comida”. La entrada vino con un ceviche de textura gratinada por la cocción del limón y el picante, acompañado por un casabe oriental horneado que lo complementa en su quinta esencia, este plato en sí ÉPALE269-PICHONES 4mismo podría ser un plato principal, sin embargo nadie —ni Jesús Castillo el fotógrafo, ni yo— podíamos ser indiferentes con las hamburguesas, que se paseaban por la carta como las de: Plátano Margariteño, Lenteja Catara (por aquello de las hormigas culonas), Negro Padrón (asado negro, típico o caraqueño), Ajíes Burguer (120 gramos de carne con topping de queso y tocineta), Pernil Rocoto (pernil y picante) y, para cerrar, Caribe Burguer (una verdadera “Diabla” moderada). Y cuando digo, sin exagerar, que nada escapa del concepto como fue concebida esta picantería, me refiero a que las doce mesas del restaurante están vestidas de par en par por un color que corresponde a una paleta de colores que mide el picor de los ajíes o pimientos, conocida como la escala Scoville.

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