alejo duran

EN EL OLIMPO DE LOS GRANDES DE LA MÚSICA Y LA POESÍA DEL PLANETA DEBE FIGURAR ESTE CAMPESINO DE EL PASO, JUGLAR ROMÁNTICO DE UN TIEMPO DE CANTORES ERRANTES

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

El vallenato no es esa cosa plañidera y de letras idiotas que nos acostumbraron a escuchar desde los años 90 para acá. Después de que el Binomio de Oro llenó el momento cumbre e inicio de la decadencia de un género que se paseó con altísimas figuras por todo el siglo XX, el de la radiodifusión y de la industria musical, lo que hemos estado escuchando con ese rótulo ha sido una especie de balada tímida para gente muy aburrida o muy cansada como para tener que escuchar buena poesía. El acordeón dejó de roncar y de surfear en los agudos y pasó a deslizarse en chillidos estúpidos, casi tan estúpidos como las letras que marcaron al vallenato justo en el esplendor de Los Diablitos. Ha pasado con todos, o casi todos, los géneros, no le ocurrió solamente a esta expresión maravillosa de Valledupar y de toda Colombia.

De ese desastre cualitativo se salvó una notable excepción, un Diomedes Díaz que, más allá de su tragedia personal y (dicen) moral, fue uno de los compositores más prodigiosos del Caribe. Pero antes de Diomedes ocurrieron algunas cosas y florecieron varios personajes importantes.

ÍDOLO DEL PUEBLO

Antes del Primer Festival de la Leyenda Vallenata (1968) a Alejo Durán ya lo conocían en los pueblos y caseríos del Oriente de Colombia. Nomás enterarse de que se iba a realizar este certamen, el cantor cogió su acordeón, se embarcó en un “por puesto” y se fue a Valledupar para encontrarse con los mejores exponentes del género.

En una parada se bajó el negro Alejo a tomarse un refresco en un quiosco del lugar y entabló conversación con la vendedora. El campesino, buen hablador como todo juglar, le contó a la muchacha en qué andaba, y en lo que andaba era en esto: “Voy a participar en ese festival porque creo que puedo ganar”, le contó. Y la mujer lo bajó de esa nube: “¿Qué va a estar ganando usté? Olvídese: en ese festival va a estar tocando Alejo Durán”.

Ese fue el festival de aquella otra anécdota tantas veces contada.

El favorito de los entendidos para alzarse con ese galardón era un músico que, para entonces, ya tenía labrada su propia leyenda: Emiliano Zuleta. Era tan favorito de todo el mundo Emiliano que esa misma tarde, antes de montarse en la tarima, se emparrandó de tal manera con sus músicos que cuando le tocó subir estaba demasiado borracho y echado a perder y su actuación fue lamentable. Otras versiones del mismo evento relatan que fue llamado tres veces a subir para su presentación, pero que nunca se presentó. Entonces, un sobrio y emergente Alejandro Durán hizo lo que mejor sabía, convirtió en himno de la clase humilde a “Mi pedazo de acordeón” y se llevó la gloria de ser el primer Rey Vallenato de la historia.

Veintiún años después tuvo lugar aquel otro episodio, que retrata y explica muy bien al ser humano con altísimo sentido ético que fue este caballero, campesino, pobre y gigantesco en su humildad. Fue durante el Rey de Reyes del Festival de la Leyenda Vallenata, evento que congregaba a los ganadores de la Leyenda. Llegado el momento de intervenir en la final, antes y durante su presentación se metió a todo el mundo en el bolsillo, y ese “todo el mundo” incluía al jurado, al público, a toda la Colombia amante de su cultura y su buena música. Estaba cantado que iba a obtener el galardón cuando, de pronto, a mitad de su interpretación del clásico “Mi pedazo de acordeón”, se detuvo y le explicó al público y al jurado:

“Me acabo de descalificar yo mismo. Acabo de equivocarme”, y se retiró de la tarima ante el desconcierto de todos. Al parecer había cometido un error indetectable en su ejecución del acordeón, y su sentido del respeto a la música y a la gente lo llevó a declararse perdedor.

La gente protestó y solicitó que lo dejaran terminar de tocar y cantar, y Alejo lo hizo. Pero al final fue declarado ganador Colacho Mendoza; el encuentro terminó a golpes y disparos.
Dos años después, el 15 de noviembre, moría de un infarto este grande de la cultura.

Tiempo atrás le había concedido una larga entrevista a David Sánchez Juliao, cronista de la costa caribe colombiana, a quien le pidió que atesorara esa grabación y la publicara de manera póstuma. Alejo Durán nunca escuchó este documento, que es un lujo de alegato que combina testimonio y canción, un formato que ha intentado ser imitado por y con otros cantores de estas y otras latitudes. Está disponible en internet.

El 15 de este mes se celebró un año más de su fallecimiento, y el 9 de febrero de 2019 se cumplirá un siglo del nacimiento de este formidable ejemplar de humanidad.

EPALECCS303

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