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EL DISCURSO DE ALÍ ES TAN GENUINAMENTE POPULAR Y TAN GENUINAMENTE ANTIPODER QUE LOS PODEROSOS DEL MUNDO JAMÁS SE SENTIRÁN CÓMODOS EN SU COMPAÑÍA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Hace unos días se volvió a confirmar cierta especie de ley. Parece que durante un acto del nazi-fascismo venezolano en la UCV a alguien se le ocurrió colocar unas canciones de Alí Primera, y el asunto descolocó a más de un asistente al aquelarre. Incómoda situación: las canciones de Alí han sido tradicionalmente despreciadas o desconocidas por el sifrinaje y la derecha, por razones obvias, pero algunas de ellas tronaban una denuncia que, extrapolada al momento actual, parecían encajar de lo mejor: “Qué interesante —pensaron algunos—, que un comunista diga cosas que pueden herir al gobierno comunista”. Que Alí haya cantado esas cosas en los años 70 y en un mundo definitivamente mutado y distinto a este se cae de obvio, pero para una gente que detesta al pueblo aquello de tener que apelar al Cantor del Pueblo para desafiar al actual Gobierno les generó un bonito…

CONFLICTO DE AMOR-ODIO

Un imbécil de apellido Sosa Azpurua, muy adulado por la burguesía, pequeñoburgués él mismo, vino a poner las cosas en su sitio. El tipo se refirió a Alí Primera en términos despectivos y pretendidamente humillantes. Palabras más, palabras menos, farfulló el bobo en su cuenta de Twitter que esa cosa no merecía ser llamada poesía ni arte, porque era música para ser escuchada en un rancho entre borrachos y, tal vez, con el llanto de un niño al fondo. Y automática y unánimemente el auditórium racista estuvo de acuerdo con el dictamen: ese tipo “no nos sirve”, fue su conclusión. Y vaya, las cosas que pasan: por esta vez en la vida estamos de acuerdo con el fascismo venezolano y con la burra que se dignó escupir el análisis para tranquilizarle la conciencia de clase a sus compañeros de cloaca.

Ciertamente, el discurso de Alí es tan genuinamente popular y tan genuinamente antipoder que los poderosos del mundo jamás se sentirán cómodos en su compañía. Usted puede agarrar una docena de letras y consignas y aplicárselas al Gobierno actual de Venezuela y revolcarse en la sensación de que el discurso de Alí está haciéndole un reclamo desde ultratumba al Gobierno chavista. Usted puede, repito, embadurnarse en esa ilusión y padecerla o disfrutarla (según sea su ubicación dentro del espectro emocional del chavismo), pero puede irlo anotando: nunca jamás, bajo ninguna circunstancia histórica, las hegemonías, sus sirvientes y adulantes, locales o internacionales, podrán utilizar el discurso de Alí Primera como trampolín para ganar indulgencia con escapulario rebelde.

El discurso del Cantor del Pueblo es lo que es porque Alí lo fue construyendo en el contacto físico y material con un país, con sus caminos y personas. Hay artistas, poetas, cantores y exponentes de sus respectivas artes que han conseguido pasar por íconos representativos de manifestaciones que nunca conocieron desde adentro. Rubén Blades jamás vivió en un barrio (él, tan clase media y tan Sosa Azpurua), pero la gente le agradece los retratos de “Pablo Pueblo” y “Juan Albañil”; Simón Díaz puede que un día haya hecho el simulacro de ordeñar una vaca para que las cámaras capturaran el momento y lo vendieran como auténtico, así que es una incongruencia atribuirle la paternidad o la máxima expresión de la tonada, pero mucha gente considera que nadie cantaba tonadas como él. Neruda y Otero Silva eran burgueses y engreídos pero qué le vamos a hacer, el dictamen es que fueron comunistas y la gente cree que de verdad escribir buena poesía hace comunistas a las personas.
De Alí Primera se podrá decir cualquier cosa menos que no conoció el país, la clase y la gente a las que le cantó. Cuando el hombre entona “Cunaviche adentro” lo hace de verdad impactado con esa inmensidad y con la miseria del vaquero; cuando habla de la falconía lo hace integrado a la piel de ese territorio del que fue una partícula viajera. Cuando modula cosas sobre el lagrimear de Las Cumaraguas lo que sigue es puro amor y dolor de cuerpo presente. No hay centro poblado en este país donde no haya vivido un ser humano que no tenga un recuerdo, una foto, una anécdota de Alí a flor de labios. Alí Primera vivió aquí, y vivir significa que su parranda no era estéril sino método de comunión con nosotros, la gente de su pueblo.

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