ÉPALE300-LIBREMENTE

POR MIGUEL POSANI  • @MPOSANI / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

Generalmente, pensamos que solo debemos llenar nuestro estómago, que esa es la forma de alimentarnos, pero no es así. También debemos alimentar nuestra mente, porque si no lo hacemos es como un motor dando vueltas y desperdiciándose en la nada, o repitiéndose en pensamientos simples y banales, en creencias sencillas y aparentemente neutras que, como virus, colonizan y manipulan millones de mentes.

Pero al sistema de poder imperante no le interesa que tu mente se nutra; mejor dicho: le interesa que, como sucede con tu cuerpo, te alimentes de papitas fritas, grasa, azúcares y colorantes artificiales.

¿Y cuál sería ese mal alimento para la mente? El chisme, lo banal, el olimpo de la industria cultural, los divos de la pantalla, lo luminoso y lo numinoso del consumo; la repetición cotidiana de hábitos inconscientes, funcionales al consumo.

Esta es la realidad: alimentamos mal nuestro cuerpo y nuestra mente.

Por ejemplo: cuando leo comienzo a interactuar con conceptos, ideas, imágenes; es como si conversara con el autor que escribe.

Si nos preguntamos cómo alimentar nuestra mente debemos prestar atención a los pensamientos que produce esta, cuáles son las ideas que repite todos los días.

Recuerda que lo que ves, lo que lees y lo que escuchas es alimento para tu mente. Si te la pasas viendo películas de terror eso es lo que entra en tu inconsciente. Si te la pasas viendo telenovelas eso es lo que chupa tu mente: sus modelos, sus estereotipos, sus lugares comunes que, generalmente, van ocupando tu mente desde que eres pequeño, sin que te des cuenta. Te la van colonizando silenciosamente.

¿Qué sucede entonces?

Que te pasas la vida esclavo de pensamientos y sentimientos que no controlas ni, menos aún, puedes eliminar.

Además, algo que no nos enseñan en la escuela es cómo ser conscientes de nuestro diálogo interior.

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