*¡ALÓ!

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco 

Eso de esperar turno para hacer una llamada en una cabina telefónica parece haber quedado en el recuerdo, desde que la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela, alias Cantv, ha ido desincorporando de a poco este servicio, quizás por presumir que todo el mundo debería cargar un celular; a igual razón, por el uso indiscriminado de algunas personas dejándolos en mal estado.

Así, el servicio en centros comerciales, aceras, esquinas, estaciones del Metro de Caracas, etcétera, ha ido a parar casi al nulo. Es harto difícil hallar un aparato telefónico para una conversación.

Es de un pasado romántico eso de meterle un mediecito a la ranura y listo, o el más reciente, el de pasar la tarjeta magnética por el canal de la caja para de tal manera darle paso a la simple llamada, o calarse la extendida cotorra como la del otro día al lado de una señora en la esquina de Monjas cuando aquel aparato servía. Un episodio tan sencillo ese, el de ponerse uno a esperar por el uso de una cabina para una llamada gratis de tres minutos, como la que siempre solía hacer, y tener que mamarse tal cadena.

Total, que el cuento es cuento, con una señora cincuentona ella de las que no comen coba a la hora del chisme, y yo con intenciones de una llamada local a casa, porque ese sistema solo sirve para ese tipo de llamadas y no cargaba mi celular.

—¡Aló!, hola María Dolores. ¿Todo bien? Por aquí, chévere. Cuéntamelo todo… ¿Cómo es la vaina, que tu hija se fue para Chile? Coño, allá debe estar respirando el gas lacrimógeno que jode. A mi hijo también le dio por irse, pero al Perú, y cuando supo lo del desnalgue contra los venezolanos y la mortandad por la pandemia, ni por el carajo se fue ¡Jajaja!… Sí, ¿Qué dónde está? Por ahí, mototaxeando y cobrando en dólares… ¡Ajá! Si te soy sincera sí, los bonos toditos y las pensiones una tras otra; pronto el aguinaldo con petro y todo y ese pernil que no me lo pelo ni a balazo… ¿Mi marido? por ahí, también buchón. Menos mal no le cogió la seña al compadre Carlos José y no se puso a tomar ese cocuy puyao que anda por ahí. El compadre murió y ya no va a poder matricular este diciembre ¿Qué tal?…

Y fue que la tipa se volvió a quedar sin los tres minutos, y ya dispuesta a marcar para seguir fajada, lanzándome una soberana torcida de ojos volvió a teclear para continuar el coloquio, mientras mi arrechera fue a parar a un celular alquilado por treinta mil el minuto, y ni modo.

ÉPALE 401