ÉPALE 236 MONTE Y CULEBRA

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN HENRY ROJAS

En estos días Caracas recordará que hace medio siglo tuvo su cumpleaños más trágico. El 29 de julio, en plena continuación del fiestón cuatricentenario, a la tierra le dio por ejecutar un sacudón y se llevó en los cachos a más de 300 víctimas en Caracas y el Litoral Central, actual estado Vargas. Como ya veremos llover relatos y testimonios por guacales, quisiera adelantarme y referir o recordar un episodio que involucró al periodismo y a los consumidores de noticias de entonces.

Venevisión realizó el domingo 30 de julio la primera transmisión en tiempo real de 24 horas. Fue un recorrido por la tristeza de la Caracas devastada, un registro del trabajo de funcionarios rescatistas y voluntarios ayudando a las víctimas y damnificados en su espantoso y traumático momento. He tenido la suerte de conversar con José Campos Suárez sobre aquel momento, porque él fue testigo, y casi protagonista, de un hecho que sacudió al periodismo. Esa madrugada salió en plan reporteril a cubrir las incidencias del terremoto y, en la organización de su ronda, se tropezó con Oscar Yanes, quien era reportero de Venevisión. Ambos se fueron en el carro del canal a Caraballeda, al edificio Mansión Charaima, uno de los que resultaron más destruidos por el sismo. Aparte de ese detalle, el edificio era noticia porque allí tenían apartamentos gente famosa o “notable” de la época, como el animador Marco Antonio “Musiú” Lacavalerie y la familia Páez Pumar.

Una vez en el lugar procedieron a entrar y registrar en vivo las labores de rescate. Cuenta Campos Suárez que llegaron a un apartamento en ruinas donde había una niña atrapada de la cintura para arriba; los bomberos demolían y removían escombros alrededor de su cuerpo. Cuando el jefe de la cuadrilla consideró que la niña podía ser liberada ordenó halarla por los brazos, y los bomberos halaron; todos los televidentes presenciaron el momento en que los funcionarios levantaron, no a una niña, sino a media niña. Por mucho tiempo se comentó, sin que se haya podido verificar (Campos Suárez no recordaba ese detalle), que Oscar Yanes le ordenó a gritos a su camarógrafo que captara esa imagen del espanto.

Por supuesto que le preguntamos a Campos Suárez si no consideraba que eso era amarillismo, que era una agresión a la ética del periodismo. “No señor —dice Campos Suárez—, tal vez sea sensacionalismo, pero eso que se mostró al país fue una verdad. Amarillismo es presenciar un accidente con cinco muertos y publicar que había 40. O encontrar a un hombre ahogado y decir que, además de ahogado, estaba degollado”.

A principios de los años 90 el diario 2001, donde trabajé como reportero (José Campos Suárez era jefe de redacción), publicó en primera página una foto monstruosa: el cadáver del mayor Ocando Paz con los ojos sacados a chuzo en el retén de La Planta. Misma pregunta, misma respuesta: “Si ese fotógrafo no me hubiera traído esa foto lo hubiera despedido”.

 

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