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NO FUERON SOLO LAS BARRICADAS, FUERON TAMBIÉN LAS MOLOTOVS, LAS AMENAZAS DE TODO TIPO Y HASTA LAS COLAS. EL PASADO 30 DE JULIO MÁS DE 8 MILLONES DE PERSONAS DEMOSTRARON QUE NO HAY OBSTÁCULO ALGUNO CAPAZ DE IMPEDIR QUE EN VENEZUELA TRANSITEMOS EL CAMINO DE LA PATRIA Y DE LA PAZ

POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO

CARACAS

Despertar un domingo a las 4:30 am es algo que no acostumbra a hacer una persona como Mauricio Sánchez, habitante de la parroquia Leoncio Martínez de Caracas, a menos que sea un asunto deportivo: la Vinotinto, Chile, la Fórmula 1 y esas cosas. Los domingos no hay ruido, descansa la guarimba, o eso dicen; es un buen día para dormir, al menos, hasta las 7. Pero el 30 de julio fueron las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente y Sánchez, pese a vivir bajo el régimen impuesto en una de las zonas caraqueñas más asediadas por la violencia guarimbera, estaba decidido a salir a votar.

Desde días antes ya se sabía que el 30J no sería un día fácil. La furia, que parecía haber mermado tras el fracaso del fenómeno paranormal al que la derecha llamó plebiscito, volvió con toda su energía en los días previos a las elecciones, en forma de amenazas y órdenes de impedir la votación; de ahí que Mauricio temía que no se le permitiera salir de la avenida Rómulo Gallegos. Cuenta que él y los chavistas de su zona decidieron salir cada quien por su lado para evitar llamar la atención de los opositores violentos.

“LOS VOTANTES LLEGABAN DE TODOS LADOS Y TODOS CON CUENTOS DIFERENTES. DECÍAN QUE EN SUS COMUNIDADES HABÍAN QUEMADO CENTROS, QUE HABÍAN ENDURECIDO LAS BARRICADAS, QUE LOS TENÍAN AMENAZADOS”
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Por los lados del este caraqueño, el chavista promedio se camufla entre el paisaje y atraviesa barricadas procurando pasar inadvertido, no sin sentir miedo sino consciente de los múltiples peligros: el peligro de ser incendiado vivo por chavista, pero también el peligro de hacerse presa del terror, de caer en la desmovilización y dejar que todo el país sea tomado por los violentos. Ante este segundo peligro el primero parece una nimiedad, por eso aquella madrugada apenas aparecía el primer rayo de luz cuando Sánchez ya iba camino a la estación del Metro para tomar el tren que lo llevaría hasta Plaza Venezuela, y luego tomar rumbo al Poliedro de Caracas, vestido como deportista y con una coartada decente: “Si alguien me preguntaba, diría que iba a trotar”.

Otra manera de estar en la olla. Foto Marcelo García

Otra manera de estar en la olla. Foto Marcelo García

MÉRIDA

El sábado 29, en la comunidad de Pan de Azúcar, municipio Campo Elías del estado Mérida, el centro de votación Unidad Educativa Integral Juan XXIII fue tomado por un grupo violento que saqueó y quemó todo el material electoral, y secuestró a los guardias y miembros de mesa lesionándolos y amenazándolos de muerte. La información de este hecho no corrió sino hasta la madrugada del 30, cuando los votantes se comenzaron a organizar y decidieron formar grupos grandes e irse caminando hasta la población de Ejido, a más de 5 kilómetros por la carretera Trasandina. Lo que les esperaba no era un agradable y largo trayecto de contemplación por las montañas merideñas sino el terror de ser atacados con morteros, bombas molotov y otras armas preparadas por la violencia fascista. “En uno de esos grupos que fueron atacados por la derecha hubo un par de muchachas cuyo padre formaba parte de esos grupos violentos. Ellas también eran opositoras pero cuentan que estaban hartas de respirar gases y de vivir con miedo. Habían amenazado a su padre con que si volvían a respirar un gas lacrimógeno iban a votar en la Constituyente. Esas muchachas cumplieron con lo que habían dicho y fueron a votar a pesar de que su familia lo trató de evitar, pero ellas lograron salir y fueron asediadas por la misma violencia de la que formaba parte su padre”, cuenta una mujer a quien en adelante llamaremos Yudith Paiva, quien fue miembro de mesa en el centro de votación que se colocó en la estación de Tromerca, en Ejido, y también había estado secuestrada en su centro de votación por el terror y las amenazas del día anterior; por lo que a las 5:45 de la mañana, mientras Mauricio Sánchez apenas había logrado ingresar al tren del Metro de Caracas que lo llevaría hasta el Poliedro, ya Yudith había soñado con el quincuagésimo café y había orado el enésimo padrenuestro por sus dos niñas, a quienes no había podido ver desde el día anterior.

Tachirenses se enfrentaron al cauce del río Torbes para ejercer su derecho al voto

CARACAS

“Llegamos a Plaza Venezuela a tomar la Línea 3 y me sorprendió ver el andén lleno de gente, no cabía nadie más. Me encontré a mis vecinos, unas ocho personas, que también habían salido, más temprano que yo. Todos íbamos al Poliedro y cuando esto estuvo claro hubo una especie de relajo. Llegando al Centro de Contingencia la gente sacó franelas, pancartas y empezaron a oírse hasta cantos; la cantidad de personas que a esa hora estaban en el Poliedro haciendo su cola era enorme. Nosotros llegamos como las 6 am y había miles de personas, caminamos más de un kilómetro para poder llegar a lo que era, en ese momento, el final de la cola”, cuenta Mauricio.

La mañana en el Poliedro fluyó en alegría durante varias horas mientras la cola avanzaba, pero cerca de las 10 am la organización comenzó a quedarse corta para la cantidad de gente que asistió a las urnas: se armaron diferentes colas y embudos de gente para entrar a las diferentes mesas. El colapso del Poliedro como Centro de Contingencia para los votantes de los centros asediados no entraba en los planes de quienes auguraban para el 30 un desolado y fallido proceso electoral: “Luego de votar, cuando iba de regreso a mi casa pude hablar con gente que no aguantó tantas horas de cola y decidió irse, pero muchos aseguraban que buscarían otro centro para ir a ejercer su voto. Luego leí que hubo miles que se quedaron sin votar, pues decidieron cerrar el centro por la noche y ahí se quedaron”.

 

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Luego de cruzar el río aún tuvieron que enfrentarse con violentos que cerraban el paso

MÉRIDA

Tibisay Lucena habló de violencia en Mérida, pero el mutismo de los medios de comunicación aquel día permitió que lo ocurrido en Mérida fuera ignorado por el resto del país. “Mérida fue uno de los sitios más violentos ese día. En pueblitos como Tovar, Santa Cruz de Mora, incluso, acabaron con centros de votación enteros. Mérida es muy escuálida, pero lo interesante es que aquel día los que somos de Mérida nos pudimos dar cuenta de que no votó solo el chavismo, votó también la derecha. En el centro de votación donde yo estaba los votantes llegaban de todos lados y todos con cuentos diferentes. Decían que en sus comunidades habían quemado centros, que habían endurecido las barricadas, que los tenían amenazados. De hecho, actualmente todavía en muchas comunidades a la gente que se sabe fue a votar, o que fueron miembros de mesa, están bajo amenaza por parte de los violentos, ellos aseguran que nos van a quemar las casas si les llega la Operación Tun Tun”, afirma Paiva.

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No hubo obstáculos para el voto

Y EN EL RESTO DEL PAÍS…

Cuenta Carola Chávez que en Cabudare, estado Lara, una buena amiga suya planificó junto con sus vecinos salir a votar disfrazados como testigos de Jehová. Las redes sociales se colmaron aquel día con las imágenes de un pueblo (Palo Gordo, estado Táchira) donde un caudaloso río de gente hizo ver pequeño al río Torbes cuando, huyendo de disparos y granadas, se echaron a sus aguas para poder ir a votar. Mientras todo esto pasaba, el sitio web del diario El Universal publicó aquel día su versión de lo ocurrido en el proceso de votación: calles vacías, noticias negativas y ni una sola imagen alentadora al chavismo. La intención era desinformar nacional e internacionalmente para imponer la matriz del fraude, pero los más de 8 millones de personas que pelearon contra las balas, las bombas y el caudal de un río para ir votar son un pueblo al que ya no se le engaña. Como dice Mauricio Sánchez: “Salimos a demostrar que el camino de Chávez es el que hemos elegido seguir, que miramos el futuro con esperanza. Votamos con conciencia y compromiso, en un momento de peligro inminente para nuestra patria, en medio de una violencia desbordada que ha cobrado la vida de cientos de personas, con una guerra económica que nos ha quitado el bienestar. Esto es una de las acciones más revolucionarias que jamás haya realizado el pueblo de este país y espero, de todo corazón, que nuestros gobernantes sean capaces de entender este mensaje”.

 

Los tachirenses se sorprendieron al ver la cantidad de personas que se movilizó junta

Los tachirenses se sorprendieron al ver la cantidad de personas que se movilizó junta

 

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