Anécdotas del cine en Catia

Por Francisco Aguana / Fotografías Archivo

Rollo 2: Teatro Bolívar, pionero del cine sonoro

Para 1907 los límites de Catia son todavía difusos y comenzaban, conforme a la costumbre, en la quebrada de Catia (Caroata). Ese año el presbítero Fuentes Figueroa creó el colegio El Buen Consejo, el cual tenía una sala de proyección cinematográfica que, según el inspector de espectáculos públicos, era apta “para damas distinguidas”. El dinero recaudado por concepto de la venta de entradas estaba destinado a la manutención de las 400 niñas que allí estudiaban. Desde esa fecha, hasta 1979, fueron abiertas 22 salas de proyección. Ya en 1925, la creación de una serie de artilugios técnicos van marcando la etapa de balbuceo del cine; los diálogos gestuales de los actores, convertidos en palabras por los espectadores, desaparecen paulatinamente hasta encontrar el sonido directo. Catia va a ser el lugar de Caracas en donde se va a estrenar esta innovación. Y ha de ocurrir en el Teatro Bolívar de la avenida Sucre, inaugurado en julio de 1929, luego de ensayar con el sonido sincronizado. El Bolívar fue, extrañamente, la única sala de parroquia o de barrio donde se estrenaban películas fuera del centro de la ciudad. Las emisoras Radio Caracas, Tropical y Libertador, que tenían su antena transmisora en la calle México de Nueva Caracas, introducían sus micrófonos en el cine para transmitir la banda sonora de las películas, como luego lo haría la Radiodifusora Venezuela, que instalaría en 1946 sus estudios en la calle Chile de la misma urbanización.

En las películas seriadas de los años 40 y 50, cuando la acción estaba en su punto más emocionante, la imagen se congelaba y se oía la voz estridente de un locutor en off que decía, por ejemplo: “¿Qué pasará con el bejuco del hombre mono?, ¿se lo seguirán disputando la Mona Chita y Juana? ¡No se pierda nuestro próximo capítulo en este mismo teatro¡”. Lo mismo le digo a usted, lector, lectora: ¡no se pierda nuestra próxima crónica por esta misma revista¡

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