Anécdotas del cine en Catia

Por Francisco Aguana Martínez • fcoaguana@gmail.com / Fotografías: Archivo

Rollo 3: Candilejas

Como diría el locutor en off: “En nuestro capítulo anterior…”. Bueno, en las crónicas anteriores hablamos de las primeras salas de proyección. Con el tiempo la afición se fue transformando en pasión; muestra de ello es la creación de las numerosas salas que se construyen a lo largo del siglo XX y las numerosas actividades cinematográficas que ocurren en la parroquia durante el mismo período. La memoria de los viejos parroquianos es material para una superproducción que se desarrolla en un larguísimo flashback, que evoca —en todos los formatos, colores, técnicas y sonidos— los momentos más importantes de la vida de la parroquia, en los que, de esta manera, se reconstruye su historia visual.

El cine traspasa el espacio de los teatros y va desplazándose, en numerosos travellings, por los barrios, las plazas, las calles y los colegios, ya no sólo para la recreación, sino con objetivos políticos y pedagógicos. Así pues, en los años 50, en la Sabana de Los Frailes (hoy Los Frailes), era usual que se proyectaran documentales en el club social y deportivo que había en ese barrio. En esa década los colegios católicos de la zona se proveían de películas científicas que les prestaba la embajada de Estados Unidos, a las que se sumaban las de corte religioso, sobre todo en la fe católica. El cura Peña, de la iglesia

La Sagrada Familia de Propatria, colocaba una sábana y proyectaba películas de la pasión de Cristo, por las que cobraba una locha la entrada. Igualmente ocurría en el Colegio Calazans y en la iglesia San Ramón Nonato de Los Frailes. En la Cárcel Modelo instalaron una biblioteca y un salón para cine y teatro en 1941, año de su inauguración. Ese mismo año fue inaugurada la Casa del Obrero, también en Propatria, en donde se proyectaban documentales científicos.

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