Anécdotas del cine en Catia

Por Francisco Aguana Martínez • fcoaguana@gmail.com  / Fotografía Archivo

Rollo 4: Cine de cerro y cine guerrila

Fueron muchos los barrios y las noches en los que la luz de la linterna mágica del cine competía con la luz de la Luna, en funciones que se daban en nuestras calles. Así lo hacían Simón y Vicente Vargas en los años 70 en la calle 10 de El Amparo. En la calle Internacional de Los Magallanes una pareja de holandeses proyectaba películas a “mediecito”. Los invitados eran recibidos por las notas del piano, que la señora de la casa tocaba con soltura. En la placita de Catia eran frecuentes las funciones al aire libre, promovidas por diversas instituciones públicas. Allí, Paiva Revenga colocó, en los años 40, una pizarra donde proyectaba noticias nacionales e internacionales, caricaturas e historietas y noticias locales que sazonaba con ácidos comentarios. En la calle Sucre de Las Brisas el señor Cepeda creó, en los años 70, un cine en su casa; promovía las películas en su camioneta con un megáfono. El lugar fue bautizado con su apellido. La casa se convirtió en objeto de interés de los estudiantes de la UCV y la UCAB. Algo similar ocurrió en Altavista con El Cinito: un cine itinerante del sector que hizo las delicias de los niños con sus películas de aventuras.

Al ruidoso multígrafo —instrumento ideal para producir periódicos y panfletos, que luego se echan al viento o se colocan en cualquier sitio con proclamas y convocatorias— se sumaron el proyector de 16 mm y otros dispositivos electrónicos para proyectar la dura realidad del país de los años 60. Así nacen los centros de cultura cinematográfica, que diseminan su accionar combativo por doquier. En Catia son varios: colegio El Albor, Los Descamisados (Los Magallanes), El Huayra (también de Los Magallanes, aún vigente), el grupo de Casalta y muchos más. Subíamos cerro arriba, no siempre con experiencias felices porque las comunidades a las que estaban destinados estos filmes, influidas por el cine gringo, que nos aguardaban expectantes, se decepcionaban cuando la película proyectada no era la de moda.

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