Anécdotas del cine en Catia

Por Francisco Aguana Martínez fcoaguana@gmail.com / Fotografía Archivo

Crónica proyectada en varios rollos de 16 mm, como en las películas seriales de antes

Rollo 1: El nacimiento de una pasión

Una hilera de pobladores de Catia aparece, en plano general, caminando como saltimbanquis, a 24 cuadros por segundo y en color sepia, por el estrecho camino que en 1922 bautizarían, pomposamente, como avenida Sucre. Era el 10 de julio de 1897 y todos se dirigían al Circo Metropolitano para presenciar la función del proyestoscopio: otro de los aparatos de proyección que, junto al vitascopio, había llegado ese año para atrapar la curiosidad de los caraqueños y crear así su afición por el cine; afición que aún perdura. La función fue convocada por los señores Weleopt y C. Ruiz a beneficio del Hospital de Lázaros, y para ello se creó una junta organizadora que incluyó entre sus integrantes a José Boccardo y a Emilio J. Maury. Allí comienza la fantástica aventura del cine en Catia.

Boccardo ya había instalado en La Rinconada de los Lugo (donde hoy está el Centro Comercial Propatria) la tenería más grande de Caracas que, con el tiempo, convertiría a Catia en un emporio zapatero. El polizonte Boccardo fue, también, el primero en cobrar, en Venezuela, en 1919, una póliza de seguros contra incendio al incendiarse el viejo Teatro Caracas —el primero— cuando se proyectaba Romeo y Julieta en 1914. En cuanto a Maury, no he podido confirmar si se refieren al pintor y si éste es miembro de la familia Ventura Maury, quienes en Catia serían los creadores de importantes empresas textiles y colchoneras.

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