ÉPALE295-ÁNGEL MÉNDEZ

SU LABOR COMO PROMOTOR DE JÓVENES VALORES FUE UNO DE SUS RASGOS DE MAYOR NOBLEZA, EN ESPECIAL POR TRATARSE DE ALGUIEN QUE ALTERNABA CON LAS GRANDES LUMINARIAS DE LA MÚSICA

POR RAMÓN ESTRADA / ILUSTRACIÓN ARTURO MARIÑO “ARMA”

Provoca hacer una semblanza de un Ángel menos mediático, pero a estas alturas es imposible. Su recuerdo está irremediablemente asociado a la huella que dejó su criatura más impresionante, aquella Swing Latino. Algo debía tener aquel muchacho, joven periodista con apenas dos años de graduado, para que en la ejecución de su aventura se le juntaran nombres tan respetables y resonantes en esto de hacer crónicas salseras y musicales. Por Swing Latino desfilaron, aparte de sus cofundadores Diógenes Carrillo y Fernándo Sánchez, referencias de la talla de Henrique Bolívar Navas, Phidias Danilo Escalona, Lil Rodríguez, Domingo Álvarez, César Miguel Rondón, Bob Rangel, Héctor Castillo, Cándido Pérez, Aquilino José Mata, entre otros. Tuvo corresponsales de leyenda: Tite Curet Alonso en Puerto Rico y Carmen Mirabal en Nueva York.

El primer número de la revista, lanzada el 10 de octubre de 1977, tiene en su portada a Rubén Blades y el título “La salsa tomó a Caracas”, en referencia a un concierto celebrado en El Poliedro de Caracas por la pareja Colón-Blades… furor en pleno. 1977 fue un año importantísimo para la salsa hecha en Venezuela, así como la hecha también fuera de nuestras fronteras. Diversos artistas visitaron nuestro suelo: Fania All Stars, Héctor Lavoe y su banda, Charlie Palmieri, La Sonora Ponceña, Johnny El Bravo, Orquesta Broadway, Orquesta Harlow; amén del boom que mantenían Dimensión Latina y Oscar D’ León por separado, dando origen a otras agrupaciones producto del movimiento y reubicación de sus músicos. En un momento noticioso tan agitado nace esta revista, llamada a hacer el registro para la posteridad del movimiento salsero nacional e internacional.

La primera etapa de la revista comprende las publicaciones desde el número 1 hasta la número 21, es decir, desde 1977 hasta 1979. Dos años y unos meses tras los cuales, quizá sorpresivamente, Ángel Méndez anuncia un receso “obligado por las circunstancias”. Receso bastante largo, que llegará hasta abril de 1993 con la aparición del número 22 y donde figura Héctor Lavoe en la portada con la infausta noticia en el titular: “Se apaga la voz”. Cabe mencionar que Ángel Méndez continuó, antes de esta segunda etapa de la revista, con sus labores de periodismo, incluso como escritor de algunas obras de teatro, como siempre, basadas y hechas con el ingrediente musical, el cual fue una constante inspiración desde niño.

Extinta ya Swing Latino como publicación impresa, Ángel la continuó en formato de columna periodística con la meta de seguir insistiendo en realzar al músico venezolano. En los últimos tiempos, sus entregas en la revista Épale CCS y las publicaciones en su muro de la red social Facebook. Es así como podemos verlo en su espacio entrevistando y reseñando al músico de siempre, al olvidado, al no conocido, tratando que el público conozca quién y quiénes fueron los protagonistas de algunas orquestas olvidadas, no conocidas, pero vigentes. Es una línea que tuvo siempre: mantener viva la memoria de los que no tuvieron la suerte de la gran fama ni el gran renombre.

No solo la salsa nutrió a Ángel Méndez, quien fue, además, un amante del bolero, de la música de Pedro Infante y Jorge Negrete, de la Sonora Matancera, de Billo. En fin, se trató de un melómano sencillo y alegre, como alegre y sencilla fue su personalidad; de ella quedan testimonios vivos en la gente que compartió con él durante todos los tiempos. En lo personal, siempre agradecí y me maravilló la sencillez con que permitió que se le acercara gente de todos los estratos a conversar sobre sus pasiones musicales. Quien esto escribe tenía apenas 14 años de edad, en el lejano 1978, cuando a ese adolescente, con más curiosidad que sapiencia, le dedicó Ángel fragmentos de su valioso tiempo para el intercambio de impresiones e información sobre la música. Ese fue un rasgo maravilloso de su don de gentes: todo público melómano o curioso le mereció atención y respeto, no solo los famosos y renombrados. Puede parecer mentira, pero no abundan las personas consagradas e importantes que mantengan esa “política editorial” en su vida cotidiana.

Ojalá se puedan editar los trabajos que quedaron pendientes de Ángel Méndez, y sean difundidos los titulados Entren que caben 100 y 50 paraos, 50 de pie. Allí queda testimonio de su labor y su respeto por el músico venezolano que necesita proyección y difusión. Eso sería un reconocimiento a la faceta más noble del gran comunicador: la entrega desinteresada a la difusión de los músicos de calidad, sin esperar a cambio otra cosa que ver cumplida su labor de cronista y difusor.

ÉPALE 295

Artículos Relacionados