PELABOLA 152POR MALÚ RENGIFO/@MALURENGIFO

Tras largo rato de una pelazón inmensa, por más que a uno le suban el sueldo, por más que se afinen los mecanismos necesarios para garantizar el acceso a los bienes y servicios de primera necesidad para todas y para todos, por más que la mamá de uno siempre esté pendiente de resolverle una merienda manquesea, el pelabola necesita, con una avidez inconmensurable, sentir que está aprovechando al máximo los recursos, y eso es bueno.

Por estos días, cuando un pelabola se antoja de tomarse un juguito de parchita, sabe que el precio que pagará por las frutas está más o menos cercano a su peso en billetes de 20. Me explico: si usted quiere preparar una jarrota de jugo con medio kilo ’e parchitas, deberá entregarle al coñuesupepa del abasto medio kilo de billetes de 20, más o menos. De ahí que cada vez que usted echa a la basura las cáscaras de cuatro o cinco parchitas, está desechando un cuarto de kilo de billetes de 20, asumiendo que la pulpa de la fruta pesa lo mismo que la cáscara, lo cual es solo una conjetura al ojo por ciento. Capaz estamos botando más.

EN-TON-CES, lo que yo propongo, mis hermanos pelabolas, es que aprovechemos al máximo los desechos. Para tal fin tendrá usted que proveerse de suficiente azúcar, digamos, medio kilito, por si acaso, y aunque probablemente la odisea que tengamos que pasar para conseguir el mentado kilito de azúcar incluya media insolación, 14 codazos y al menos cinco cuentos de terror sobre bachaqueo, hay que considerar que el precio en metálico de este último ingrediente apenas supera un solo billete de 20, así que vale el esfuerzo.

Decidí que hay que sacarle provecho a todita la parchita (esto me lo enseñó un camarada de Catia llamado Carlos Sánchez, a quien mando un abrazo y un saludo pelabola). Luego de hacer el juguito con sus cinco frutas, usted va a reservar un vasito de jugo pa’ ponerle más sabor a un dulcito de cascos de parchita que preparará de la siguiente forma:

A las cáscaras de la parchita les va a quitar esa telita como pelúa que tienen adentro. Luego hay que separar la pulpa blanca de la cáscara amarilla y dura. Esto último se puede hacer luego de hervir los cascos en agua por media hora (se desprende facilito) o antes de cocinar. La ventaja de hacerlo antes es que con la cáscara amarilla se puede preparar un tecito que calma los nervios y el síndrome premenstrual.

El caso es que ya tiene usted sus casquitos blanditos y transparentosos. El siguiente paso es ponerlos en una cazuelita a cocinar junto con media taza de agua, el vaso de jugo que guardó hace rato y azúcar a su gusto (de media taza pa’lante, que esto es un dulce). Cocine durante un ratico hasta que usted vea que huele bien rico y agarró un poquito de espesor.
Disfrútelo en la merienda o luego de sus comidas, bien friíto de nevera.

ÉPALE 152

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