POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

En realidad se llama “Tú me recordaras”, o al menos yo la conocí como “Pensando en ti”, pero para ponerme en tónica con la temática de esta edición la titulé “Aquí en Caracas estoy”. Además, no es bolero sino salsa. La recuerdo con mucho afecto ÉPALE287-BOLEROSporque una tarde de saudade de 1974, en Bogotá, los barranquilleros José Antonio Carbonell y Kico Suárez me la pusieron para acabar con mis preferencias por Los Beatles y, aun cuando Carlos Santana se había metido por las baranda de mis gustos musicales, desde ese día adoré la salsa y a Caracas. Aquí en Caracas estoy pensando solo en ti y tú, linda mujer, nunca piensas en mí. / Yo sé que tú, mi amor, no podrás olvidar / los besos que te di en tu boca sensual. / Te pido, por favor, no vayas a olvidar a este negrito / que siempre has de recordar.

Uno se enamora de las ciudades, como de las mujeres, con pasión desmesurada. En una ocasión, en un arrebato de amor por mi Caracas, so pena que Maracaibo se pusiera celosa, le escribí un poema: “Querida Caracas… Toda la vida / te he sentido como jeva, / como mujer hermosa / que siempre has estado muy cerquita de mí. / Ahora que te hablo / te siento arte y parte / de todas las mujeres que me han amado”. Pero el verdadero poeta de Caracas fue Billo Frómeta, y por ahí llegamos al bolero que he debido colocar en esta reseña, Caracas vieja, que compuso a mediados de los años 40: Hoy, que de nuevo te vistes, / un grato recuerdo me queda de ti. / Hoy, que te vas alejando, / con honda tristeza te canto yo a ti. / Caracas vieja, que te vas con los años, / en cada reja que dejamos de ver / se va un idilio, se va un romance, / se va un recuerdo de nuestro ayer. Las versiones de Miltinho y Rafa Galindo son la merma.

Pero con la que la sacó del parque del amor por esta bella ciudad fue con su Canto a Caracas” de 1960, incluida en el disco Paula e interpretada por Cheo García: Y es que yo quiero tanto a mi Caracas / que mientras viva no podré olvidar / sus cerros, sus techos rojos, su lindo cielo, / las flores de mil colores de Galipán. / Y es que yo quiero tanto a mi Caracas / que solo pido a Dios cuando yo muera, / en vez de una oración sobre mi tumba, / el último compás de “Alma Llanera”.

ÉPALE 287

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