ÉPALE274-AQUILES NAZOA

CASO EXTRAÑO Y ATÍPICO: EL HUMILDE MUCHACHO QUE A PUNTA DE BURLARSE DEL REBUSCAMIENTO SE GANÓ EL APLAUSO DEL PUEBLO… Y DE LOS INTELECTUALES MÁS REBUSCADOS

POR JOSÉ ROBERTO DUQUE • @JROBERTODUQUE / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

Probablemente de niño haya invertido tiempo y atención en jugar con insectos. En alguna parte y en algún momento de su infancia tuvo que habérsele contagiado esa adoración, ese jugueteo obsesivo con el detalle insignificante o, más bien, marginal. Un meme muy engreído y echón que llegó a ponerse de moda, atribuyéndole una frase a Einstein, Bob Marley o García Márquez, pretende disminuir y burlarse de aquella gente que cuando le señalan la luna se queda mirando el dedo. Pues bien, en ese contemplar hasta el detalle final, adonde los “sabios” de pacotilla no miran por miedo al ridículo o a la ternura de lo obvio o cotidiano, habita el genio esencial de Aquiles Nazoa: las cosas esplendorosas no son las más complejas sino las más sencillas.

El Aquiles poeta lo confiesa en su muy conocido “Credo”: cree en los ratones que halan el trineo de una personaja cursi y famosa, cree en el simple trabajador andante que construye estrellas doradas en el acto pedestre de amolar cuchillos, cree en el loro de un náufrago, en gatos, en perros y en flores. Ahí, donde el lector sin duende observa protagonistas e hilos centrales de historias, Aquiles leyó la periferia y por esas cordilleras casi invisibles encontró el sentido de su obra.

No podía configurarse de otra forma su punto de vista. Nació en El Guarataro, en una de las parroquias más antiguas de Caracas pero también en una de las más despreciadas por la urbe emergente en que a Aquiles le tocó desplegar su juventud. Nacido en 1920, cuando alcanzaba la veintena de edad ya Caracas se disponía a mutar hacia su condición inevitable de urbe inconclusa. Aquiles Nazoa hacía periodismo y practicaba formas rudimentarias (perdón: sencillas) de la poesía justo en el momento en que su ciudad crecía en varias direcciones para recibir a los miles, y luego millones, de migrantes de la ruralidad; Aquiles se formaba como escribidor y creador muy cercano al costumbrismo y Caracas se deformaba en sus aspiraciones de ser espacio cosmopolita. Aquiles se aferraba a unas querencias y a un estilo de ciudadanía; Caracas se empeñaba en dejar atrás todo lo que no tuviera que ver con petróleo y concreto armado. El resultado de tanto choque y tanto contraste no podía ser otra cosa que un espíritu en rebeldía y una toma de conciencia propicia para desembocar en el marxismo. Por origen, por rechazo al tipo de sociedad que el capitalismo industrial estaba fomentando y por sentido de pertenencia el poeta tenía que sublevarse contra el engendro que cobraba forma en su entorno.

Pero justo antes de la entrada a esa década (sus 20, los 40 de Caracas) le tocó saborear el amargo de un carcelazo, por gracioso y, tal vez, por bocón. Enviado a Puerto Cabello como corresponsal de El Universal, a sus 18 años, se le pasó la mano al fustigar a las autoridades locales y lo encerraron unas semanas. Es que, de paso, le había tocado despertar hacia la adolescencia justo cuando moría Juan Vicente Gómez y Venezuela decidía entrar al siglo XX con unos añitos de retraso. Lo que en su infancia seguramente fue silencio y negación encontraron en el destape de la sociedad un buen caldo de cultivo para malportarse, aunque no sin consecuencias. Así que le tocó saber bien temprano en qué consistía eso de resultarle incómodo e insoportable al poder.

HE AQUÍ QUE EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA HEGEMONÍA ADECA TAMBIÉN ES SEGREGADO Y MANDADO A CALLAR: DOS DE SUS PERIÓDICOS FUERON CLAUSURADOS POR LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

Regresa a Caracas y poco a poco sus paisanos comienzan a agarrarle el gustico a su chispa, a su genio e ingenio; el humorista hablaba como habla el pueblo y ya eso era un valor resonante en una sociedad que cada vez tendía más a parecerse a la norteamericana. Al finalizar los años 40 recibe el Premio Nacional de Periodismo, ha publicado una obra poética robusta y una humorística en proceso de decantación. Su tercera década de vida lo sorprende tratando de hacer humor y sátiras contra un régimen al que no le causan mucha gracia las burlas, así que debe marcharse al exilio dos años. Fueron dos años bolivianos de contacto con gente y tendencias artísticas de otros países latinoamericanos. Al caer Pérez Jiménez regresa a Venezuela, pero decide no seguir coqueteando con esa Caracas que ya alcanzaba proporciones y desproporciones monstruosas. Instala su base de operaciones en el estado Aragua, y desde allí prosigue su misión exploradora de la pulsión del pueblo y su gente. Viaja, intercambia con gente, da conferencias; es su etapa de fundar y dirigir publicaciones humorísticas, y he aquí que en los primeros años de la hegemonía adeca también es segregado y mandado a callar: dos de sus periódicos fueron clausurados por la democracia representativa.

Justo por esos días de 1961, cuando el mundo fijaba posición sobre la Revolución cubana, Aquiles hizo lo propio y por allí dejó, para la posteridad, una proclama en clave de investigación y ensayo sobre la Cuba de Martí y la de Fidel.

La etapa del despliegue y difusión masiva de su temprana sabiduría en televisión vino en la década final de su vida. El programa Las cosas más sencillas fue el repositorio y síntesis de sus aprendizajes. De cómo cuando nos mandan a mirar la luna y apuntan hacia allá el dedo índice es buena idea fijarse en el sucio de la uña de ese dedo índice, y concluir que con ese mismo dedo el hombre que señala la luna hace cotidianamente cosas hermosas, insignificantes y también grotescas. La luna no es lo importante: lo importante es el hombre simple y la simpleza de su entorno.

Parece que siguió amando a la naturaleza y a sus muñecas de trapo, tanto como despreciaba a la cultura del derroche y el estruendo, hasta el día en que murió triturado dentro de uno de los emblemas de esa cultura antinatura. En un automóvil volcó y quedó en suspenso una de las inteligencias más extrañas y sensibles de nuestra cultura (absténgase de decir cultura “popular”, que en ninguna parte la hay de otra naturaleza).

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