Argelia Laya, comandanta cimarrona

Argelia le hablaba a las mujeres en una época difícil, por lo conservadora; Argelia le hablaba a la negritud sobre el racismo, cuando la política sostenía en el poder a la supremacía blanca; Argelia, la que tanto le hablaba con fuerza y valentía al pueblo, hoy es recordada por este “Miradas”

Por Ketsy Medina Sifontes  @Ketsycarola / Fotografías Archivo

Si Argelia Laya viviera seguro anduviese dando pelea, así como la dio hasta el último respiro de su vida en esta tierra. Para Yanuva León Argelia fue un cacaotal que vivió su ciclo perfecto, pues, como todas las plantas de este tipo, al llegar a los 70 años se renuevan.

Así iniciamos esta mirada plural, construida con varias voces que decidieron conectarse a una pregunta nacida en un sueño madrugador; y como los sueños son libres y no están limitados por el espacio ni el tiempo, el lector puede formar parte de este encuentro al sentir cada palabra escrita.

Argelia va caminando, su paso lo acompaña una energía que la circunda como fuente poderosa; al observar con detenimiento se aprecian letras que conforman palabras, cada una de ellas cargada con el valor histórico y subjetivo que le otorga su significado. El paso de Argelia es firme y su huella honda; mientras camina escuchamos la pregunta: ¿qué palabras son esas que orbitan y la rodean como anillos de fuerza?

“Indira Carpio

Las palabras que rodean a Argelia, como areola al pezón, son maestra y fusilable; mujer y guerrilla, palabras que parecen contrarias, pero para mí son complementarias.

Maestra y fusilable

La maestra que sirve a la comunidad, la maestra que enseña y la mujer fusilable, fusilable por sus ideas políticas, por pensar distinto y hacer de ese pensamiento un credo.

Mujer y guerrilla

Pareciera que una mujer no puede comandar una guerrilla porque en las cabezas calientes de la izquierda —que se suponen son más avezadas y más adelantadas— una mujer no podía ser guerrillera. La comandanta Jacinta se levantó en contra de todo esto”.

Seis años de actividad guerrillera dan cuenta que su militancia no fue márquetin

“Beatriz Aiffil

Para ser como Argelia hay que echarle, hay que enfrentar muchas resistencias en la sociedad y se debe estar dispuesta a salir de la zona de comodidad, pues te ganas muchas enemistades, señalamientos. Hay tres palabras fundamentales en la vida de Argelia Laya que hacen de ella un personaje increíble y son las siguientes:

Origen

Argelia mantuvo muy de cerca el ejemplo que le dieron su padre y su madre, les amó infinito y los tenía como elementos que daban vida a su vida, los consejos que le dieron marcaron siempre su accionar, por eso tuvo fija la idea de retornar a la tierra donde fue enterrado su ombligo, San Antonio del Guapo.

El padre y la madre le dieron a Argelia dos palabras maravillosas que se suman a esta primera, palabras que se hicieron sus frentes, y no precisamente de lucha, sino frentes motivadores para la acción que, desde mi punto de vista, son melanina y sexo.

Melanina

Argelia se afincó en su condición de negra, eso la llenó de una fuerza descomunal que le hizo levantar la cabeza con la fuerza de su color, de su raza, de su condición humana pisoteada, al igual que la mayoría de sus hermanos y hermanas de Barlovento, el terruño que la vio nacer.

“Se afincó en su condición de negra, eso la llenó de una fuerza descomunal”.

(Beatriz Alfil)

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Asumió con mayúscula el hecho de ser negra y por esa condición nunca pudieron doblegarla. La melanina no sólo la tenía regada en la piel, la llevaba en el alma, en el espíritu, en su pensamiento.

Argelia es una mujer de la cual nosotros, los negros y las negras, nos sentimos orgullosos y orgullosas. Sin miramiento la colocamos en el lugar de las mujeres negras que han luchado en el mundo contra de cualquier tipo de opresión; para nosotros y nosotras ella es una mártir.

Sexo

Argelia nunca entendió el hecho de que ser mujer era razón para limitar su accionar, para asumir roles definidos en la sociedad de su época, que son casi los mismos que vivimos ahora. Nunca asumió como obligación el deber de dedicarse al hogar, a los hijos; para ella ser mujer no implicaba ser madre y mujer de hogar.

Ser mujer significaba igualdad, por eso empuñó un fusil cuando se le negó a las de su género, por eso se fue a la guerrilla, por eso asumió liderazgo político en organizaciones y partidos políticos; por eso peleó por la paridad de salarios, por garantizar el respeto de los derechos humanos de las mujeres, para que no fueran condenadas por salir preñadas, por tener la menstruación.

Argelia se saltó estos ámbitos de opresión patriarcal y defendió a las amas de casa, a las obreras, a las estudiantes, defendió a todo el mundo; en verdad fue una mujer fuera de serie, irrepetible. Amó a su padre, a sus hijos (todos varones) con la fuerza de una madre; a sus esposos y amantes los amó con furia, sin pacaterías, sin apegos y siempre sin perder su condición de mujer libre”.

Indómita, reaccionaria, siempre abogo por sus derechos y el de los demás

“Liliana Márquez

Cuando pienso en Argelia trato de imaginar lo que Río Chico y Barlovento significaron para ella. Por eso las palabras que la evocan son:

Cimarrona

Como educadora comunitaria, Argelia mantuvo una lucha por la liberación de su gente y trabajó fuertemente, desde sus posibilidades, para que la población afro en su época accediera a la educación.

Matriarca

Desde la visión del matriarcado africano —que se centra en la madre cultural, que está todo el tiempo enseñando sobre la posibilidad de ser libre— Argelia problematizó sobre las expulsiones de las adolescentes en las escuelas cuando éstas quedaban embarazadas.

Argelia pensaba que tanto la familia de la hembra como la del varón debían asumir responsabilidades en torno al embarazo, que había que quitarle peso a la connotación de pecado; también se oponía a las voces que aconsejaban la expulsión por inmoralidad en la escuela, y hacía corresponsable a la institución formativa argumentando que la educación sexual y reproductiva no estaba llegando a los y las jóvenes”.

Fue pionera en materia de defensa de los derechos de la mujer

“Ananda Shakti

Aquí mencionó su deseo de ser mística

Creo que a través de los sueños uno puede conectarse con el inconsciente colectivo para acceder a lo que no se puede durante otros momentos del día; en efecto, hay palabras que movilizaron a mi abuela y siempre me hago esa pregunta, porque ella debió haber tenido un motor con una naturaleza muy particular.

Siempre se ha dicho que esa fuerza fue inculcada desde niña por su madre y su padre, quienes le transmitieron ideas sobre la igualdad, equidad; respeto por su origen étnico, por su género. Pero hay algo de lo que poco se habla y llama mi atención: tiene que ver con que mi abuela no sólo fue una luchadora social que puso en práctica la reivindicación de todos los derechos e ideales que acabo de mencionar, ella no sólo tenía los pies en la tierra, ella tenía una conexión con lo inefable.

Y es precisamente la conexión con esos dos planos lo que le permitió tener ese motor que la impulsó a hacer todas las cosas que hizo. En una entrevista que le hicieron —y que aparece en su libro Nuestra causa— le preguntan qué le hubiese gustado ser aparte de todas las cosas que era, y ella respondió que le hubiese gustado ser mística, psicóloga, haberse vinculado con la poesía, a toda esa rama sensible a la cual accedemos a través del arte”.

“Pedro Laya

A partir de los encuentros y conversaciones con Ludovico Silva en La República del Este (a los que siempre la acompañaba), de nuestros viajes por carretera hacia Barlovento, de su participación en la Binacional Mujer y Ambiente que se celebró en San Cristóbal, Argelia empezó a desarrollar el concepto contaminación ideológica.

Argelia identifica la contaminación ideológica a partir de la ausencia de conciencia que produce el ejercicio y la avidez por el poder; decía que existen ideologías revolucionarias y que eso era un disparate, pues la ideología es una sola y no es otra cosa que la falsa conciencia, la mentira, es decir, la ideología es un sistema de ideas organizado para ocultar algo, y en este caso lo que ocultan son las nefastas relaciones de producción en las cuales la primera gran desfavorecida es la mujer.

“Argelia identifica la contaminación ideológica a partir de la ausencia de conciencia que produce el ejercicio y la avidez por el poder”.

(Pedro Laya)

En este punto de partida, Argelia insiste en que para llegar a un estadio superior social era necesario, primero, la liberación de la mujer, lo que en consecuencia desencadenaría en la liberación de los hombres.

Argelia era rodrigueana, fue fundadora del movimiento Simón Rodríguez en el grupo de profesores y educadores; toma del maestro aquello que exponía sobre el amor propio, como la pueril manía de prevalecer, idea que justificaba la existencia de la esclavitud, pues siempre hay quienes quieren prevalecer sobre los otros.

En nuestras discusiones más acaloradas sobre el machismo, Argelia me decía: Ustedes, mis hijos, no están educados para vivir en esta sociedad, porque desde el vientre es inmanente en nuestra forma de vivir, de sentir y de pensar, el rechazo a la comedia del poder.

Pienso que lo que han hecho con Argelia es chuleársela, como se han chuleado a Bolívar, a Chávez, a Miranda; se chulean a la gente y me pregunto quién va ha hacer una revolución en este país, dónde está el grupo que hará una revolución y que esté apartado de los interés subalternos y oscuros de esa pueril manía de prevalecer”.

Su transitar político jamás tuvo como signo la ambigüedad ideológica

ÉPALE 381