ÉPALE 237 CIUDAD 4

DESPUÉS DE AÑOS SIENDO ODIADOS, PERSEGUIDOS Y ASESINADOS, HOY SE REIVINDICA AL COMUNISMO, HOY LOS PANAS RENGIFO Y OJEDA TIENEN A OTRO CAMARADA PARA COMPARTIR EL GRAN PANTEÓN

POR ANDER DE TEJADA / FOTOGRAFÍAS ENRIQUE HERNÁNDEZ

¿Por qué no decir que la historia de Argimiro Gabaldón fue una historia de colores? Podría haber un debate lleno de opiniones que sitúen el énfasis en lo simbólico de los colores (aquello que se percibe culturalmente), y habrá otros que dirán que la vida de todo humano es una vida colorida porque, si no, ¿para qué carajo nos salen los ojos en la cara? Pero, sin embargo, al ser una sociedad y no una bandada de golondrinas, estando —como estamos— bajo la influencia del símbolo, ¿cómo no pensar que la vida de muerte tempranera y trágica es una vida descolorida, gris? ¿Cómo no pensar que la vida de un guerrillero enfrentado al cruento mundo de la guerra es más opaca que la de un alienado cualquiera? ¿Cómo no pensar que la vida de alguien a quien un tiro accidental lo atraviesa y lo mata lentamente mientras, además, es perseguido por el Gobierno, es una vida oscura?

Movimientos sociales agitan sus banderas en honor al Comandante Carache

Movimientos sociales agitan sus banderas en honor al Comandante Carache

Vale preguntarse entonces, aprovechando que nuestros pies están enlodados de abstracción: ¿qué puede ser más gris, más descolorido que no sentir ni ganas de estornudar frente a la injusticia ocurrida ante ti? Llegar a esos puntos de gallardía no sé si será blanco o negro o si será rojo o azul. Parece entonces que lo de Argimiro es, si se toma en cuenta las dimensiones de la lucha y el tamaño existencial de sus decisiones —arriesgar el pellejo por los otros, sean estos blancos, negros, amarillos o azules—, la apropiación de todos los colores para la futura descripción de su vida, ese futuro que fue el sábado 15 de julio del presente año y que sigue siendo hoy.

98 AÑOS DESPUÉS, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

Lo que sí sabemos es que después de aquella tormenta, 53 años después de su muerte, Caracas estaba tan colorida como la sangre de Argimiro. Y lo estaba por él. Al principio, protocolarmente, las autoridades abrieron el evento histórico desde el Cementerio General del Sur. Él, Argimiro, sería el tercer comunista en ir al Panteón Nacional, lugar sabido para el descanso de los considerados héroes de la patria. El evento del traslado fue abierto por Alejandrina Reyes, ministra del Poder Popular para la Cultura, quien, además de las sentidas palabras, cantó una pieza a capela para el guerrillero Argimiro. Tras esto, tomaron la palabra sus excompañeros de lucha, Víctor Coelho y Juan Carlos Parisca, quienes describieron sus actitudes frente a la vida, así como los hechos de esa vida misma. Enrique Hernández, el fotógrafo de Épale CCS, dice haber reído frente a unas escenas curiosas: las nubes se asomaron en medio del paisaje de colores. La lluvia, y todo lo que implica, podría resultar en frustración de la fiesta. Alguien lo dice, alguien se levanta y le dice al padre Numa Molina que la misa que está a punto de dictar no se podrá hacer por la misma lluvia, pero el padre Numa no entiende de eso y le pregunta: “¿Cómo que no se va a poder hacer?, si cada vez que llueve es una bendición’’ (acá se tiene que recordar, por órdenes del mismo Numa, el 4 de octubre de 2012). Entonces, el padre comienza con la misa. Habla de lo suyo, de lo que habla un padre, solo que le agrega la pimienta que le debe agregar un padre de izquierda, que también habla de humanismo. La gente ve las gotas, espera, se ríe y se estremece. Sigue lloviendo. Los colores tiran más hacia el lado de los azules. Entonces, el padre anuncia el final. El Sol comienza a salir por algún lado de las nubes hasta que abarca todo, la lluvia para y se vuelve a la normalidad. La normalidad, que sabemos que en estos ámbitos también es abstracta, queremos adjudicársela a los colores de la fiesta, la fiesta de Argimiro.

“SOMOS LA VIDA Y LA ALEGRÍA EN CONSTANTE LUCHA CONTRA LA TRISTEZA Y LA MUERTE”

Se dispararon las balas de salva. Tres tiros al cielo. El féretro sostenido por las manos de los cadetes y de algunos miembros del gabinete de Gobierno. El color gobernó las escenas a medida que la gente caminaba. Tres o cuatro cuadras armadas de banderas venezolanas, cuyos colores conocemos, y el cielo azulísimo, arriba, miraba todo. Un grupo de tamunangueros, de golpe tocuyano, se unió de pronto a la fiesta. No se supo de dónde salieron. Se integraron al parrandón de forma espontánea y de repente fueron el centro del evento. Las mujeres y los hombres daban las vueltas del baile y agitaban sus bandera y Argimiro, en su féretro, seguía descansando. Por eso no puedo decir que sonreía, pero sí que hubiera sonreído porque le gustaba esa música. O quizás se pudiera decir que la sonrisa de sus hijos sea la sonrisa del mismo Argimiro. Tras esto, el féretro del guerrillero fue subido a una camioneta descapotada. Con su partida, inició la caravana para escoltar el cuerpo. Hubo tres paradas: la primera en Roca Tarpeya, donde motorizados y taxistas le rindieron homenaje; la segunda en el comando de bomberos de la avenida Lecuna; el tercero, en la esquina El Chorro, para ser recibido por estudiantes y deportistas. La última parada fue en la Plaza Bolívar, en donde participaron la Alcaldía de Libertador y los concejales del municipio. La plaza, repleta de gente, se convirtió en un mar de gritos y consignas. Mientras tanto, la voz de los oradores se escuchaba, incluida la de su hijo, Alejandro Gabaldón, cuando manifestaba con un grito seguro que la revolución en la que vive, además de los adjetivos que ya le conocemos, es argimirista o gabaldoniana.

Inicio del acto: su féretro, su imagen y sus acompañantes antes de iniciar el traslado

Inicio del acto: su féretro, su imagen y sus acompañantes antes de iniciar el traslado

De pronto, en línea diagonal, hacia la esquina superior derecha de la plaza, es decir, hacia la esquina noreste, los integrantes de los movimientos sociales y del Partido Comunista de Venezuela realizaron un túnel de banderas. Ellas, tanto del partido como del brazo armado (Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, FALN), ondeaban con sus colores bajo el techo verde que cubre la plaza. Al fondo, el blanco de la iglesia y la mezcla de colores de la gente. Alguien anunció la marcha a destino, no recuerdo quién. La gente comenzó a caminar y el túnel se fue llenando de los escoltas de Argimiro, los verdaderos escoltas que tiene un sujeto, los que protegen el nombre cuando el cuerpo no da. Sonaron los cohetones, despedidos hacia el cielo desde el norte de la plaza, y la canción de fiesta era ahora canción de despedida junto a la marcha acompasada con la explosión, sonido que en los oídos de un guerrillero no se sabe si es de terror o libertad. La caminata hasta el panteón tuvo sus paradas, pero el estrecho bulevar que conduce hacia él se llenó de comunistas, guerrilleros, militantes y curiosos. Todos de todas las edades y de todos los tamaños, hasta llegar hasta la recta final: las escaleras que desembocan hacia donde hoy descansa Argimiro.

Nahúm Fernández, Darío Vivas, Alejandrina Reyes y Alejandro Gabaldón

Nahúm Fernández, Darío Vivas, Alejandrina Reyes y Alejandro Gabaldón

El final parece la foto de una foto. Un grupo de militantes del Partido Comunista de Venezuela se pararon en la base de las escaleras para que alguien les tomara una foto. Foto interrumpida, foto imposible porque cada vez que se iba a tomar alguien agitaba el brazo para llamar a otro participante. Así fue durante unos minutos. Supongo que al final la habrán tomado. A mí, mientras coreaban por la inmensa victoria frente al destierro histórico, me quedó intacta.

 

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