POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN FORASTERO LPA

ÉPALE316-BOLEROSNo es exactamente un bolero, sino un tango que Agustín Lara compuso en Buenos Aires en 1953. Cuentan los cronistas que en aquel viaje a Argentina “se empapó del aroma del tango, ese ambiente noctámbulo y de lugares de mala reputación que le eran tan habituales”. Sin embargo, yo me atrevería a decir que es un bolero en tiempo de tango, aunque las quejas del arrabal me desmientan. En estas noches de frío, de duro cierzo invernal, / llegan hasta el cuarto mío las quejas del arrabal. Pero me anima el uso de la palabra cierzo, ese viento cálido y frío que nos calienta y, a la vez, nos congela el corazón.

Si existiera un “desgarrómetro”, un instrumento ficticio para medir boleros desgarradores, este Arráncame la vida de Agustín Lara, indudablemente, se llevaría el primer lugar de temperatura sentimental porque su letra deja ver los jirones del alma y del corazón “partío”, un rastro de sangre en la nieve del dolor: Arráncame la vida con el último beso de amor. / Arráncala, toma mi corazón, arráncame la vida. / Y si acaso te hiere el dolor ha de ser de no verme / porque, al fin, tus ojos me los llevo yo.

En La música en la historia Laura Michel Estrada aunque un enigmático “aportó” que no define si es autora del blog, entrevistadora o entrevistada deja colar la pregunta: ¿Cuál sería la finalidad del autor al escribirla?. Y su respuesta: “Motivo verdadero no tengo. Me gusta imaginar que la escribe para la mujer que más amó y esta al final le fue indiferente. Él decide irse también, no sin antes llevarse las mejores miradas de ella, las que se evocaban en los momentos más bellos y apasionados que pasaron juntos. La recuerda. Sabe que con ella bien pudo írsele la vida”.

Orlando Ortega reseña que “cuando por los años 30 el tango invadió a México, al igual que algunos compositores mexicanos, Lara se animó a incursionar en el mundo de este género y compuso su famoso tema Arráncame la vida. El estilo del ‘Flaco de oro’ se prestaba para producir un tango con las altas dosis de dramatismo que este género demanda y logró una canción que hubiera sorprendido al mismo Gardel, con bandoneón, arrabal y mucho sentimiento. Presumía Pedro Vargas, el ‘Samurái de la canción’, que su compadre Agustín la había compuesto especialmente para él; sin embargo, la versión en la voz de Lara contiene más sentimiento que la de Vargas, e incluso que la de Libertad Lamarque”. Y no le falta razón, porque en su propia versión a Agustín se le va el alma en su canto.

La canción que pedías te la vengo a cantar. / La llevaba en el alma, la llevaba escondida, / y te la voy a dar. ¡Recojan los vidrios!

ÉPALE 316

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