POR MALÚ RENGIFO • @MALURENGIFO / ILUSTRACIÓN MALÚ RENGIFO

ÉPALE285-RECETARIODurante algún tiempo, por alguna razón que desconozco, vi las redes sociales infestadas de un ensañamiento a muerte contra la leche del CLAP. Lo admito: la guerra sicológica logró permearme, y el día que me llegó por primera vez aquella flamante caja traté la bolsa de leche como si se tratara de material radiactivo.

Era aquel un estado emocional bastante fuerte. Sentada en una sillita de la sala de mi casa miraba hacia la despensa los dos kilos de leche en polvo colocados, cuidadosamente, uno encima del otro. Pensando en todas las maravillosas recetas que podría preparar si no fuera porque fulanito me había dicho que se ponía verde a los cinco minutos de licuarla, o menganita comentaba que le causaba diarrea, o sutanito aseguraba que se cuajaba de una forma que parecía más cemento que otra cosa. Yo les creí.

Pero pasaban los días y la Maseca válgame Dios, ¡qué harina tan deliciosa! se iba acabando. La pasta, el arroz y las lentejas también mermaban y los dos flamantes kilos de material lácteo-radiactivo en polvo seguían intactos. “Con hambre no hay pan duro”, pensé, y me licué un vaso e leche.

La observé, por largo rato, a ver si reaccionaba. La dejé reposar más de media hora en la nevera esperando a que se pusiera verde. Como no se puso espesa ni cambió de consistencia la probé. “Sabe a leche”, pensé. “Vaya sorpresa”. Y cerré el Facebook que mantenía abierto, por si me daba la puntada de tripas que le da a una justo doscientos caracteres antes de morir. Después de aquella noche, me liberé de prejuicios y me pasé la semana en una dieta láctea que me salvó el pellejo: pasta con leche y trocitos de queso para el almuerzo, atoles para desayuno y cena y en la merienda arrocito con leche bien friíto. Entonces recordé que la primera receta que publiqué alguna vez en esta revista, en enero de 2013, fue la del arroz con leche.

RECORDEMOS:

Una vez que te aventures a hacer este postre tendrás una palangana enorme de un engrudo delicioso. Un postre tradicional, de esos que no dan sentimiento de culpa porque no tiene colorantes ni preservantes ni glutamato monosádico ni nada cancerígeno. Es sabroso y accesible, sobre todo si aprovechas los ingredientes del CLAP, así que te dejo el dato. La cosa es así:

NECESITAS:

250 gramos de arroz, 1 litro de leche (que no te quede aguada, sé generosx), una taza de azúcar, un puñadito de clavos de especia, canela en rama y/o en polvo, un toquecito de sal, un pedacitín de concha de limón (si le echas mucho te puede quedar amargo y tendrás que comértelo igual porque estás pelando bola) y una paleta de madera para revolverlo.

Hierve el arroz en agua hasta que esté blando. Cuando se haya evaporado casi toda el agua agrega la leche, un par de ramitas de canela, los clavitos, el pedacitín de concha de limón y déjalo hervir hasta que espese. Entonces será cuando añadas el azúcar. Revuelve por un buen rato a fuego bajo, prúebalo y si te parece rico, listo el pollo… digo, el arroz…

ÉPALE 285

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