Así se trotará en la nueva normalidad

¿Cómo se trotará en la nueva normalidad, esa que vendrá —esperemos que pronto— luego de que se logre controlar la fase más aguda de la pandemia? Hay varios escenarios hipotéticos. Te invito a recorrerlos juntos.

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Daniel Pérez

Escenario distópico

Como en esas escenas de las películas de la postguerra atómica, me imagino trotando embutido en uno de esos trajes de bioseguridad, cubierto de pies a cabeza con un mono impermeable, capucha, dobles guantes (unos de látex, otros de nitrito), doble mascarilla, lentes de seguridad, careta de plástico y un pequeño bolso con implementos de repuesto, alcohol, gel desinfectante y demás productos de combate al coronavirus.

No suena fácil ni agradable correr en esas condiciones, sobre todo porque debe ser parecido a estar dentro de un horno de pizza. Pero, te pregunto: si esa fuese la única forma de trotar en un escenario en el que la covid-19 se haya hecho un mal endémico, ¿tú lo harías o no?

Tal vez ni tú ni yo nos arriesgaríamos a sufrir una deshidratación severa con semejante indumentaria, pero conozco unos cuantos que sí están dispuestos a hacer cualquier sacrificio con tal de devorar kilómetros y más kilómetros.

(La escena, por cierto, me trajo a la memoria un tiempo en el que se puso de moda embutirse en monos de plástico, dizque para rebajar de peso trotando. Los que no tenían esas indumentarias, se animaban a forrarse con bolsas plásticas o ponerse varias camisetas. Una verdadera locura que hizo que más de uno terminara delirando en el hospital por un golpe de calor).

En fin, que este es un escenario extremo, distópico, podría decirse; y lo más seguro es que no lleguemos a tanto. Ojalá las fuerzas universales no lo permitan.

Escenario intermedio

En cambio, sí es muy probable que este deporte cambie bastante, sobre todo en lo relativo a las competencias, pues por un tiempo no serán posibles esas largadas de cientos o miles de corredores reunidos en “corrales” (así les dicen a las divisiones por categoría en el punto de partida), haciendo contacto e intercambiando fluidos, no en el sentido sexual, pero casi. Habrá normas de distanciamiento entre competidores y otras modificaciones antipáticas que harán añorar la vieja normalidad. Pero, con suerte, no será necesario ponerse el traje de cosmonauta.

Para los corredores solitarios y no competitivos —como este que te escribe—, tal vez no habrá tantos cambios. Seguiremos trotando íngrimos, tratando, eso sí, de no tocar nada que pueda estar contaminado, aprendiendo a respirar a través de la mascarilla y, seguramente, valorando más que antes los espacios abiertos y el fluir esencial del aire en nuestro cuerpo.

Y es que para quien trota o corre las piernas son muy importantes, pero tanto como ellas son clave los pulmones, es decir, las víctimas favoritas del letal coronavirus, aunque se sabe que también se ensaña con otros órganos. Esta terrible crisis sanitaria tiene que hacernos reivindicar la trascendencia del sistema respiratorio, cuya salud es una bendición a la que raras veces le damos cuidados apropiados (en especial si eres fumador, aunque no es mi nota andar por ahí dando sermones).

Escenario virtual

Tal vez, durante un tiempo (meses o años), habrá que seguir haciendo lo que muchos hemos hecho hasta ahora en cuarentena: ejercicios dentro de casa, apoyados en esos recorridos virtuales que abundan en YouTube. Los competitivos quizá tengan que conformarse con las carreras, también virtuales, que se han puesto de moda este año, las cuales consisten en cubrir el número de kilómetros de la prueba individualmente, registrando la performance mediante un artilugio digital, para luego enviar el resultado a los organizadores del evento. De esa manera, son muchos los que han corrido ya hasta maratones major (como el de Londres) sin haber hecho viaje alguno.

En mi caso, me ha gustado la experiencia de combinar la bicicleta fija con recorridos virtuales. Gracias a esta ingeniosa alternativa, hecha posible por corredores con cámaras cargadas, puedo decir que he “trotado” por Madrid, Londres, París, Ámsterdam, Praga, Nueva York, Houston, Bangkok, Melbourne, Singapur, Viena; en playas de Hawái, en parques nacionales de Taiwán y en bosques y campos de pastoreo de Nueva Zelanda, todo ello dentro de mi cuarto, aquí en Caracas.

Escenario optimista

Si de imaginar el futuro se trata, también se vale ser excesivamente optimista y creer (con fe, ¿por qué no?) que, una vez que la pandemia remita y que la mayoría estemos vacunados contra la covid-19, todo volverá a ser muy parecido a lo de antes: cada quien podrá correr con quien le venga en gana, en pelotón, en pareja o solo, sin más implementos que los zapatos apropiados un pantalón corto y una franelilla, en el frío benévolo de una madrugada caraqueña o bajo la pepa de sol que nos toma por asalto de las
10 a.m. en adelante.

Apostemos por este último escenario, sin perder de vista que la covid-19 no es un juego y que si queremos saber cómo será la postpandemia, el requisito fundamental es llegar a ese tiempo vivos y sanos. ¿No te parece?

ÉPALE 386