TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

 

ÉPALE 237 TRTAS EL DISCURSODe JKF (EEUU-Francia, 1991) se puede decir, en términos generales, que se trata de un alegato en contra del fascismo. Los hechos ocurrieron en los años 60 y el filme, y su postura, data de comienzos de los 90. Resulta terrible llegar a la conclusión de que luego de 50 años de los hechos y 30 de la aparición en pantalla del filme la amenaza de un fascismo global esté tan vigente. El análisis biseccional que hace el director Oliver Stone del asesinato de Kennedy, que pone en tela de juicio la tan cacareada justicia estadounidense, se antoja como excusa para hacer un planteamiento más elevado, más osado, más aterrador: el país imperial, como ente hegemónico occidental, sobre todo después de la II Guerra Mundial, luego del magnicidio dejó de ser una nación para convertirse en una factoría de guerra, negocio que aunado al narcotráfico constituye el eje central de la economía estadounidense.

Las historias oficiales se encuentran ahítas de mitos. El mismo Stone definió a JFK como un contramito al mito ficticio de la Comisión Warren, aquella que concluyó, luego de una “profunda investigación”, que el único responsable de la muerte del presidente fue Lee Harvey Oswald. Para hacer esta desmitificación verosímil la película se sustenta en una sublime narración, en donde unas depuradas fotografía y edición y un guion redondo, que no deja cabos sueltos, fungen como un preciso bisturí que deja al descubierto, por lo menos, que la Comisión Warren fue una gigantesca farsa con la que se engañó a todo el mundo, literalmente. Estos artilugios cinematográficos, de primerísima factura, producen una metamorfosis en el espectador, que pasa de simple veedor a testigo.

Más allá de las suspicacias que pueda generar la veracidad o manipulación de los datos aportados, no deja de ser asertivo en su cometido, que no es otro que denunciar el disfraz democrático que poseen los hilos del poder gringo, cuyo objeto es arrojar un manto sobre su auténtico cariz: un fascismo soterrado. Sin embargo, las suspicacias llegan a ser infundadas si se toma en consideración el ataque que sufrió la obra, tanto de la prensa estadounidense como de la Asociación Cinematográfica de los Estados Unidos. Su presidente, Jack Valenti, llegó a compararla con El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl; clásico ardid de los centros de poder: señalar al otro de lo que tú eres.

 

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