ÉPALE314-ANAIS NIN

POR MARÍA EUGENIA ACERO COLOMINE •@ANDESENFRUNGEN / ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO

Uno de los triunfos de la poesía en materia erótica ha sido la apertura de voces que trascienden la hegemonía del género para erigirse en canales divinos que transcriben las fantasías, juegos y realidades del verbo amar. Sobre la base del ejercicio del tándem de cuerpos, efluvias, ardores y palabras es posible afirmar con vehemencia, pasión, lujuria y deseo, que la voz femenina es más contundente, perversa y pura que las trovas que los juglares masculinos evocan a sus objetos de deseo.

Así, tenemos a musas del amor escrito que se salieron del lugar común de la Cenicienta y los cuentos de hadas, y se emanciparon en la práctica del goce tanto en el papel como en la vida.

En Venezuela, podemos hablar de divas divinas del buen amar, del buen tirar y del buen vivir viviendo en la palabra militante de la vida como Lydda Franco Farías, Tecla Tofano, María Ruiz y María Calcaño entre muchas otras diosas del Olimpo de Venus y Eros.

Francia vio nacer a una de estas musas bajo el nombre de Anais. Anais Nin fue una de estas inspiradoras de la liga de la poesía mundial, que sanó la culpa judeocristiana de propios y ajenos al haberse erigido en testimonio viviente de lo que significa vivir en paz con los demonios propios, sobre la base de la experimentación más pura y genuina, sin hipocresías, tabúes ni empachos.

Anais Nin Culmell (1903-1977) fue una escritora vanguardista caracterizada por la exploración del erotismo y la búsqueda de libertad, reflejos de una mujer que desafió a su tiempo. A diferencia de las fórmulas de la pornografía tradicional, la obra de Nin aborda la homosexualidad, el hermafroditismo, las relaciones interraciales, el fetichismo, el incesto y la pedofilia, y su descripción de las relaciones sexuales heterosexuales resulta sorprendente dentro del género. Los personajes son esclavos de sus caprichos, represiones y rencores que solo la breve liberación del orgasmo consigue aplacar.

Pese a que su obra literaria fue prolífica con novelas de avant garde, la voz poética de Anais se convirtió en una bomba atómica de vida, sanación, honestidad y placer con sus seis diarios. “Solamente yo necesito un lugar en donde puedo gritar y llorar. Tengo que ser un salvaje español en algún momento del día. Registro aquí las causas de la vida de la histeria en mí. El desbordamiento de un extravagance indisciplinado. Al infierno con gusto y arte, con todas las contracciones y pulidos. Aquí grito, yo bailo, yo lloro, yo gasto mis dientes, yo voy enojada. Todos me hablan, en mal inglés, en caos. Me mantendrá sana para el mundo y para el arte”.

Como buena militante de la libertad, esta frágil ave de contundente aleteo en lugar de sepulcro pidió ser enviada al mar. Tal vez así bajó a consolar a Alfonsina Storni con una dosis de caricias, o a convertirse en sirena bañada de espumas, sanando amadamente y amada en la inmensidad.

ÉPALE 314

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