“Balada para un loco” (I)

Por Humberto Márquez / Ilustración Julietnys Rodríguez

Balada para un loco es, más que tango, un poema  de Horacio Ferrer musicalizado por el polémico, pero extraordinario, músico argentino Astor Piazzolla. Cuentan en “La Viola”, sección del portal Todo noticias, que “Astor y Horacio Ferrer se juntaron varios días en el departamento que el músico tenía sobre Avenida del Libertador. Uno en el piano, y el otro con la pluma y el papel, le dieron forma a esa locura’”. Según la fecha de la partitura final fue terminado el 14 de noviembre, dos días antes del estreno en el Luna Park, el 16-11-1969, y fue interpretado por Amelita Baltar, con quien fue emblemática desde entonces. La canción fue editada en sencillo por CBS en noviembre de 1969. Y, al mes siguiente, por RCA en un sencillo con Roberto Goyeneche y la orquesta de Piazzolla.

Lo de polémico viene por su afán de asociar el tango al jazz y al swing y por pensar que era para escuchar y no para bailar; lo que, por supuesto, hizo que las peñas tangueras pegaran el grito al cielo. Cuando conoció al poeta uruguayo Horacio Ferrer se fascinó con su lírica y empezaron a inventar, empezando por cambiar el tono trágico del arrabal y hacer un tango, incluso, tierno: Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos… cuando, de repente, detrás de un árbol, me aparezco yo… Pero, además de los dejos de vals, del recitado con que comienza la obra, ya el solo nombre de “Balada para un loco” exacerbaría las opiniones contrarias, lo que para él siempre fue un acicate. Y más de uno habría exigido que se llamara “Tango para un loco”.

Pero el tango no se podía salvar de aquellos tiempos de renovación: ya había pasado el Mayo Francés, fueron días de Woodtock y comenzaba a consolidarse el rock nacional argentino (esta historia continuará).

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