“Balada para un loco” (II)

Por Humberto Márquez / Ilustración Julietnys Rodríguez

Cuando el poeta uruguayo Horacio Ferrer vio la película Rey por inconveniencia (o Rey de corazones) de Philippe de Broca, en cuya trama básica, ubicada en octubre de 1918, durante los últimos días de la I Guerra Mundial, el soldado Charles Plumpick es enviado a desactivar unas supuestas bombas dejadas por los alemanes en su retirada de un pueblito francés. Al llegar al lugar, sólo encuentra que los internos de un manicomio abandonado han tomado el pueblo. Aquella historia impresionó tanto al poeta, que salió del cine rumiando su Balada para un loco. Ferrer y Piazolla “comenzaron a hablar sobre la idea de hacer un tema inspirado en esta película. Ya en el segundo semestre de 1969 le llevó a Piazzola una frase para tratar de armar la canción: Ya sé que estoy piantao... Después me dice: Y ¿cómo seguimos?. Le digo: Bueno, hacé vos una segunda que diga loco, loco, loco’, e hizo esa hermosura. Y después dice: ¿Cómo seguimos?. Mirá le digo, a mí me gustaría hacer un recitativo en el medio, y también uno al principio”.

Por su parte, el cuento de Amelita no deja de ser ilustrativo: “Yo vivía con Piazzolla y Ferrer venía todos los días, tipo 3 de la tarde. Y empezaron a escribir Balada para un loco con unas ideas que trajo Ferrer. Y fue naciendo la balada, que ensayamos en Michelangelo, donde todos los días dábamos dos shows. Y cuando se iba el público y el mozo acomodaba las copas, la ensayamos después de medianoche, dos o tres veces. Para mí no era difícil, porque yo ya había cantado canciones de ellos, que ya eran muy difíciles”.

Los locos que inventaron el amor es el verso que desacraliza esta locura de Horacio Ferrer y Piazzolla, porque este loco de la balada no tiene nada que ver con la demencia en ninguna de sus acepciones, porque los locos inventaron el amor:

Quereme así, piantao, piantao, piantao… / Abrite los amores que vamos a intentar / la mágica locura total de revivir… / ¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

ÉPALE 358