TRAS EL DISCURSO POR RODOLFO CASTILLO • @MAGODEMONTREUIL

ÉPALE292-TRAS EL DISCURSOEL filme Huye (Get out, EEUU, 2017) es una de esas piezas cuyo comportamiento es lo que se considera una “sorpresa” dentro del mercado cinematográfico. A saber, película de bajo presupuesto con un inesperado éxito de taquilla y buena receptividad en la crítica. Coctel ideal que le permitió catapultarse a los más recientes premios de la academia. En fin, es ese “suceso” que de cuando en cuando necesita la industria para oxigenarse. La sinusoide de la trama, con un final inesperado —propio del género del suspenso—, no es más que un elemento distractor de aquello que pretende denunciar: el profundo racismo herrado en la sociedad estadounidense, y mundial, actual.

Sin duda el suspenso, como género, sirve para presentar a la segregación racial como una anomalía, como un trastorno de la conducta, lo que rigurosamente no sería del todo incierto; pero al sostener esto como columna vertebral de la diégesis fílmica se soslaya, se banaliza el constructo social que es el racismo en la nación norteña, aun cuando se metaforice a través de un gueto de blancos desquiciados y desadaptados. Y de este planteamiento se desprenden otros con menos impacto, incluso más banales.

Por ejemplo: la suplantación de un tipo de esclavitud por otro, como se hace presente cuando se cambian las cadenas y los duros jornales por el secuestro para aprovechar los órganos internos del “exesclavo”; enfoque que se cae por sí mismo, toda vez que para el capitalismo el cuerpo como mercancía no tiene color, no es exclusivo de la raza negra porque, en ese sentido, todos somos esclavos, víctimas del sistema.

Además, la razón que arguye para justificar dicha práctica: la supremacía física de la raza. Nuevamente un ardid mercantilista, una motivación de orden crematístico pretende endilgarle al grupo étnico con mayor pigmentación en su piel la prioridad como sujeto segregado, cuando la clase obrera mundial puede dar fe de que su supremacía física para el trabajo duro ha sido uno de los motivos para su explotación.

Si bien es cierto que la relación interracial por conveniencia entre Chris y Rose se sale de los cánones de la “defensa de los derechos civiles”, el filme no termina de convencer en lo que respecta a la gravedad del problema racial estadounidense, por lo menos en sus pretensiones de apostolado. Lo que resulta lamentable, porque el cine posee elementos de sobra para exponer el problema en toda su deplorable crudeza.

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