POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE256-BOLEROSEl bolero “Me entristeces, mujer” fue inmortalizado como “Tristezas” porque su compositor José Bibiano Sánchez, mejor conocido como Pepe Sánchez, al registrarlo surgió un inconveniente y así quedó; la poesía ha estado presente en él, más allá de la cursilería que le enaltece: Un beso me diste un día / lo guardo en mi corazón. Hay incluso quien dice —el musicólogo Alberto Muguercia, para ser preciso— que antes fueron Eulalio y Manuel Limonta, Nicolás Camacho y Ramoncito Ivonet “quienes hacían unos boleros mucho más cortos y en forma de guarachitas”. Y no deja de llamar la atención que Santiago González y Reinaldo Viloria en su libro No me vayas a engañar, agreguen un poema de Buesa para dirimir la querella: “A propósito de esta controversia, si fue o no Pepe Sánchez el padre del bolero y que la fecha de su creación es 1895, la mejor respuesta son los versos de José Ángel Buesa: ‘Yo inventé una mentira / pero tan noble y bella / que entre tantas verdades que hacen mal / hizo bien / hoy la repiten todos, todos creen en ella / y yo, naturalmente, creo en ella también’”.

Durante más de 25 años asistiendo al Coloquio Boleros de Oro, en La Habana, siempre he convergido en la existencia de una poética del bolero, desde la primera conferencia sostuve que “el bolero ha sido cemento y sedimento de cuanto verso, libre o atado, salga del lado izquierdo del pecho de los hombres enamorados, y ha catalizado también el encantamiento o ese letargo que posee a las mujeres enamoradas después de las batallas del corazón. El bolero es magia y pasión hechicera que enloquece a un hombre por una mujer y viceversa. El bolero, como el tango, es un poema que se baila pegao”.

Es más —y me sigo citando, jajajá—, en la primera entrega de esta saga de mis despechos, que son literatura también, decía: “El bolero es la historia de uno mismo, es un cancionero biográfico que se nos inocula desde el vientre materno y se sublima en ese amamantamiento que no cesará jamás, es el canto originario que va de labio en labio, es la trova de la vida que nos va plasmando a su imagen y semejanza”.

Su letra es la vida misma, como pontifica Magaly Villalobos en el prólogo de No me vayas a engañar. Es la “Historia de un amor” que muta de tango a bolero. Es ese dolor poético que solo medio mata el alcohol… donde los sueños, sueños son. Jajajá.

ÉPALE 256

Artículos Relacionados