POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÈPALE273-BOLEROSLa gardenia, sofisticada flor blanca de exquisito olor, es símbolo de gracia femenina, sutileza y mérito artístico, en China, por lo más. No en vano ha inspirado boleros y perfumes, así que vamos a arrancar con el que resume esas dos inspiraciones.

De los boleros idílicos, este de Rafael Hernández, “Perfume de gardenia”, es de los más matadores a la hora de conquistar un nuevo amor. Don Rafael se manda “sendo” poema tejido con versos de exquisita factura para exaltar los dones de la mujer que ama, la propia “romanza caribe” que canta y encanta, una picada de ojo, un corazón que retumba en la pata de la oreja de la amada, un guiño de voz. ¿Cómo me quedó? Jajajá. Para hacerlo viaja por la boca, la risa, el cabello, el cuerpo, el alma y la belleza toda resumidos en el perfume del amor. Perfume de gardenias / tiene tu boca / bellísimos destellos de luz en tu mirar. / Tu risa es una rima / de alegres notas / se mueven tus cabellos / cual ondas en la mar.

Pero se sube la gata a la batea cuando tuvieron que pasar 50 años para percatarme de una falsa percepción. Yo siempre escuché: Tu cuerpo es una copia de Venus y Cibeles / que envidian las mujeres / cuando te ven pasar. Bercia, me decía, se la comió don Rafael al comparar su cuerpo con dos divinidades mitológicas de ese calibre. Pero escuchando las versiones de Bienvenido Granda, Javier Solís, Los Panchos, El Cigala, Virginia López, entre otras, caigo en cuenta que en realidad dice: Tu cuerpo es una copia de Venus de Citeres. Lo que más allá de la posible licencia poética para que rime con que envidian las mujeres, resulta que al hurgar encontramos que Venus-Afrodita nace en la isla de Citeres, al sur de Grecia; y otra, la de un opinador presumiendo que el compositor se preocupó más por hurgar en los versos del poeta colombiano Guillermo Valencia, donde da la impresión de que Citeres fueran hadas, jóvenes ninfas o seres fantásticos.

“Perfume de gardenia” es también novela de nuestra querida Laura Antillano y una obra de teatro escrita por Francisco Oyanguren. Guardaré estas líneas para seguir romanceando bolero y literatura. ¡Misterios de la ciencia!, diría el pana Lupa. Jajajá.

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