POR HUMBERTO MÁRQUEZ / ILUSTRACIÓN JESSICA MENA

ÉPALE274-BOLEROS“Dos gardenias”, de 1945, es un bolero de Isolina Carrillo. Aunque pareciera ser un bolero de termine, no lo es exactamente, porque la autora señala con vehemencia: Con ellas quiero decir te quiero, te adoro, mi vida / ponles toda tu atención, que serán tu corazón y el mío; ahí dice claro que el amor está en su punto. Si asumimos que, según fuentes confiables, Isolina se lo dedicó a su marido, Guillermo Arronte, barítono de ópera, pudiéramos advertir un dejo de advertencia amorosa: Dos gardenias para ti / que tendrán todo el calor de un beso / de esos besos que te di / y que jamás encontrarás / en el calor de otro querer.

Sin embargo, hay versiones un tanto descabelladas, a mi juicio. Veamos. Cuenta el musicógrafo Lino Betancourt: “Isolina Carrillo tenía un alumno colombiano que trabajaba en una obra basada en gardenias. Cierta vez, la invitó a una fiesta de cumpleaños en su apartamento, situado en el edificio América, donde hoy se encuentra el teatro. Cuando ella entraba por el pasillo escuchó la algarabía, pero al tocar a la puerta se hizo un silencio sepulcral (…) Al ver que nadie respondía, Isolina se retiró. Mientras caminaba por la calle Galeano, una alumna se le acercó a explicarle que el anfitrión no la había dejado pasar porque no quería negros en su casa. En ese instante se sintió rechazada, pero tiempo después ese estudiante fracasó y un día le pidió ayuda económica. Ella había compuesto ‘Dos gardenias’ pero nadie la conocía todavía. Le dio un billete y le dijo que le entregaba, además, dos gardenias que lo acompañarían durante toda su vida, para que la recordara siempre. Esta es la versión que le contó a Carmela de León sobre cómo surgió la reconocida pieza musical”. Pero, ¡joder!, si ya la había creado ¿cómo que surgió de ese suceso tan racista, por demás?

Por eso prefiero pensar que a Isolina le estaban soplando el bistec y ella le tiró ese “tatequieto” a su marido, Guillermo. Jajajá. A tu lado vivirán y te hablarán / como cuando estás conmigo. / Y hasta creerán / que te dirán: “Te quiero”. / Pero si un atardecer / las gardenias de mi amor se mueren, / es porque han adivinado / que tu amor me ha traicionado / porque existe otro querer.

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