Bolívar y Chávez también son leyenda

Los dos prohombres cumplirían en julio 238 años uno y 67 el otro, signo Leo para más señas. Sus epopeyas tienen el cariz de lo increíble, por lo que su paso por este mundo rebasa la simple mortalidad

                                               Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                        Fotografías Mairelys González  / Ilustración Sol Roccocuchi

Dos personajes de la dimensión histórica de Simón Bolívar y Hugo Chávez (cada uno en su tiempo), no solo encuentran acomodo en los libros de historia, tratados políticos, estudios eruditos y análisis de expertos, que dan cuenta de los dos, juntos o por separado, en términos de logros tangibles. También son artífices de un imaginario creciente que los convierte en leyenda, al punto de alcanzar una dimensión sagrada que les permite ser objeto de culto.

Todos los caminos conducen a su mitificación, mucho más cuando ambos conmemoran otro aniversario de vida el mismo mes del año, julio, lo que los vuelve “leones” según su signo zodiacal, con todo lo que esto tiene de pseudociencia o superchería, pero también de misterio astral. Toda divinidad parte de una probabilidad creíble.

Los separa una brecha de doscientos años, y sin embargo, los fundió el tiempo de ida y vuelta, en una especie de bucle astral.

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Los separa una brecha de doscientos años, y sin embargo, los fundió el tiempo de ida y vuelta, en una especie de bucle astral a lo Dark (la celebrada serie alemana que juega con los saltos temporales) pues ambos se empecinaron en una cruzada delirante por construir o reconstruir la patria, dignificando a sus hombres y mujeres a pesar de las grandes dificultades que acarrea empuñar el escudo de la dignidad.

“Locos de bola” podrían señalarlos unos y otros, a favor y en contra, porque no se trata de gente normal sino de “grandes majaderos de la historia” como lo expresó Bolívar a referirse a Cristo, al Quijote y a él mismo. Rara avis, atravesados por necesidades distintas, intuición desbordada, sentido de la historia, apetencias trascendentales, envestidos finalmente con el aura de la enajenación síquica y espiritual con la que consiguieron, incluso, levantarse sobre los altares de la devoción popular.

Nada de lo que se cuente de ellos puede conformarse con la normalidad.

Bolívar, el más grande hombre de nuestra historia, nació un 24 de julio de 1783. Hasta aquí todo bien, pero de ahí en adelante las cosas se suceden según el arrebato de la memoria, el boca a boca, la admiración. Chávez, nacido el 28 de julio de 1954, sufre del mismo sino: hay una fecha convenida para su materialización física, pero a partir de allí se enmarañan sus biógrafos al cruzar los documentos palpables con los recuerdos inventados del propio comandante, el testimonio de sus familiares y amigos, la evocación ilusa de quienes lo conocieron en persona.

Así nacen las fábulas: de piezas sueltas que se van quedando en el tintero, que alguien va regando a conveniencia o por azar, y que luego se juntan y entrelazan para que adquieran la forma reconocible a que aspira el saber.

Pero no todo queda claro siempre, menos, cuando se trata de personajes que superaron los límites de la imaginación y están ahí para inspirar grandes causas, como estos dos venezolanos rebosados de irrealidad.

En Capaya los cumpleaños de Bolívar son épicos                Foto Marlon Zambrano

El Bolívar de Capaya

Bolívar nació en Capaya, un pueblito montaraz de las profundidades de Barlovento, y no como dicen los textos escolares que aseguran que fue en Caracas.

Esta versión ocupa un valioso lugar entre miles de bolivarianos y barloventeños que afirman que el padre de la patria nació del vientre de una negra esclava de la familia Palacios. Se trata de un murmullo entre los residentes del municipio Acevedo del estado Miranda, donde casi todos afirman con fe ciega que el Libertador nació en la antigua Hacienda Palacios de esa localidad.

Cada 24 de julio reviven la emoción al celebrar su nacimiento con actos culturales, exhibición de piezas arqueológicas, bailes de joropo y tambor, y el cumpleaños feliz cantado a voz batiente entre capayenses y visitantes que están seguros de la paternidad del héroe de la independencia.

En otras épocas, sin pandemia, se organizaban grandes banquetes como una “papelonada” masiva y una torta gigante que alcanzaba para todos, como ofrenda al insigne cumpleañero.

Bolívar nació en Capaya, un pueblito montaraz de las profundidades de Barlovento, y no como dicen los textos escolares que aseguran que fue en Caracas.

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Ángel Custodio Palacios, el viejo roble de ébano que protegió por casi un siglo la autenticidad de esta historia, nos habló de los cuentos de su bisabuela, María Antonia Sanz de Palacios, quien vivió más de cien años y conoció al Libertador. Para don Ángel no hay duda: Bolívar nació en esas tierras agrícolas por razones lógicas, que merecen ser estimadas. Capaya era para el siglo XVIII parte de la provincia de Caracas, y allí los Bolívar poseían extensas porciones de tierras productivas. No había caminos sino austeras trochas de caballos y estando doña Concepción embarazada, no pudo realizar el viaje hasta la capital para parir, por lo que usó los servicios de una comadrona, la vieja Nañaña. Allí vio luz el futuro padre de la patria, y fecundó una leyenda sostenida en el tiempo que hoy más que nunca cuenta con millones de seguidores.

Ha sido tal el interés que ha generado, pese a la oposición de quienes niegan siquiera esta posibilidad, que el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) ordenó sistematizar las excavaciones con importantes hallazgos en lo que queda de la hacienda. Hasta ahora han logrado conseguir diversos utensilios, incluso armas y hasta un patio de secado de cacao que está siendo reutilizado por los pobladores de la comunidad.

La historia del nacimiento de Bolívar en Capaya fue de hecho recogida en la extraordinaria colección editorial Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano, que desarrolló el Ministerio de la Cultura hace más de una década.

Juan Aponte, alcalde de Acevedo, es enfático: “celebrar hoy a Bolívar no es visitar su Panteón, es tratar de revivirlo, de inyectar su espíritu en la vida nacional”.

Capaya era para el siglo XVIII parte de la provincia de Caracas

Chávez los secó

Chávez pactó con las fuerzas oscuras de los avernos y de allí adquirió sus poderes. Por lo menos así lo afirma la prensa opositora y hay quien lo jura y se persigna. Una de las descalificaciones recurrentes de alguna vocería es que el mandatario tenía algún tipo de acercamiento con el más allá a través de esas prácticas satánicas que se nutren de la santería cubana, el espiritismo marialioncero, el vudú, etcétera, cualquier culto que tuviera asiento en la religiosidad popular.

La relación de Chávez con los asuntos de la fe, para esa prensa amarillista, estaba asociada a su carácter llano y su origen humilde, pero nunca a sus vínculos con los imaginarios populares donde caló con tanto poder su prédica y tuvo altísimo impacto su ejercicio de gobierno.

La exhumación de los restos de Simón Bolívar en julio de 2010 –consecuentemente– incentivaron esas especulaciones. Según algunos expertos en cosas de ultratumba, la intención final no era revelar las causas reales de la muerte del Libertador sino agenciarse un par de huesos del ilustre hombre, para destinarlos a un rito palero a fin de ampliar los poderes sobrenaturales que se le atribuían al mandatario.

Nunca pudieron entender (todavía no lo logran) que su poder estaba asentado sobre la palabra y el compromiso, esa capacidad descartada por los políticos de la Cuarta República de asumir con honestidad la misión de devolverle la dignidad al pueblo a través de su gestión de gobierno.

Una fuerza sobrenatural acompañó a Chávez durante su gestión, es indudable. Más presumible desde el lado de la luz, pues brilló con intensidad a favor de los desposeídos, pero con la misma fuerza devolvió un manto de oscuridad sobre los contrarios, esos oponentes a ultranza, nacionales y extranjeros, que se exhibieron arrojando maldiciones y profecías funestas sobre Venezuela y su Revolución Bolivariana: George W. Bush, Manuel Rosales, Álvaro Uribe, Ramos Allup, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), María Corina Machado, Luis Almagro, Capriles Radonski, Alejandro Toledo, Mariano Rajoy, entre tantos otros, jamás emergieron nuevamente desde el ostracismo y las sombras. Chávez, hoy más que nunca, sigue iluminando caminos.

Según la oposición, Chávez practicó la santería, el espiritismo y hasta el vudú

ÉPALE 423