POR MARLON ZAMBRANO • @MARLONZAMBRANO / ILUSTRACIÓN RAUSSEO DOS

Woman pushing a man sitting in shopping cartLa ciudad se hizo para mirar. Una galería permanentemente abierta por donde lo bello y lo feo circula frente a la observación de millones de ojos que se reparten, sin restricciones, el paisaje. La observación que mide, escudriña, envidia, desea, abierta o disimuladamente. La que tiene la misión de calcular tendencias y caracterizar en un arqueo permanente que no encuentra paz ni sosiego en su empeño empírico.

Así se justifica el ejercicio científico de mirar culos en Caracas. Es, a la par de sublime, una misión ingrata que en algunos casos puede devenir en respuesta desaprobatoria e incluso un bofetón. Por ello, miles de observadores en fase experimental callan lo que ven o apenas esbozan asombro, que comparten tímidamente con otros eruditos pero que, a la larga, se ven coartados para promocionar sus hallazgos. No existe, que yo sepa, un dietario de culos de Caracas, una edición ilustrada, una enciclopedia. Apenas ciertas leyendas urbanas que refieren un anecdotario poco riguroso: que si los culos de Sabana Grande son rápidos y furiosos, que si los del Centro oficinescos, que si los de Altamira rezuman garbo. Suele decirse que los culos del barrio son monzones voluminosos, regando desparpajo aleatorio de su movedizo andar. Dicen que el culo de urbanización tiene un estilismo mestizo, fruto de la mezcla de nacionalidades, y por eso anda desclasado exhibiendo sus méritos con orgullo cosmopolita.

La falta de comprensión ante tan delicada tarea de racionalidad ha impedido elaborar con claridad las tablas comprobatorias que permitan dilucidar si es cierto, o no, que los culos de Caracas son los mejores del mundo.

Para quienes hemos tenido la oportunidad de aplicar el método científico en su aspecto más elemental, es decir, la comparación in situ, no dudamos en afirmar que sí. Hay en nuestra modalidad de culo una proporcionalidad infinita y una curvatura desafiante, que pocos relieves corporales femeninos pueden igualar.

Quien suscribe, tímido a ultranza pero amante de la comprobación metodológica, tiene nivel de postgrado en materia de observación. Asumimos este reto con responsabilidad y ética, entendiendo que a nuestra edad lo más recomendable es sentarse a ver antes que intentar seducir, lo cual, además, contaminaría el objeto de estudio.

Afirmamos, con soberbia de maestro y sensibilidad de rapsoda, que el culo caraqueño es un poema y, por tanto, debe declararse patrimonio de la ciudad y, ¿por qué no?, sugerirle a Benito Irady someterlo a debate para su posible elevación a Patrimonio de la Humanidad.

Por tanto, al acto de mirar (bucear, pues, esa palabreja tan despectiva) hay que empezar a considerarlo avance de la ciencia y una de las bellas artes, y cuando venga un pendejo a tratar de desacreditarnos que si porque Caracas “es la ciudad más fea y más violenta del planeta”, responderles, con orgullo patrio, que los nuestros son los culos más hermosos del universo.

ÉPALE 259

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